Árboles singulares de Montalbán: la encina de Capullo.

El caserío de Capullo (en ruinas) con la encina al lado.

Este precioso ejemplar de encina (Quercus ilex), se halla en el pago montalbeño de Capullo, a escasos metros del cortijo homónimo, el cual se encuentra en la actualidad en estado ruinoso. El pago de Capullo está situado en el sur de nuestro término municipal, a unos 6 kilómetros del casco urbano de Montalbán. Posiblemente estamos ante la encina de más envergadura y longevidad que existe actualmente en Montalbán.

La encina a primeros de marzo de 2021

Esta encina destaca mucho en el paisaje, no sólo por su considerable tamaño, sino también por encontrarse en mitad de una haza de tierra calma, lo que la hace más visible todavía. Es muy llamativo que esta encina haya “sobrevivido” en la privilegiada situación descrita, ya que en nuestro término municipal la gran mayoría de encinas de gran porte que no estaban en linderos o bordes de caminos fueron arrancadas en su día de forma inmisericorde por labradores que sólo las veían como un estorbo para sus labores agrícolas o como competidoras de los diversos cultivos que allí eran plantados, mostrando así un nulo sentido de amor por la naturaleza y por nuestros grandes árboles autóctonos. Posiblemente la razón para que se diera este singular hecho con la encina de Capullo es que los propietarios de estas tierras vieron con buenos ojos tener una encina grande cerca del caserío, para beneficiarse de su sombra y de sus bellotas para el ganado. Dicho comportamiento considerado hacia este árbol nos da la posibilidad de disfrutar del mismo a día de hoy. Es una pena que este tipo de labrador, respetuoso con las grandes encinas que en su día poblaron toda esta campiña, no hubiera sido más habitual hace unas pocas décadas, porque de haber sido así todavía quedarían muchas encinas de gran tamaño en el término municipal montalbeño, el cual seguiría siendo una campiña cultivada, pero conservando muchos de estos árboles en un paisaje de grandes encinas dispersas, tal y como se ve en algunos enclaves de esta misma campiña cordobesa y en infinidad de paisajes a lo largo de España. La parte sur del término municipal de Montalbán, que es donde se encuentra el pago de Capullo, fue la última zona de nuestro término en desmontarse de su vegetación natural y ancestral, de hecho, sabemos por un mapa de finales del siglo XIX que en los cercanos pagos de Los Cobos y Las Morras todavía se conservaban buenas manchas de monte bajo y monte alto en dicha época.

La encina el 20 de marzo de 2021, florecida.

El tamaño de esta encina, sin ser exagerado, destaca por su enorme tronco de 3,10 metros de circunferencia, y teniendo unos 13 metros de altura y de anchura de copa. Sus ramas bajeras prácticamente llegan al suelo, lo que hace que cuando uno se llega hasta el tronco queda envuelto en una majestuosidad arbórea que causa asombro a cualquier amante de los árboles y de la naturaleza en general. Cuando estuve al pie de esta imponente encina, junto a su tronco, y miré hacia arriba, a sus enormes ramas y su redonda copa acariciada por el viento, tuve la sensación de estar mirando al pasado, a aquellos tiempos remotos, envueltos en la bruma, en que todos estos cerritos eran un inmenso bosque mediterráneo, una selva llena de vida vegetal y animal donde el hombre cazaba, pescaba, recolectaba y percibía a estos maravillosos árboles como seres sagrados, como santuarios vivos donde hacer sus plegarias y rezar a sus deidades. Sirva esta entrada de pequeño homenaje a este singular árbol, la encina de Capullo.

Foto junto al tronco de la encina de Capullo.
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Breves apuntes sobre la antigua cacería nocturna del estornino negro en la laguna Zóñar (Aguilar de la Frontera).

“Más duro que un estornino”. Esta frase o dicho es usado habitualmente en nuestro pueblo para expresar que alguien es muy fuerte y duro físicamente hablando, por lo que tiene una gran resistencia y una capacidad de sufrimiento fuera de lo común, comparándolo con los estorninos negros y con el hecho de que cuando los mismos caen en las “costillas” (pequeños cepos para atrapar pájaros) resisten vivos durante horas e incluso se dan casos de marcharse el estornino con la costilla enganchada en el cuerpo, cosa que no suele ocurrir con otros tipos de pájaros que son atrapados por las mencionadas trampas, los cuales suelen morir en el acto o instantes después. Sin embargo, erróneamente, mucha gente piensa que esta expresión tiene su origen en que la carne del estornino negro es muy dura para ser consumida, sin embargo y como veremos, esto no es así. Muy cerca de nuestro pueblo tenemos una buena e interesante prueba que lo desmiente, ya que desde tiempo inmemorial y hasta mediados de los años setenta del siglo XX, en Aguilar de la Frontera se llevaba a cabo la tradicional caza nocturna del estornino negro, realizándose la misma en los grandes y espesos cañaverales de la laguna Zóñar (único lago natural de Andalucía).

Era ésta la más importante cacería de estorninos que se llevaba a cabo en España, realizándose la misma entre los meses de noviembre y febrero mayormente. A este pájaro se le llamaba popularmente “el vampiro de los olivares”, ya que en los citados meses invernales se alimentaba casi en exclusiva de aceitunas, por lo que se le consideraba un ave perjudicial para la agricultura. Redundando en lo anterior y en el gusto de estos pájaros por las aceitunas, también es conocido el refrán “mientras tienen fruto los olivos, son sus amigos los estorninos”. Para ejecutar esta original cacería nocturna se usaban grandes redes cuadradas de 50×50 metros, la cuales se tendían por encima de los cañaverales sostenidas con postes de siete metros de alto. Posteriormente los sufridos cazadores, metidos en el agua hasta la cintura (recordemos que era invierno), iban dando pequeños golpes con palos y cañas en el cañaveral, para que las aves se asustaran y se fueran juntando bajo el centro de la red, momento en el que con una rápida y hábil maniobra era cerrada, quedando los pájaros atrapados en ella. Al amanecer, los estorninos que no habían caído durante la noche en las redes eran jaleados con latas y cencerros para que asustados volaran hacia otra red auxiliar de 17 metros de largo y que estaba adosada la principal, quedando atrapados en la misma muchos de ellos.

Las cantidades de estorninos que se cazaban en la laguna Zóñar eran enormes, llegando incluso a las 1200 docenas de estorninos en una sola noche. La carne de estornino negro de la laguna Zóñar se cotizaba a muy buen precio, y por ello era una considerable fuente de ingresos para muchas personas en Aguilar, manteniendo el pueblo un dinámico y beneficioso mercado local de aves. Los estorninos que se cazaban en Aguilar eran muy apreciados en los pueblos de esta comarca e incluso eran consumidos también en Córdoba, Madrid, Sevilla Málaga y Huelva. Como ya se dijo, esta cacería dejó de realizarse, al ser prohibida por las autoridades, a mediados de los años setenta del pasado siglo XX, en concreto en 1974. En la actualidad los estorninos negros son unas aves que están protegidas por la ley, aunque siguen siendo abundantes en la laguna Zóñar y en nuestra campiña en general.

Fuente consultada: “Historia de la cacería del estornino en la laguna Zóñar”, de Andrés Rodríguez Palma y Carmelo Jiménez Soto.

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Breves apuntes sobre el origen y significado de los topónimos de los municipios cordobeses.

La variedad en el origen toponímico de los 77 municipios de la provincia de Córdoba (España) es realmente singular y llamativa, y desde mi punto de vista de simple aficionado a la toponimia, creo que resulta muy interesante no sólo para lingüistas o expertos en toponimia, sino para cualquier persona con un mínimo de sana curiosidad y ganas de conocer el por qué de las cosas y de los nombres de los lugares, muy especialmente si son los de la comarca, provincia o del país de donde uno es natural o reside. He querido dedicar esta entrada a investigar en distintos documentos y libros sobre por qué motivo los municipios de nuestra Córdoba en su día fueron nombrados así, dando también unas breves pinceladas sobre su historia. Se debe aclarar que, por la mucha antigüedad de gran parte de los municipios cordobeses, no se sabe con total exactitud el origen de muchos topónimos, aportándose aquí, en esos casos, las teorías más aceptadas y razonables sobre los mismos, y sumando también para varios de ellos alguna teoría propia del que suscribe. Para terminar esta pequeña presentación, tengo que reconocer que he aprendido y disfrutado mucho recopilando información y escribiendo esta entrada. Espero que la misma sea del gusto del lector y que sirva a modo de pequeño compendio de consulta sobre la toponimia municipal de nuestra provincia cordobesa.

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Adamuz: Municipio perteneciente a la comarca del Alto Guadalquivir. Todo parece indicar que el topónimo tiene su origen en la época de dominación musulmana, ya que la mayoría de lingüistas opinan que el origen del nombre está en el vocablo árabe “Damus” o “Daymus”, que en ese idioma se aplica a cuevas, catacumbas o algún tipo de construcción abovedada o relacionada con lo subterráneo. En Adamuz existen cuevas donde han sido hallados restos arqueológicos muy antiguos, circunstancia que podría estar relacionada con el origen toponímico citado. Sin embargo, hay otras teorías que intentan explicar el origen etimológico del topónimo; una de ellas sostiene que el topónimo “Adamuz” podría derivar del vocablo hebreo “adomotz”, cuyo significado sería el de “tierras coloradas”, debido al color rojizo de la piedra arenisca o “molinaza” tan abundante en la zona. También existe la teoría defendida por algunos lingüistas que opinan que el topónimo podría estar relacionado con el apellido vasco “Adamiz”, que significa “pastizal”. En cualquier caso, ninguna de las teorías citadas ha podido ser probada de forma definitiva. En documentos antiguos aparece el topónimo en las formas “Adamuz” y “Alamuz”. El gentilicio de Adamuz es “adamuceño-a”.

Aguilar de la Frontera: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. Son cuatro los nombres que ha tenido este antiguo e importante pueblo a lo largo de la historia; en época ibero-romana se denominaba “Ipagrum”, durante la dominación musulmana fue llamado “Poley”, tras la reconquista se cambió de nuevo su nombre a Aguilar y durante un corto periodo de tiempo, en el siglo XIV, fue llamado “Monterreal” por dictamen del rey Pedro I “el Cruel” y como “castigo” a la rebelión de uno de los señores de Aguilar, sin embargo este nombre no cuajó y volvió a llamarse Aguilar nuevamente en poco tiempo. Centrándonos en el topónimo actual, el nombre de Aguilar le fue dado tras la reconquista cristiana. Fue el monarca Fernando III “el Santo” quien la reconquistó a los moros en el año 1240. El primer gobernador cristiano fue un portugués procedente de una familia toledana, Gonzalo Yáñez d’Ovinhal, que la recibió en forma de Señorío de Aguilar. D. Gonzalo era hijo de Juan Gómez de Obiñal, rico-home de Portugal, y de María Pérez de Aguilar, hija de los señores de la villa de Aguiar en Portugal. Ya con Alfonso X es cuando la población pasa a denominarse Aguilar, nombre que proviene, como hemos visto, de la familia de la madre de don Gonzalo, en definitiva del Aguiar portugués. Finalmente, en 1842, se le agregó el calificativo “de la Frontera”, debido a su cercanía a la frontera con el reino nazarí de Granada durante la Baja Edad Media. El gentilicio de Aguilar de la Frontera es “ipagrense”, “aguilarense” o “aguilareño-a”.

Alcaracejos: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Aunque hay varias teorías sobre el origen del topónimo, ninguna ha podido ser probada. Una de estas teorías es que su nombre podría derivar del vocablo árabe “Alcharac” (campanilla), otros sin embargo lo identifican con el diminuto “al-caria” (alquería), o lo consideran una deformación de “alcazarejos” (diminutivo de “alcázar” en plural). Tampoco es descartable que esté relacionado con el topónimo Alcaraz, que es el nombre de un municipio albaceteño, cuyo étimo es el árabe al-karaz, (“el cerezo”) según algunos filólogos, por lo que “alcaracejos” podría ser su diminutivo en plural. El gentilicio de Alcaracejos es “mojino-a”.

Almedinilla: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. Todo apunta a que el actual municipio de Almedinilla surgió a finales del siglo XVII como una aldea de Priego. El lugar donde se ubicó la población es un punto estratégico junto al camino que unía Priego y Alcalá la Real. Su ubicación en este momento estuvo también muy vinculada con las acequias de riego, los saltos naturales del río, y los azudes para la instalación de molinos de harina y aceite. El topónimo “almedinilla” es el diminutivo de “almedina”, del árabe “al-Madinat”, que significa barrio antiguo de una ciudad árabe o hebrea. El gentilicio de Almedinilla es “almedinillense”.

Almodóvar del Río: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. La fortaleza y la villa fueron llamados en tiempos de los árabes “al-Mudawar”, topónimo que significa “el redondo” o “el redondeado”, en clara alusión a la forma del cerro donde se asienta el castillo, el cual está junto al río Guadalquivir, que es el curso fluvial que menciona la coletilla del topónimo de este municipio (“del Río”). La evolución del topónimo fue la siguiente: “al-Mudawar”, “Almodóvar”, “Almodóvar del Río”. El gentilicio de Almodóvar del Río es “cuco-a”.

Añora: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Su topónimo tiene origen en el vocablo árabe “al-Naura”, que significa “noria” (para sacar agua), y al parecer está en relación con la noria que existía en el siglo XV en el lugar en que posteriormente se constituyó el núcleo de población. El gentilicio de Añora es “noriego-a”.

Baena: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña de Baena. Su topónimo deriva de “Bayyana”, y proviene de la época de la dominación musulmana, el cual a su vez podría derivar del nombre propio “Baius”, que al parecer fue un hispanorromano propietario del latifundio donde surgió el pueblo, aunque esta teoría no está totalmente probada. En cualquier caso, la mayoría de expertos en toponimia y etimología coinciden en que el topónimo Baena es la castellanización de “Bayyana” y éste a su vez la arabización de un topónimo anterior a la dominación musulmana. La evolución del topónimo de este municipio seria; “Bayyana”, “Baena”. El gentilicio de Baena es “baenense”.

Belalcázar: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. En tiempos de la dominación musulmana esta localidad se denominaba “Gafiq”, topónimo que se castellanizó tras la reconquista en “Gahete”. Sin embargo, el actual nombre del pueblo le fue puesto a mediados del siglo XV por Don Alfonso de Sotomayor (Señor de Belalcázar), que, al sustituir la vieja fortaleza musulmana, construida a base de tapial, por un moderno alcázar, optó por designarla con el sonoro nombre de Belalcázar (contracción de “bello alcázar”). El gentilicio de Belalcázar es “belalcazareño-a” o “zorruno-a”.

Belmez: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. El topónimo Belmez parece tener origen árabe, y si bien hay varias teorías no totalmente probadas, podría significar “abrigo” o “refugio” en dicho idioma, explicación que parece lógica, ya que el castillo de Belmez (y el cerro donde se ubica) destaca en la distancia y el paisaje como una imponente atalaya donde refugiarse junto al pueblo. Otra teoría es que el topónimo podría derivar de “almez” (tipo de árbol), aunque como ya se dijo, ninguna teoría está probada definitivamente. El gentilicio de Belmez es “belmezano-a”.

Benamejí: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. El topónimo es de origen árabe. Abdallah, emir de Córdoba, construyó su fortaleza, a la que llamó “Banu Bashir” o “Bani Bashir”, siendo fortificada más tarde por Abderramán III. En cuanto a su etimología, existe una teoría bastante extendida que sugiere que el origen estaría en la tribu bereber de los Meghila, aunque no está totalmente probada. Esta fortaleza es el germen del pueblo. Tras la reconquista, el topónimo se castellanizó en “Benamexir”, aunque hay documentos en los que aparece en la forma “Benamegil”. Con el paso del tiempo el nombre derivó definitivamente en el actual “Benamejí”. La evolución del topónimo con el paso del tiempo fue la siguiente: “Banu Bashir”, “Benamexir”, “Benamegil”, “Benamejí”. El gentilicio de Benamejí es “benamejicense” o “benamujicense”.

Los Blázquez: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. El municipio fue fundado en el siglo XVII por un grupo de vecinos de Fuente Obejuna (Córdoba) que tenían Blázquez por apellido. En cuanto al apellido, podemos aportar que es frecuente y repartido por toda España, procedente de un primitivo nombre personal hispánico que aparece en documentos de la alta Edad Media, como Belasco, Belazcoz, Velasco o Blasco, entre otros. Para algunos filólogos su origen está en la voz vasca “bela” (“cuervo”), con el sufijo “sko”, usado en vascuence para formar adjetivos. El gentilicio de Los Blázquez es “blazqueño-a”.

Bujalance: Municipio perteneciente a la comarca del Alto Guadalquivir. Su nombre es casi con toda seguridad de origen árabe, aunque no aparece en las crónicas históricas musulmanas ni cristianas anteriores a la reconquista. Por un documento cristiano del siglo XIII sabemos que el topónimo se escribía bajo las formas “Burialhanz” y “Burialhance”, que estaría formado por “bury” (“fortaleza”), y “al-hanz” (“la culebra”), por lo que el significado del topónimo de origen árabe podría ser “fortaleza de la culebra”. La evolución del nombre a lo largo del tiempo sería más o menos así: “Burialhanç”, “Burialhançe”, “Buxalançe”, “Buxalance”, Bujalance. El gentilicio de Bujalance es “bujalanceño-a”.

Cabra: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. Cabra es uno de los municipios más antiguos de Andalucía y de España. Fue fundada por los turdetanos (descendientes de los Tartessos) con el nombre de “Licabrum”, cuyo significado es desconocido. En época romana y visigoda su nombre fue modificado a las formas “Igabrum”, “Egabrum” y “Egabro”. Con la dominación musulmana su nombre se modifica a la forma “Qabra” y posteriormente a la actual “Cabra”. Por tanto, la evolución del topónimo desde la Edad Antigua hasta nuestros días sería el siguiente más o menos: “Licabrum”, “Igabrum”, “Egabrum”, “Egabro”, “Qabra”, “Cabra”. El gentilicio de Cabra es “egabrense”.

Cañete de las Torres: Municipio perteneciente a la comarca del Alto Guadalquivir. El origen del nombre de este pueblo está en la voz árabe “Qannit”, que es plural de “Qannut”, derivado a su vez del latín “Cannas”, con el significado de “cañaveral”, por lo cual la abundancia de cañas en aquel lugar fue el origen del topónimo. El nombre evolucionó con el paso del tiempo y tras la reconquista, en el siglo XIII, está documentado como “Cannete”. Posteriormente derivó en el actual “Cañete”. Más tarde, y para ser diferenciada de otras localidades homónimas, se le añadió la coletilla “de las Torres”, en referencia a las que tenía su fortaleza de origen árabe. El gentilicio de Cañete de las Torres es “cañetense” o “cañetero-a”.

Carcabuey: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. Este topónimo fue documentado por primera vez en época de la dominación musulmana y en la forma “karkabul” o “karkabuliya”, existiendo la teoría de que el mismo significa “pequeño puerto de montaña”, sin embargo, no es descartable que el mismo sea la arabización de un topónimo anterior incluso a la dominación romana. Posteriormente evolucionó a la forma actual, “Carcabuey”. El gentilicio de Carcabuey es “alcobitense” o “carcabulense”.

Cardeña: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. El origen toponímico más aceptado para la palabra “cardeña” es que se ha formado sobre el nombre común “cardo” (del latín “cardus”) agregándole el sufijo “-eña” (del latín “-ineus-a”), con el significado de “lugar donde abundan los cardos”. Se desconoce si en su día se llamo así a este lugar porque en el mismo había muchos cardos o si el topónimo le fue puesto en honor o recuerdo a algún otro lugar homónimo, cosa que ocurre con frecuencia en toponimia. El gentilicio de Cardeña es “cardeñoso-a”.

La Carlota: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. Su topónimo le fue asignado como homenaje al monarca Carlos III, ya que este municipio fue fundado en 1768 debido al interés del citado monarca por colonizar y repoblar algunas zonas despobladas del valle del Guadalquivir y Sierra Morena. Para ello se propuso y autorizó la llegada a España de contingentes de personas desde el centro de Europa, mayormente de Alemania. El gentilicio de La Carlota es “carloteño-a” o “colono-a”.

El Carpio: Municipio perteneciente a la comarca del Alto Guadalquivir. Se considera como fecha de su fundación el año 1325, que es cuando se terminó de construir la torre fortaleza (Torre de Garci Méndez), que sería el germen del pueblo, ya que el caserío iría creciendo alrededor de la misma. Estamos ante un topónimo al que la mayoría de especialistas en etimología le dan un carácter prerromano, el cual estaría formado por la raíz “kar” (“piedra”), intensificada con el sufijo ibero-vasco “-pe”, y cuyo significado sería el de “peñasco saliente de una montaña”, “saliente de una peña” o más genéricamente una “peña” o un “cerro”, y curiosamente, en la actualidad se sigue usando la voz “carpio” con dicho significado en tierras de Salamanca. Como hemos visto, todo parece indicar que estamos ante un nombre de origen anterior a la dominación romana, es decir, de origen ibérico posiblemente, sin embargo, no existe constancia documental de que este topónimo (“El Carpio”) hubiera sido usado en este lugar con anterioridad a la fundación del pueblo en el siglo XIV, por lo que nos queda la duda de cuál fue el motivo de llamar así a este municipio. Desde mi humilde opinión, hay dos teorías que son las más razonables, una sería que la persona que lo nombró así usara la voz “carpio” en su habla natural para referirse a un cerro o montículo, y de hecho el pueblo está situado en una loma, y la otra es que recibiera ese nombre en honor o recuerdo a alguna localidad española homónima, cosa muy habitual en toponimia. En cualquier caso, y visto lo anterior, pienso que el nombre que recibió el pueblo está relacionado directa o indirectamente con el hecho de estar situado en un lugar elevado del terreno. El gentilicio de El Carpio es “carpeño-a”.

Castro del Río: Municipio perteneciente a la comarca Campiña Este y Guadajoz. El topónimo “Castro”, muy habitual en España, deriva del latín “castrum” (fortaleza), si bien no es descartable que en las lenguas prerromanas de Hispania ya existiera esta palabra, o una muy parecida, para denominar un poblado fortificado. Aunque este lugar estuvo habitado desde la antigüedad, no sabemos el nombre que tenía en aquellas pretéritas fechas, sin embargo, en tiempos de la dominación musulmana sí que está documentado que allí existía una fortaleza llamada “Hisn Qasruh” o “Hisn Qastruh”, topónimo del que desconocemos su significado, pero queda la razonable duda de si pudiera ser la arabización de un nombre anterior relacionado con el topónimo “castrum” (“castro”). Con el paso del tiempo y tras la reconquista, el nombre derivó en el actual “Castro”. Finalmente, y para diferenciar su nombre del de localidades homónimas, se le agregó la coletilla “del Río”, en referencia al río Guadajoz, que pasa junto a este pueblo. El gentilicio de Castro del Río es “castreño-a”.

Conquista: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. El topónimo de este municipio, fundado en el último cuarto de siglo XVI, aparece documentado en 1581 por vez primera y en la forma “La Conquista”. Tradicionalmente, algunos autores, entre ellos Ramírez y de las Casas-Deza, vincularon el origen de este topónimo a la conquista y pacificación que se había realizado de este lugar, al estar habitado por bandoleros. Sin embargo, para J. Aranda Doncel, en un estudio realizado sobre la fundación de Conquista, este topónimo está relacionado con la consecución del objetivo que se había previsto (la fundación de una nueva población) a pesar de las múltiples y diferentes dificultades que surgieron en el proceso repoblador.

Córdoba: Capital de la provincia homónima. El significado etimológico del nombre de la ciudad ha sido largamente discutido en la historiografía y no existe en la actualidad consenso al respecto. El primer nombre conocido para la población es el de “Corduba”, otorgado bajo la forma de “Colonia Patricia Corduba”, tras la fundación romana de la ciudad en el siglo I A. C. y que muy posiblemente es la latinización de un topónimo anterior. Por otro lado, y puesto que la primera aparición del topónimo “Córdoba” en textos antiguos está relacionada con el establecimiento de un puesto comercial fenicio en las inmediaciones de la ciudad, se ha dado un posible origen semítico al topónimo, de forma que “Qorteba” vendría a significar “molino de aceite” para algunos autores, o bien “ciudad buena” para otros, a partir de la forma “Qart-tuba”. ​Otras teorías etimológicas hacen referencia al posible topónimo “Kart-Uba” o “Kart-Oba”, que significaría “Ciudad del Oba” (“ciudad del río”), aludiendo a que el Guadalquivir podría denominarse así en época prerromana, debido a que el sufijo o terminación “-uba” (ampliamente conocida en la Hispania de época ibérica) podría significar “río”. En cualquier caso, ninguna de estas teorías sobre el origen etimológico del topónimo “Córdoba” ha podido ser probada hasta ahora. En época de la dominación musulmana el nombre se arabizó en “Qurtuba” y tras la reconquista se castellanizó en la actual “Córdoba”. La evolución del topónimo a lo largo de la historia vendría a ser la siguiente: ¿“Kart-uba”? (época prerromana), “Colonia Patricia Corduba” (época romana), “Corduba” (época visigoda), “Qurtuba” (época musulmana), “Córdoba” (tras la reconquista). El gentilicio de Córdoba es “cordobés-esa”, “patriciense”, “cordubense” y “cortubí”.

Doña Mencía: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. Fue fundado en 1415, año en que se construyó el castillo llamado de Doña Mencía, y en torno al cual, con el paso del tiempo, fue creciendo el casco urbano del pueblo. Según la tradición, el nombre de Doña Mencía se puso al lugar en honor a la esposa vizcaína de Alvar Pérez de Castro, capitán general de Fernando III en Córdoba, quien falleció en 1239, poco antes de la campaña en que se reconquistó el sur de Córdoba. No obstante, el nombre de Doña Mencía López de Haro, casada con el rey de Portugal después de enviudar, marcaría para siempre la historia local. Respecto al nombre propio femenino “Mencía”, podemos decir que es de origen español, y que su etimología más aceptada es que se trata de un hipocorístico (apelativo afectivo) de “clemencia”, por lo que su significado sería “la indulgente” o “la benigna”. El gentilicio de Doña Mencía es “menciano-a”.

Dos Torres: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. La actual villa, así como su topónimo, nacieron de la unión, en 1839, de las poblaciones o barrios de Torrefranca y Torremilano. La Torre del Milano fue en su origen una torre aislada cuyo entorno se fue habitando entre finales XIV y principios del XV, dando lugar a un pequeño núcleo de población. Con el paso del tiempo, y muy próximo a Torremilano, surgió un barrio al que se le impuso el nombre de Torrefranca. Por tanto, el origen del topónimo está en la unión de dos núcleos de población muy próximos y cuyos topónimos incluían la palabra “torre”, de esta forma, al unirse en un solo municipio se buscó un nombre para el pueblo que pudiera contentar a ambas partes, por lo que se escogió salomónicamente el topónimo “Dos Torres”. El gentilicio de Dos Torres es “usía”.

Encinas Reales: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. El origen de este topónimo está en que en estos parajes había muchas encinas antiguamente. Sin embargo, el nombre primitivo de este lugar era “Encinas Ralas”, que da a entender que dichas encinas estaban muy separadas o ralas. Al parecer, el motivo del aspecto tan disperso de aquel antiguo arbolado eran las continuas talas que se realizaron durante las guerras de los cristianos contra los musulmanes del Reino de Granada durante la Baja Edad Media. Con el paso del tiempo el topónimo se fue modificando hasta convertirse en el actual “Encinas Reales”, que da a la localidad más abolengo e importancia. Relacionada con lo anteriormente dicho, existe una leyenda que cuenta cómo la reina Doña Isabel la Católica, yendo de viaje, descansó a la sombra de unas grandes encinas que en este lugar había. El gentilicio de Encinas Reales es “encinarrealeño-a”.

Espejo: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Este y Guadajoz. Este pueblo se llamó en la antigüedad “Ucubi”. Durante la guerra civil entre Julio César y Pompeyo prestó apoyo a César y tras la victoria de éste la recompensó haciéndola colonia inmune y cambiándole el nombre a “Colonia Claritas Julia Ucubi”. Tiempo después, siguiendo bajo el poder romano, el topónimo primitivo “Ucubi” fue latinizado en la forma “Attubi”. En tiempos de la dominación musulmana su castillo fue reconstruido y reforzado, recibiendo el nombre de “Alcalat” (“castillo”, “atalaya”), nombre que se extendió finalmente a toda la población, dejándose de usar el topónimo anterior (“Attubi”). Tras la reconquista, en 1303, Fernando IV concede el privilegio de repoblación de aquel lugar, que por voluntad real pasará a denominarse “Espeio”, nombre que después derivó en el actual “Espejo”. En cuanto a su etimología, el topónimo “Espejo” deriva del latín “speculum” (“espejo”, “atalaya”, “vigía”), y también está relacionada con el verbo latino “specio” (“mirar”), es decir, el significado de este topónimo vendría a ser “atalaya-vigía”, “lugar desde donde se vigila” o genéricamente “mirador”, nombre que le viene de forma natural debido al punto estratégico donde se encuentra el pueblo, el cual destaca en el paisaje de la campiña como una cota de altura muy llamativa. Otra teoría que podría explicar el topónimo “Espejo” (aunque sin duda relacionada etimológicamente con la anterior) es que el mismo podría tener su origen en las señales luminosas que desde las torres medievales se hacían con espejos para comunicarse unas con otras. El gentilicio de Espejo es “espejeño-a” o “ucubitano-a”.

Espiel: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. No existe mención alguna de Espiel durante la antigüedad ni durante el período de dominación musulmana. El topónimo “Espiel” aparece en documentos por primera vez tras la reconquista, a mediados del siglo XIII, en los repartimientos del concejo de Córdoba en esa zona. En cuanto a su topónimo, al igual que Espejo, la teoría más aceptada para explicar el origen es que el mismo derivaría del latín “speculum” o “specula”, sólo que en este caso estaríamos ante la forma mozárabe “espiel”, pero en el fondo vendría a significar lo mismo; “espejo”, “lugar desde donde se vigila”, “mirador” o incluso podría estar relacionado también con las señales luminosas que se hacían con espejos desde las torres durante el medievo para comunicarse unas con otras. El gentilicio de Espiel es “espeleño-a”.

Fernán Núñez: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. En época ibero-romana la zona donde hoy se asienta Fernán Núñez perteneció al territorio de la antigua e importante ciudad de “Ulia”, la cual abarcó un amplio territorio entre los términos municipales de Fernán Núñez y Montemayor. Posteriormente, durante la dominación musulmana, este territorio se encontraba dentro la cora (demarcación territorial) de Córdoba. Durante la reconquista, en el 1240, estos territorios fueron tomados por las tropas del rey Fernando III. Uno de los capitanes que participó en estas acciones bélicas fue Fernán Núñez de Témez (de origen gallego) el cual se apoderó de una de las torres defensivas musulmanas que había en esta parte de la campiña, en concreto la torre de Aben Hana, a la que dio su nombre. El capitán Fernán Núñez de Témez inicia el tronco familiar de los Fernández de Córdoba andaluces. Esta torre fue el germen de la actual localidad. Los restos de la torre mencionada aún existen y están integrados en el Palacio ducal, siendo visibles hoy en día. Muy cerca de allí, y también en tiempos de la reconquista, existía otra torre llamada Aben-Cález y de la que quedan algunos restos todavía. Dicha torre, ya en época cristiana, tenía una pequeña población aledaña con su propia parroquia, sin embargo, debido a las incursiones y al hostigamiento de los moros del reino nazarí de Granada quedó finalmente despoblada, ya que sus habitantes terminaron por marcharse a vivir a la cercana Fernán Núñez, la cual estaba mejor defendida. El gentilicio de Fernán Núñez es “fernannuñense”.

Fuente Carreteros: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. El origen y significado del topónimo de este municipio está en una fuente que había en el mismo (ya desaparecida) y que servía para abastecer de agua a los carreteros que hasta allí llegaban desde la sierra de Constantina (Sevilla), los cuales venían cargados de madera de castaño y se dirigían hacia Écija (Sevilla). Con el paso del tiempo, la fuente fue conocida por la gente como “la fuente de los carreteros”. Este pueblo fue fundado durante el proceso repoblador de mediados del siglo XVIII llevado a cabo por Carlos III, y en ese momento se eligió para el mismo el nombre de “Fuente Carreteros”, en referencia a la citada fuente. El gentilicio de Fuente Carreteros es “carreteño-a”.

Fuente la Lancha: Este municipio pertenece a la comarca del Valle de los Pedroches. El origen de esta localidad hay que buscarlo a finales de la Edad Media. La primeva vez que un documento recogió el topónimo del pueblo fue en 1481, y aparece en la forma “La Lancha”. Posteriormente se le agrego la palabra “fuente”, quedando definitivamente el nombre del municipio como “Fuente la Lancha”. El historiador de las Casas-Deza opina que su nombre posiblemente tiene su origen en alguna fuente denominada La Lancha, lo cual confirma el nombre del próximo arroyo del Lanchar. En cuanto a la etimología del topónimo “lancha”, hay que entenderlo en su significado de piedra más bien grande, lisa y plana, por lo que el topónimo “Fuente la Lancha” vendría a significar “fuente la piedra” o “fuente de la piedra”, lo que nos hace sospechar que existirían ese tipo de piedras tanto en las cercanías o junto a una fuente y también en el cercano arroyo del Lanchar. El gentilicio de Fuente la Lancha es “lanchego-a”.

Fuente Obejuna: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. La referencia documental más antigua que se conoce de este pueblo data del 1315, y se cita como “Fuente Ovejuna”, sin embargo, durante muchos años se estuvo escribiendo de distintas maneras: “Fuente Ovejuna”, “Fuenteovejuna”, “Fuenteouejuna”, “Fuenteobejuna” e incluso “Fuente Abejuna”. A partir de finales del siglo XVII, y con pocas excepciones, se utiliza ya el topónimo actual “Fuente Obejuna”.  Con respecto al origen y motivo de este topónimo, se sabe que en el siglo XIV en la zona donde está el pueblo se practicaba el mercado lanar, y casi con toda seguridad de ahí vendría el apelativo “ovejuna” (relativo a las ovejas). Asimismo, la palabra “fuente” sería tomada para este topónimo de alguna fuente de agua que hubiera en las inmediaciones del pueblo, pues desde época romana en las proximidades había al menos dos fuentes, hoy llamadas Fuente las Dos y Fuente Nueva, las cuales existían sin duda en el siglo XIV, cuando se repobló este lugar y se empezó a usar el topónimo “Fuente Obejuna”. Por tanto, el significado de este topónimo vendría a ser “fuente de las ovejas”, es decir, un lugar con una fuente y donde ser realizaban tareas relacionadas con el ganado lanar o donde abrevaban las ovejas. El gentilicio de Fuente Obejuna es “melariense” o “mellariense”.

Fuente Palmera: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. Este municipio fue fundado a finales del siglo XVIII por el monarca Carlos III en el proceso repoblador de algunas zonas de Andalucía. Al parecer, el topónimo “Fuente Palmera” tiene su origen en la existencia de una fuente muy antigua, a modo de abrevadero y descansadero de ganado, junto a la que se fundó el pueblo, y a la presencia también en ese lugar de un palmar de palmas silvestres. Por tanto, a mi parecer, el topónimo “Fuente Palmera” no habría que entenderlo como “una fuente y una palmera”, sino como una “fuente” a la que se le da el apelativo de “palmera” debido a las palmas que de manera natural y silvestre crecen junto a ella. Por documentos históricos, como el Catastro de Ensenada, se sabe de la existencia del topónimo “Fuente Palmera” desde antes de la colonización y repoblación de este lugar por parte de Carlos III. El gentilicio de “Fuente Palmera” es “colono-a”.

Fuente Tójar: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. Aunque en este lugar han aparecido restos arqueológicos que prueban que estuvo habitado ya en época ibero-romana, hay que esperar hasta tiempos de la dominación musulmana para que aparezca por primera vez documentado su topónimo, en la forma “qaria Tuxar al-Ayn” (“aldea de la fuente de Tójar”). El término “Tójar” procede etimológicamente del árabe, y está relacionado con el tojo (arbusto), es decir, su significado es el de un terreno en el que abunda esta planta arbustiva. La voz primitiva “Tuxar” derivó a su vez en las variantes evolutivas “Toxar”, “Tojar”, “Tóxar”, Tójar, hasta llegar al Fuente Tójar actual. Como vemos, con respecto a su topónimo, Fuente Tójar es conocido desde tiempos medievales andalusíes como un lugar o aldea en la que hubo una fuente donde abundaban los tojos. El gentilicio de Fuente Tójar es “tojeño-a”.

La Granjuela: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. Al parecer, este pueblo fue fundado a finales del siglo XV por varias familias venidas de Fuente Obejuna. El significado del topónimo “granjuela” es obviamente el de una granja pequeña, y seguramente eso debió ser este municipio en sus remotos inicios, una aldeíta con una pequeña granja para la cría y explotación ganadera. El gentilicio de La Granjuela es “granjueleño-a”.

Guadalcázar: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. El origen etimológico del nombre “Guadalcázar” está en la época de la dominación musulmana. El mismo está compuesto por las voces árabes “wadi” (“río”, “arroyo”) y “alqásr” (“palacio”, “fortaleza”). Por tanto, este topónimo está en relación con algún palacio o fortaleza junto a un curso de agua. La teoría más aceptada en cuanto al origen toponímico es que debió existir un palacio, fortaleza o edificación importante junto al arroyo de la Marota, el cual discurre junto al pueblo. El gentilicio de Guadalcázar es “guadalcaceño-a”.

La Guijarrosa: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. En algunos documentos antiguos aparece este topónimo en la forma “La Hijarrosa”, sin embargo, este hecho hay que tomarlo como un error al escribirlo, pues su nombre correcto siempre fue “La Guijarrosa”. El nombre “guijarrosa” está en relación, obviamente, con los guijarros, (cantos rodados), que son piedras lisas, de tamaño mediano o pequeño y de forma más o menos redondeada, los cuales son muy abundantes en esta parte de la campiña. Al parecer, estas piedras formaban parte del fondo marino hace millones de años. Por tanto, el significado del topónimo es el de una zona del campo donde hay muchos guijarros. El gentilicio de La Guijarrosa es “guijarroseño-a”.

El Guijo: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Este pueblo surgió en el siglo XIV como una aldea de Pedroche. Un “guijo” es una pequeña piedra pequeña o canto rodado de escaso tamaño. Este tipo de piedras fueron usadas habitualmente y desde la antigüedad para consolidar y rellenar caminos. Aunque no se sabe a ciencia cierta, el motivo de haber llamado a este pueblo “El Guijo” es muy posible que esté en relación con un accidente geográfico del terreno que hace que este tipo de piedras pequeñas y desgastadas por la erosión sean abundantes en la zona. El gentilicio de El Guijo es “guijeño-a”.

Hinojosa del Duque: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches.  Este pueblo fue fundado a principios del siglo XIV como consecuencia de la repoblación llevada a cabo por el Concejo de Córdoba en la comarca del Valle de los Pedroches. La teoría más extendida y aceptada es que el topónimo del pueblo tiene su origen en la abundancia de hinojos (planta aromática) en el lugar donde se fundó. En un primer momento el topónimo elegido para el pueblo fue “Finojosa del Pedroche”, pero a partir de 1533 empezó a usarse el nombre actual “Hinojosa del Duque”, al adquirir rango de duque el titular de las tierras señoriales (Duque de Béjar) a las que pertenecía el pueblo. El gentilicio de Hinojosa del Duque es “hinojoseño-a”.

Hornachuelos: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. Está documentado que el nombre de este pueblo en época musulmana era “Furnuyulus” o “Furnuchulus”, que derivaría de “fornax-acis” (“hornacho”). Por tanto, “hornachuelos” sería el diminutivo en plural de “hornacho”, que es un agujero o concavidad que se hace en las montañas para extraer mineral, lo que está en relación con la actividad de explotación minera que hubo en esta zona desde la antigüedad, por ser esta la forma habitual como sus antiguos habitantes extraían el mineral del subsuelo. Como se dijo antes, el topónimo de este municipio aparece por primera vez documentado en época musulmana, sin embargo, es muy posible que ya existiera con anterioridad, tanto por su raíz latina como por la actividad minera que ya se realizaba en este lugar en tiempos de la dominación romana. El gentilicio de Hornachuelos es “melojo-a”.

Iznájar: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. Por documentos antiguos sabemos que el topónimo de esta localidad en tiempos de la dominación musulmana era “Hisn-ashar”, el cual está formado por las voces árabes “hisn” y “ashar”. La primera significa “castillo”, mientras que la segunda significa “alegre”, “insolente” o “pendenciero”, por lo cual, el significado del “Hisn-ashar” sería “castillo alegre” muy probablemente. Con el paso del tiempo el topónimo evolucionó al actual “Iznájar”. El gentilicio de Iznájar es “iznajeño-a”.

Lucena: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. El topónimo de esta localidad aparece por primera vez en documentos de tiempos de la dominación musulmana, en las formas “al-Yussana” y “Luyyana”. Posteriormente, tras la reconquista cristiana, el topónimo evolucionó hasta el actual “Lucena”. Etimológicamente no se sabe el significado de dicho topónimo, aunque es muy posible que sea una arabización de un topónimo anterior, al que algunos historiadores identifican con una población ibero-romana de la Bética llamada “Erisane” o “Elisane”, la cual es mencionada en documentos de esa época en el contexto de las guerras lusitanas. Durante gran parte de la Edad Media Lucena fue una ciudad casi por entero habitada por judíos, y relacionada con este hecho existe la teoría defendia por varios historiadores de que su nombre en aquel tiempo era “Eli ossana”, que en hebreo significa “Dios nos salve”, y que el mismo tras la conquista musulmana de estas tierras fue trocado o arabizado en la forma “”al-Yussana” referida, sin embargo, esta teoría no ha podido ser probada documentalmente. El gentilicio de Lucena es “lucentino-a”.

Luque: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. Su topónimo aparece ya documentado en época musulmana como “Hisn-Lukk” (“castillo de Lukk”). Muy posiblemente el topónimo “Lukk” sea anterior a la dominación musulmana y tenga origen en el latín “lucus”, que vendría a significar “lugar de bosques sagrados”, aunque otros lingüistas opinan que el término expresaba la idea de un bosque. Tras la reconquista el topónimo “Lukk” musulmán se transformó en el actual Luque. El gentilicio de Luque es “luqueño-a”.

Montalbán de Córdoba: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. Aunque han aparecido algunos restos arqueológicos, todo apunta a que en la antigüedad no existió ningún asentamiento ni población de importancia en el cerro donde se asienta Montalbán. En época musulmana sí que existió en este lugar una torre vigía, la cual con toda seguridad tendría algún núcleo de población pequeño aledaño a la misma, sin embargo, desconocemos su nombre. La historia documentada del pueblo se remonta a mediados del siglo XIV. Por distintos documentos de finales de la Edad Media sabemos que el nombre de esta localidad se escribía como “Monte Alván” (“castillo de Monte Alván”). Estando de acuerdo en que el nombre de este municipio tiene una clara procedencia castellana (y por ende latina) que significa “monte blanco” (“montem albanum”, “monte albano”, “monte albán”, “montalbán”), no se ha podido demostrar hasta ahora por qué motivo, en qué momento de la historia o quién dio ese nombre a la localidad. Hasta nuestros días, en Montalbán, se ha dado por buena la “teoría oficial”, la cual afirma que el color de la tierra del cerro (piedra caliza) donde se asentó el caserío, es lo que propició que en su día fuera llamado así, sin embargo, este hecho, a falta de documentación que lo corrobore, no se ha podido probar con total rotundidad, ya que sin ser oscuro el color de la tierra del cerro, tampoco destaca notablemente por su blancura, como sí ocurre por ejemplo en el cercano pago santaellano de “Cerro Blanco”, donde el color de dicho montículo es claramente albo. Desde el siglo XIV hasta principios del siglo XX el topónimo se puede hallar en documentos escrito con “V” y con “B” indistintamente, quedando finalmente con “B”. A principios del siglo XX, y para diferenciarlo de otros municipios homónimos, se le agregó la coletilla “de Córdoba”. A grandes rasgos, la evolución del topónimo de este pueblo ha sido la siguiente: “Monte Alván”, “Montalván”, “Montalbán”, “Montalbán de Córdoba”. El gentilicio de Montalbán es “montalbeño-a”.

Montemayor: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. En época ibero-romana se denominaba Ulia, y fue una ciudad muy importante en aquel tiempo. Durante la dominación visigoda Ulia sufre un importante declive. Posteriormente, durante la época de dominio musulmán la zona recibe el nombre de Ulyat Kanbaniya (Campiña de Ulia), constituyéndose como uno de los quince distritos agrícolas (iqlim) en que se dividía la cora o provincia de Córdoba. En el año 1233, Fernando III el Santo, que se dirigía hacia Córdoba, manda algunas tropas para que ocuparan el lugar, al que encuentran casi deshabitado y en estado ruinoso, comenzando a denominarse Montemayor a partir de ese momento, posiblemente debido su posición como cota de altura dominante en estos pagos. Tras la conquista de Córdoba en 1236 por el citado rey Fernando III, el municipio pasó definitivamente a manos cristianas, manteniendo el nombre de Montemayor hasta nuestros días. El gentilicio de Montemayor es “montemayorense”.

Montilla: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa Existen diversas teorías en cuanto al origen del topónimo “Montilla”; en el siglo XVIII se atribuía el mismo a la contracción de “monte-villa”, otros estudiosos trataron de obtenerlo de “Montulia” o de “Montiella” (del árabe “Mondelia”) y posiblemente fuese la “Montilyana” citada en los Anales Palatinos de Alhakan II. En la actualidad se opina generalmente que este topónimo es de claras raíces castellanas, ya que aparece por primera vez en la Crónica de Alfonso XI (1333) y en el Libro de la Montería de este mismo monarca, así como en varios documentos de la segunda mitad del siglo XIV, donde es citado siempre como “Montiella”, del que derivó con el tiempo en el topónimo actual; “Montilla”. El gentilicio de Montilla es “montillano-a”.

Montoro: Municipio perteneciente a la comarca del Alto Guadalquivir. Aunque no está totalmente demostrado, todo parece indicar que en tiempos de la dominación romana su nombre era “Epora”, ciudad ibero-romana federada muy importante en aquella época. Posteriormente, y según la opinión de la mayoría de historiadores, esta ciudad pasó a llamarse “Bayyara” o “Bayyarash”, quedando la duda de si este topónimo podría ser una arabización del anterior “Epora”, en cualquier caso, “Bayyara” fue una medina en época musulmana recogida en varios documentos de aquel tiempo. En el siglo XII, y fruto de una efímera conquista cristiana de aquellas tierras, protagonizada por Alfonso VII, es cuando por primera vez se tiene constancia documentada del topónimo “Montoro”, surgiéndonos también la duda de si fue bautizada así por el citado rey. Se debe añadir a lo anterior que cuando los musulmanes la recuperaron la llamaron “Hisn Muntur” (“castillo de Montoro”). Finalmente, y con el paso del tiempo, el nombre “Montoro” fue imponiéndose y se ha mantenido hasta la actualidad. Existen varias teorías para explicar el origen etimológico del topónimo “Montoro”, pero ninguna de ellas está totalmente probada. Quizá la más conocida es que podría ser la contracción de “mont-gothorum” (“monte de los godos”), ya que hay historiadores que opinan que la actual Montoro fue fundada por los visigodos en el siglo VI. En cualquier caso, el topónimo tiene una clara raíz latina (“mons”, “monte”). El gentilicio de Montoro es “montoreño-a”.

Monturque: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. Durante la dominación romana, esta población debió alcanzar gran importancia, como así lo atestigua la gran cantidad de restos arqueológicos encontrados en todo el término municipal y las edificaciones de aquella época que todavía se conservan, lo que avala la hipótesis de la existencia en Monturque y sus alrededores de un prominente y numeroso asentamiento humano, sin embargo, aún no ha sido posible determinar cuál fue su verdadero nombre durante ese período. Ya en época musulmana sí sabemos que su nombre era “Montiark” o “Monturk”, topónimo que derivó posteriormente al actual Monturque, siendo citado en aquella época como un castillo o punto fortificado. De tiempos de los moros también hay que señalar como dato muy importante que Monturque es uno de los pocos sitios cordobeses que se nombran en la gesta y romance del Cid, ya que en las inmediaciones del pueblo hubo una batalla entre las huestes del rey moro de Sevilla (comandadas por el Cid) y las del rey moro de Granada, y donde el famoso caballero castellano consiguió una rotunda victoria. Como testimonio de lo anterior existe un lugar cerca de Monturque llamado “La Piedra del Cid”, donde dice la tradición que tuvo lugar la batalla. En referencia al nombre del pueblo, hay que decir que el topónimo Monturque es bastante curioso e interesante, ya que se divide claramente en dos partes; “Mont” y “Urque”, la primera de ellas es claramente latina y significa “monte” (“mons”) y hace mención al lugar elevado donde se encuentra este municipio, sin embargo, la segunda parte (“urque”, “urqui” o “urq”) se pierde en la oscuridad de lo antiguo, y aunque hay varias teorías, realmente se desconoce su origen y significado. El gentilicio de Monturque es “monturqueño-a”.

Moriles: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. Moriles nació como municipio independiente a principios del siglo XX, por Real Ley de 1 de junio de 1912 firmada por el rey Alfonso XIII. Anteriormente fue una aldea llamada “Zapateros”, la cual pertenecía a Aguilar de la Frontera. La génesis de esta aldea está en las primeras décadas del siglo XVIII, con la construcción de cuatro lagares y una capilla a la Virgen de la Salud en el denominado “Llano de los Zapateros”, que contaba con una fuente del mismo nombre. El topónimo “Zapateros” posiblemente se deba a la gran cantidad de insectos del orden de los hemípteros, popularmente conocidos como “zapateros”, que con toda seguridad abundaban en la fuente citada, aunque tampoco se descarta que el nombre pudiera estar relacionado con el gremio de los artesanos zapateros. Ya en 1912, gracias a las gestiones del diputado del distrito José Fernández Jiménez, se constituye en municipio independiente y adopta el nombre de “Moriles”, que es el nombre de un pago cercano a la aldea (Moriles Altos y Moriles Bajos), el cual es famoso por la calidad de sus vinos, siendo uno de los trece lagares que existían en aquel lugar. En cuanto al topónimo “Moriles”, sabemos que existe un pago en el término municipal de Lucena (muy cerca de Moriles) que se llama “El Moril” y posiblemente esté relacionado con el nombre de esta localidad, por lo que posiblemente “moriles” sería el plural de “moril”, que era el nombre que se daba al lugar, barrio o distrito donde vivían los moros que se habían convertido al cristianismo tras la reconquista castellana de estas tierras en el siglo XIII, los cuales eran denominados popularmente como moriscos. Es decir, un “moril” sería algo parecido a una “morería”, un lugar o barrio donde habitaban los moros. Por tanto, el topónimo “Moriles” vendría a ser el plural de “Moril”, y éste a su vez derivaría de la palabra “moro”. En Aguilar de la Frontera (municipio al que pertenecía la aldea de Zapateros) hubo una comunidad morisca digna de mención, por lo que esta teoría para explicar el origen del topónimo que nos ocupa es bastante razonable. El gentilicio de Moriles es “morilense”.

Nueva Carteya: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Este y Guadajoz. Esta localidad es relativamente reciente, ya que fue fundada en 1822 en tierras pertenecientes al concejo de Baena. El lugar elegido para fundar el pueblo fue el “Monte Horquera”, conocido documentalmente, al menos desde la Edad Media, como un importante espacio natural prácticamente salvaje y sin colonizar, con fauna y flora propias del bosque mediterráneo, lugar que se pretendía roturar y aprovechar agrícolamente con la fundación de este municipio. En el “Monte Horquera” era y es habitual encontrar restos arqueológicos que datan de época muy antigua. Con respecto al topónimo escogido para el nuevo municipio, hubo diferentes propuestas en el momento de su fundación, tales como “Población del Monte Horquera”, “Aldea de San Juan”, “Decisión” o “Nueva Carchena”, pero finalmente se eligió el nombre “Nueva Carteya”, en recuerdo a una población de época romana de la que existían restos muy cerca de la nueva localidad, ya que se pensaba que su nombre fue “Carteya” o “Carteia”, sin embargo, no está demostrado que en aquel lugar existiera una población con ese nombre. Sí que se tiene constancia de que hubo una antigua población llamada “Carteia” en San Roque (Cádiz), la cual es de origen cartaginés y tuvo su momento de esplendor en época romana. La citada “Carteia” tuvo ceca y acuñó monedas con su nombre (“CARTEIA”), las cuales circularon por toda Hispania, dato que nos hace albergar la razonable duda de si el motivo de elegir “Nueva Carteya” pudo ser porque en las cercanías del emplazamiento del nuevo pueblo se encontró alguna moneda de la “Carteia” gaditana. Respecto a la etimología del topónimo “Carteya” (“Carteia”), éste tiene un claro origen oriental, ya que empieza por el radical “qart-”, con el que en lengua feno-púnica se hace referencia al concepto de ciudad (como por ejemplo en “Cartago”), pero por desgracia no conocemos el significado del topónimo al completo. El gentilicio de Nueva Carteya es “carteyano-a”.

Obejo: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. En época musulmana existió en este lugar un castillo llamado “Ubal” (“hisn Ubal”, “castillo de Ubal”). El topónimo “Ubal” se cree que deriva del mozárabe “Uballa” o “Uvella”, que es el nombre de una planta que crece en los tejados y que popularmente se llama “uva de zorra”. En 1239 el “castillo de Ubal” fue reconquistado por las tropas de Fernando III, y le cambiaron el nombre a “Oveio” (“ovejo”), con el significado heteronímico de “macho de la oveja”. Es posible que el cambio del nombre de “Ubal” a “Oveio” se produjera porque el antiguo nombre les sonó así o parecido a los que tomaron el lugar para las armas cristianas. El topónimo aparece recogido documentalmente por primera vez en el siglo XIII (1243). Con el transcurso del tiempo la grafía del topónimo fue modificándose de la siguiente forma: “Oveio”, “Ovexo”, “Obexo”, “Obejo”. El gentilicio de Obejo es “obejeño-a”.

Palenciana: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. “Palenciana” era el nombre que tenía una heredad o cortijo a mediados del siglo XVI, lugar que fue creciendo en caserío y población hasta convertirse en una aldea de Benamejí y posteriormente en un municipio independiente. Se cree que debe el topónimo a sus fundadores allá por el siglo XIII y tras la reconquista de estas tierras por Fernando III, los cuales serían naturales de Palencia (Castilla y León) y se dedicaban a la tala de encinas para hacer carbón. Para terminar, y en referencia al topónimo “Palencia”, no está de más agregar que dicha ciudad castellana se llamó en la antigüedad “Pallantia”, topónimo que está formado por la raíz indoeuropea prerromana “palla” (“roca”), más el sufijo “nt”, muy habitual en lenguas celtas y que sirve para hacer derivados, por lo que se cree que “pallantia” puede significar “meseta” o “monte llano”. El gentilicio de Palenciana es “palencianero-a”.

Palma del Río: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. Hay una teoría histórica que atribuye la fundación de este municipio al cónsul romano Aulio Cornelio Palma, sin embargo, la misma no está probada documentalmente y es sólo una hipótesis. Centrándonos en el topónimo “Palma” y aunque este lugar estuvo habitado desde la antigüedad, la primera vez que aparece en fuentes escritas data de la época de la dominación musulmana, en concreto a finales del siglo VIII, siendo citada como “Balma”. Tras la reconquista, en el siglo XIII, empieza a ser llamada “Palma”. En tiempos más recientes, y para diferenciarlo de otros municipios homónimos, se le agregó la coletilla “del Río”, en referencia al Guadalquivir, al gran río del sur de España, que en Palma recibe además las aguas del Genil, dándose la singular circunstancia de que en este municipio se juntan los dos ríos más importantes de Andalucía. Tras la citada modificación, el topónimo quedó definitivamente como “Palma del Río”. La evolución de su topónimo a lo largo del tiempo es la siguiente: “Balma”, “Palma”, “Palma del Río”. En cuanto a la etimología del topónimo “Balma”, (que es el que usaron los musulmanes y después se modificó a “Palma”), hay muchas sospechas de que podría tener origen romano o incluso anterior a la dominación romana, y cuyo significado podría ser “cueva” o “remolino de agua” (según las diferentes teorías), aunque por falta de documentación que lo pruebe no se sabe con certeza por ahora. El gentilicio de Palma del Río es “palmeño-a”.

Pedro Abad: Municipio perteneciente a la comarca del Alto Guadalquivir. Al parecer, el origen de este pueblo, tal y como lo conocemos, está en la reconquista de estas tierras por parte de Fernando III en el siglo XIII. El citado monarca, a finales de 1235, creó en este lugar un campamento que posteriormente se convertiría en hospital en el que se instaló el abad Pedro de Meneses para ofrecer auxilio espiritual, trayendo dicho abad la imagen de un crucificado. Dicha imagen se hizo famosa por diversos y supuestos milagros relacionados con la misma, lo que llamó la atención de Fernando III, por lo que éste mandó construir una ermita y casas para los que quisieran habitar el lugar. Estos hechos son el germen del municipio, el cual en un principio tomó el nombre de “Fuente de Per Abad” (“Fuente de Pedro Abad”) por el citado abad y una fuente que existía en el lugar, apareciendo ya el citado topónimo en un documento de 1272. El topónimo se cita también en documentos en la forma “Fuente de Perabad”, “Fuente de Pero Abad” y “Fuente de Pedro Abad”. Posteriormente, con el paso del tiempo, el topónimo se simplificó y quedó como “Pedro Abad”. Se podría decir que el topónimo evolucionó a lo largo del tiempo de la siguiente forma: “Fuente de Per Abad”, “Fuente de Pero Abad”, “Fuente de Pedro Abad”, “Pedro Abad”. El gentilicio de Pedro Abad es “perabeño-a”.

Pedroche: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches, a la que le da nombre. Según muchos historiadores, este municipio se denominaba “Baedro” en época romana, aunque no está totalmente probado. Cuando los musulmanes conquistaron estas tierras le modificaron o arabizaron el topónimo nombrándolo “Bitrawsh”. Tras la reconquista cristiana, el nombre fue castellanizado en la forma “Pedroche”, topónimo que se ha mantenido hasta el día de hoy. Por tanto, la evolución del topónimo de este municipio desde la antigüedad hasta la actualidad es la siguiente: “Baedro”, “Bitrawsh”, “Pedroche”. El gentilicio de Pedroche es “pedrocheño-a” o “gachero-a”.

Peñarroya-Pueblonuevo: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. El municipio y su topónimo son consecuencia de la fusión en 1927 de las localidades de “Peñarroya” y “Pueblonuevo del Terrible”, cuyos núcleos de población eran colindantes. En referencia a “Peñarroya”, la cita más antigua de su topónimo se produce en el siglo XIII y por parte del rey Alfonso X, el cual en sus “Libro de la Montería” dice de este lugar que “los montes de Penna Roya son buenos para la caza del oso”. Con el paso del tiempo el nombre derivó de “Penna Roya” a “peñarroya”. El significado del topónimo “Peñarroya” es “peña roja” (“Peña Roya”). La palabra “royo” es sinónimo de “rojo”, en castellano antiguo. Respecto a “Pueblonuevo del Terrible”, se trata de una aldea que surgió en el siglo XIX fruto de las explotaciones mineras de este lugar. Según parece, el origen del topónimo está en un famoso perro que había en ese pueblo y al que llamaban “Terrible”, el cual era muy temido por su fiereza, y del cual cuenta la leyenda que descubrió carbón en tierras cercanas al pueblo. El gentilicio de Peñarroya es “peñarriblense”.

Posadas: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. En el término municipal de Posadas se han encontrado numerosos vestigios de época romana y algunos investigadores opinan que, frente a Posadas, en la otra orilla del Guadalquivir, se ubicaba la ciudad de “Detumo”, pero no se sabe con total certeza. Aunque hay vestigios también de población en época musulmana, no nos ha llegado ningún topónimo del lugar de ese tiempo. Posteriormente, tras la reconquista cristiana, ya en el siglo XIII, aparece esta localidad nombrada como “Posadas del Rey”. Posteriormente quedó el topónimo en “Posadas” simplemente. El origen de haber llamado así a este municipio está en la existencia desde muy antiguo de establecimientos de hospedaje junto al importante camino que pasaba por este lugar, el cual era transitado por gran número de viajeros. El gentilicio de Posadas es “maleno-a”.

Pozoblanco: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Cronológicamente hablando, el origen de este municipio podría señalarse a mediados del siglo XIV, si bien aparece documentado por primera vez a principios del siglo XV. Al igual que en otras localidades cercanas, el germen del pueblo podría estar en la costumbre que tenían los habitantes de Pedroche de pastorear sus ganados en tierras cada vez más alejadas del citado pueblo, lo que les obligaba a establecer pequeños núcleos de población y caseríos en el campo, los cuales crecieron dando lugar a aldeas y pueblos en esta comarca, entre ellos Pozoblanco. También se cree popularmente que el pueblo pudo ser fundado por familias que marcharon de Pedroche huyendo de la peste y se asentaron en este lugar. En cuanto a su topónimo, hay varias teorías sobre su origen; una de ellas nos dice que las primeras casas de la localidad se construyeron en la zona conocida hoy en día como el barrio del “Pozo Viejo”, al pie de un cerro y alrededor de un pozo con un brocal de color blanco, por la costumbre de enlucir y encalar los brocales cuando se hacían de ladrillo y no de bloques de granito, como era más habitual. Otra teoría cuenta que en muchas ocasiones los pozos eran bautizados con el nombre de quien los hacía, y existió un pozo llamado “Pozo del Blanco”, que podría haber dado pie al topónimo del pueblo. Hay otra hipótesis que nos viene a decir que el color blanco que tenía el brocal del pozo que dio nombre al pueblo provenía de los excrementos de los gallos y gallinas que se subían al brocal. En cualquier caso, ninguna de estas teorías ha podido ser probada. El gentilicio de Pozoblanco es “pozoalbense” o “tarugo-a”.

Priego de Córdoba: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. En esta localidad y en zonas adyacentes han aparecido restos arqueológicos de origen romano, aunque no nos ha llegado ningún topónimo del lugar en aquella época. En tiempos de la dominación musulmana sí que aparece ya documentado su topónimo, en las formas “Baguh”, “Biguh”, “Bagu”, “Baga”, siendo una población muy importante en la citada época musulmana, capital de un distrito o comarca (“iqlim”) y llegando incluso a acuñar moneda. Tras su definitiva reconquista cristiana en el siglo XIV, su topónimo fue castellanizado en el actual “Priego”, aunque no se debe descartar la posibilidad de que pudiera haber sido nombrado así en recuerdo del Priego conquense. Posteriormente, y para diferenciarlo de otras localidades homónimas, se le agregó la coletilla “de Córdoba”. En cuanto a la etimología y significado del topónimo, y aunque existen varias teorías, ninguna ha podido ser demostrada. Una de ellas nos habla de la posibilidad de que el topónimo musulmán “Baguh” sea la arabización de la voz latina “pagus” (distrito rústico o pequeño pueblo), otra teoría es que pudiera ser derivado de la palabra romance “pedriego” (del latín “petra”), y que significa “pedregoso”, en cualquier caso, y como se dijo antes, ninguna de estas teorías etimológicas ha podido ser probada definitivamente. El gentilicio de Priego es “prieguense”.

Puente Genil: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. La fundación del Puente Genil actual conllevó el nacimiento también de este topónimo, y ello ocurrió el 10 de diciembre de 1834 gracias a la unión administrativa y demográfica entre la villa denominada Pontón de Don Gonzalo o la Puente de Don Gonzalo, que fue fundada en el siglo XIII por el rey Fernando III, y el pequeño núcleo de población denominado Miragenil, sito en la orilla contraria y perteneciente administrativamente en aquella época a la provincia de Sevilla. De esta forma y de la circunstancia descrita, deriva el sonoro nombre de “Puente Genil”, en alusión evidente al medio físico que permitía y permite de facto la citada unión entre las dos poblaciones; el puente que atraviesa el cauce del río Genil y conexiona ambas orillas. Por tanto, el topónimo “Puente Genil” nació de la mezcla entre los nombres “Puente de Don Gonzalo” y “Miragenil”. El hidrónimo Genil deriva de Sinyil, pues así llamaban a este río los moros, y éste a su vez de Singilis, que era como lo nombraban en la antigüedad los romanos. Al parecer es éste un nombre de origen latino, aunque posiblemente sea una deformación o modificación de un nombre de raíz ibérica, del que por desgracia desconocemos su significado. El río Genil es el séptimo más largo de la península ibérica. El gentilicio de Puente Genil es “pontanés-a” o “pontano-a”.

La Rambla: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. En el lugar donde se asienta este municipio hay constancia de poblamiento humano desde muy antiguo. Por los restos arqueológicos hallados se sabe que en época ibero-romana existió allí una notable población, sin embargo, y aunque hay varias hipótesis, no ha llegado hasta nosotros el nombre que tuvo la misma. En época visigoda este pueblo sufrió un declive en cuanto a importancia y población. Durante la dominación musulmana la localidad reverdeció sus laureles y es de esta época de donde proviene su topónimo, ya que los moros la llamaron “Al-Ramla”, que significa “el arenal”, derivando finalmente en “La Rambla”. Como dato curioso sobre este topónimo, se debe aportar que el mismo se estuvo escribiendo durante varios siglos en mapas y documentos como “Rambla” a secas, circunstancia que cambió en 1860, cuando se le agregó de manera oficial el artículo “La”, quedando definitivamente como “La Rambla”. El gentilicio de La Rambla es “rambleño-a”.

Rute: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. La primera fundación de la fortaleza de este nombre se produjo en tiempos de la dominación musulmana (s. XIII), siendo su nombre “Hisn Rut” (“castillo de Rut”), lugar que en 1435, tras la reconquista, fue abandonado debido al hostigamiento continuo de los musulmanes del reino Nazarí de Granada y a la dificultad de una defensa adecuada del citado castillo, situación que obligó a los cristianos a fundar un nuevo pueblo unos kilómetros más al suroeste, al que llamaron “Villanueva de Rute”. Este hecho fue el germen del actual municipio de Rute. Posteriormente, y con el paso del tiempo, el topónimo quedó en “Rute” a secas. De la primera fortaleza musulmana aún se conservan sus ruinas, a las que se le conoce con el nombre de “Rute el Viejo”. Su topónimo aparece escrito en textos árabes y castellanos como “Rut” hasta el siglo XIV, aunque también figura en la forma “Rute”, la cual finalmente fue la que se impuso y permaneció hasta nuestros días. Existen varias teorías que intentan arrojar luz sobre el incierto origen etimológico del topónimo “Rute”, aunque son dos las que cuentan con más apoyo de los lingüistas; una de ellas afirma que podría derivar del latín “rota” (“rueda”), en relación con la forma que tiene el cerro o colina donde se ubicó el pueblo y la fortaleza, mientras que la otra intenta ver en el topónimo “Rut” un origen hebreo, afirmando que podría derivar directamente del nombre propio femenino de origen judío “Rut” (bisabuela del rey David), y que este hecho podría explicarse por estar en relación con alguna aljama judía que existiera allí en tiempos de la dominación musulmana o incluso en tiempos de los visigodos, cosa que no se sabe a ciencia cierta tampoco. En cualquier caso, y como se dijo, ninguna teoría en relación con el origen etimológico del topónimo “Rut”/“Rute” ha podido ser probada definitivamente. El gentilicio de Rute es “ruteño-a”.

San Sebastián de los Ballesteros: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. El pueblo fue fundado en 1767 bajo la dirección del ilustrado Pablo de Olavide y con población centroeuropea de origen alemán mayormente. La fundación de esta y otras localidades en las provincias de Córdoba, Sevilla y Jaén fue financiada por el Estado debido al interés del rey Carlos III por fomentar la agricultura y la industria en una zona despoblada y amenazada por el bandolerismo, reforzando de esta forma la seguridad del Camino Real que unía Madrid con Cádiz. En cuanto al origen del nombre del pueblo, hay que decir que el 20 de enero de 1615 la Compañía de Jesús adquirió la jurisdicción y señorío de unas tierras en este lugar conocidas como “Ballesteros y Gregorio”, de donde se cree que tiene su nacimiento el topónimo de la localidad, ya que al haberse hecho la compra de los terrenos el día de San Sebastián (20 de enero) y siendo su costumbre dedicarle y consagrarle la buena nueva al santo que correspondiera ese día, (según el santoral), si agregamos a esto que este pago rústico era conocido como “Ballesteros”, porque al parecer en este lugar se concentraba o descansaba el cuerpo de ballesteros del ejército de los Reyes Católicos durante la conquista de Granada, da como resultado una teoría bastante razonable para explicar el origen del topónimo “San Sebastián de los Ballesteros”. Como dato curioso se debe añadir que durante los primeros meses tras su fundación el pueblo estuvo a punto de ser denominado “Nueva Atenas” o “Atenas” a secas, de lo cual existen documentos y comunicaciones oficiales que recogen tal topónimo, y el motivo para ello fue que en aquellos días se preveía también la llegada de colonos de origen griego procedentes de Córcega, sin embargo, dichas familias finalmente no vinieron a España, por lo que el nombre de Atenas se descartó. El gentilicio de San Sebastián de los Ballesteros es “eballense”.

Santa Eufemia: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Todo parece indicar que esta población es la mencionada en textos árabes del siglo XII y cuyo nombre se registra en las formas “Sant Qunya” o “Sant Ufimya”, lo que hace sospechar que en esta localidad existió en aquella época, o con anterioridad, una comunidad de cristianos mozárabes a tener en cuenta, debido al origen latino del topónimo. Posteriormente y tras la reconquista, también en el siglo XII, su topónimo aparece en las formas “Sant Ocfimia”, “Sant Ofimia”, “Santa Eufemiam”, para poco tiempo después castellanizarse en la forma definitiva “Santa Eufemia”. Además de la anterior, existe la teoría popular y tradicional, (aunque no demostrada) que explica y atribuye el topónimo a que treinta y tres caballeros italianos naturales de la región de Calabria (lugar donde se tiene gran veneración a Santa Eufemia) tomaron por asalto el castillo y el pueblo, al que le dieron el nombre de la citada santa. La evolución del topónimo a través del tiempo ha sido la siguiente a grosso modo: “Sant Ufimya”, “Sant Ofimia”, “Santa Eufemiam”, “Santa Eufemia”. En cuanto al topónimo en sí y su etimología, el mismo se le puso a este lugar en honor a Santa Eufemia de Orense, una mártir cristiana gallega, posiblemente nacida en Baiona (Pontevedra). El nombre propio “Eufemia” es de origen griego y significa “de buena palabra” o “de buena reputación”. El gentilicio de Santa Eufemia es “calabrés-a”, lo que estaría curiosamente en relación con la teoría tradicional que atribuye su reconquista cristiana a soldados calabreses al servicio del rey Alfonso VII.

Santaella: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Sur Cordobesa. Santaella es una localidad que ha estado habitada desde tiempo inmemorial. Hay teorías que sostienen que en época íbero-romana aquí se asentaba la “Arcilasis” que nombró Ptolomeo, aunque no está probado este hecho. Posteriormente, durante la dominación musulmana, sí que está documentado que recibe el nombre de “Shant’Yala” o “Santayala”, que podría derivar de “Santa Elia” (topónimo de origen cristiano), siendo una población muy importante en esa época en esta parte de la campiña. En 1240 es conquistada por el rey Fernando III, y a partir de este momento recibe ya el nombre de “Santaella”, aunque en algunos documentos aparece como “Santella” o incluso “Santiella”. En cuanto al origen de este topónimo hay diferentes teorías y ninguna está totalmente demostrada, si bien se podría afirmar que la más razonable es la que en su día propuso Francisco Alijo Hidalgo, profesor de la Universidad de Málaga, y que dice literalmente así: “De todo lo expuesto hasta aquí, extraigo la deducción de que el término Santaella (Córdoba), en línea con las opiniones de Nieto Cumplido, al referirse a un nombre preislámico, sea el de San Elías o Santa Elia, que derivaría en época musulmana hacia el de Sant´Yala, cuya constatación por vez primera se da en Al-Idrisí en el siglo XII, siendo castellanizado en el XIII con el nombre de Santa Ella. Debemos tener en cuenta, finalmente, que la “l”+“i” da doble “ll”, según vimos en el obispo de Sigüenza, Ella, entre otros, de ahí que Santa Elia se transformara en la denominación de nuestro topónimo SANTAELLA”. Es decir, la evolución del topónimo podría haber sido “Santa Elia”, “Shantayala”, “Santaella”. El gentilicio de Santaella es “santaellense” o “santaellano-a”.

Torrecampo: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Según parece, este pueblo y su topónimo tienen su origen en la Baja Edad Media, y ello está directamente relacionado con la cercanía del actual Torrecampo a un montículo llamado “Cerro de la Torre”, lugar en el que quedan restos de los cimientos del torreón o atalaya que allí hubo y junto al que existió una pequeña población o caserío donde vivían los lugareños. Posteriormente, los habitantes del Cerro de la Torre se unieron a otras familias provenientes del vecino Pedroche (que según se cuenta marcharon de dicho pueblo huyendo de la peste) y no muy lejos de allí fundaron la actual villa, a la que dieron el nombre de “Torrecampo”, como homenaje al lugar y a la torre de donde procedían. En cuanto a su etimología, se trata de un topónimo compuesto por dos términos claramente diferenciados; “torre” y “campo”, siendo su significado, obviamente, el de una torre o atalaya situada en el campo. El gentilicio de Torrecampo es “torrecampeño-a” o “tiznao-ná”.

Valenzuela: Municipio perteneciente a la comarca de la Campiña Este y Guadajoz.  Todo apunta a que el topónimo de este pueblo, “Valenzuela”, tiene su origen en el antiguo linaje leonés de los Valenzuela, los cuales participaron activamente en la reconquista de esta parte de Andalucía en el siglo XIII. Una de las ramas de este linaje acabó estableciéndose en este municipio. En cuanto al origen etimológico del topónimo “Valenzuela”, la hipótesis más aceptada por los lingüistas afirma que el mismo es un diminutivo de “Valencia”, por lo tanto, sería un topónimo que nace como recuerdo u homenaje a otro y aplicándole para ello un diminutivo, cosa bastante habitual en la toponimia española, sirvan los ejemplos de Cordobilla, Sevilleja o Toledillo, entre otros. El gentilicio de Valenzuela es “vinagorro-a”.

Valsequillo: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. Es posible que en este lugar existiera una pequeña población en las edades Antigua y Media, sin embargo, no nos ha llegado ningún topónimo ni información relevante de aquellos lejanos tiempos. Se tiene constancia de que a mediados del siglo XVI se construyó la parroquia del pueblo, apareciendo ya el topónimo “Valsequillo”, aunque con toda probabilidad la villa ya existía desde época bajomedieval en forma de pequeña aldea o caserío. Valsequillo pertenecía al municipio de Fuente Obejuna, situación administrativa que continuó hasta 1817, año en que se independizó y se constituyó como municipio. En cuanto a su etimología, el topónimo “Valsequillo” es una palabra compuesta por dos términos claramente diferenciados; “val” y “sequillo”, siendo el primero contracción de “valle” y el segundo diminutivo de “seco”, por lo cual es el diminutivo de “Valseco” (“valle seco”). Quizá el motivo de haberle puesto este topónimo al lugar esté en relación con su ubicación en un pequeño valle que durante el verano tiene aspecto seco, a pesar de contar con masa forestal adehesada y de monte bajo típica de esta zona. El gentilicio de Valsequillo es “valsequillense”.

La Victoria: Municipio perteneciente a la comarca del Valle Medio del Guadalquivir. La gran mayoría de historiadores coinciden en que la fundación del municipio está en el establecimiento en el lugar, en el siglo XVI, de los frailes mínimos franciscanos del Convento de Nuestra Señora de la Victoria de la capital cordobesa, también conocidos como “Padres de la Victoria”. Los citados frailes franciscanos (de San Francisco de Paula) construyeron un oratorio en el lugar y junto al mismo fue creciendo poco a poco el caserío hasta convertirse en una pequeña aldea perteneciente a La Rambla, situación administrativa que se mantuvo hasta principios del siglo XIX, momento en el que se constituyó La Victoria como municipio independiente. Obviamente, el topónimo que se eligió para este pueblo, (“La Victoria”), tiene su origen en la advocación de los citados frailes franciscanos a Nuestra Señora de la Victoria. Según la tradición, el origen de llamar así a estos frailes está en la victoria que obtuvieron los Reyes Católicos en la reconquista de Málaga en 1487, la cual se atribuyó desde el fervor religioso a una intervención milagrosa de San Francisco de Paula, por lo que a sus frailes se les empezó a conocer como “frailes victoriosos” o “frailes de la Victoria”, de ahí que la gran mayoría de conventos que fundaron en España se pusieron bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria. El gentilicio de La Victoria es “victorieño-a”.

Villa del Río: Municipio perteneciente a la comarca del Alto Guadalquivir. Aunque es posible que este lugar estuviera habitado en las épocas Antigua y Altomedieval, no nos ha llegado ningún topónimo de aquellos tiempos. El topónimo documentado más antiguo que se le conoce a este pueblo es el de “Aldea de Orabuena”, nombre que recibió por parte de los cristianos, y como muestra de júbilo (“en hora buena”), tras la reconquista de estas tierras por el rey Fernando III en el siglo XIII. Posteriormente, en el siglo XIV, le fue cambiado el nombre y empezó a ser llamada “Aldea del Río”, por ser una aldea ribereña del Guadalquivir. A mediados del siglo XVII le fue cambiado de nuevo el nombre, ya que el rey Felipe IV le otorgó el estatus de villa, por lo que su topónimo se modificó a “Villa del Río”, nombre que ha llegado hasta nuestros días. La evolución del topónimo a lo largo del tiempo ha sido la siguiente: “Aldea de Orabuena”, “Aldea del Río”, “Villa del Río”. El significado del topónimo, obviamente, es el de una “villa” junto al “río” Guadalquivir. El gentilicio de Villa del Río es “villarrense”.

Villafranca de Córdoba: Municipio perteneciente a la comarca del Alto Guadalquivir. En tiempos de la reconquista, en el siglo XIII, apenas había unos caseríos en el lugar donde se ubica el pueblo, concretamente en una zona denominada “El Cascajar”, topónimo posiblemente relacionado con la abundancia de “cascajos” (piedras menudas) en el lugar. La repoblación definitiva de este pueblo, así como la primera vez que se documenta su topónimo, fue en el siglo XIV, cuando el rey Pedro I cedió el lugar a su Repostero Mayor, Martín López de Córdoba, con licencia para poblarlo con nuevos vecinos y estimulando el asentamiento con franquicias y privilegios tributarios, hecho éste del que procede el topónimo “villa franca”, que sería una villa que goza de exención de impuestos y contribuciones. Al principio se le llamó al pueblo “Villafranca del Cascajar”. Como curiosidad se puede aportar que posteriormente formó parte del Reino de Jaén, siendo cambiado su topónimo a “Villafranca de las Agujas”, ya que este municipio destacó en la industria de la fabricación de agujas desde el siglo XVI. Estuvo perteneciendo al mencionado reino jiennense hasta 1833, año en que se llevó a cabo la división provincial española actual y fue incluido en la provincia de Córdoba. A principios del siglo XX le fue cambiado el topónimo nuevamente, en esta ocasión a “Villafranca de Córdoba”, nombre que ha llegado hasta nuestros días. La evolución del topónimo a lo largo del tiempo es la siguiente: “Villafranca del Cascajar”, “Villafranca de las Agujas”, “Villafranca de Córdoba”. El gentilicio de Villafranca es “villafranqueño-a”.

Villaharta: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. Esta localidad aparece ya documentada en el siglo XV, siendo la misma una de las aldeas que a finales de la Edad Media jalonaban la Sierra de Córdoba. En documentos antiguos su topónimo figura en la forma “Villa Farta” (“villa harta”), que vendría a significar “villa abundante o fecunda”, ya que ese es uno de los significados del adjetivo “harto” y en aquella época se usaba habitualmente para calificar en esos términos un lugar o situación. Con el paso del tiempo el nombre del pueblo terminó por escribirse definitivamente como “Villaharta”. Con respecto al cambio de “F” a “H”, que se da en este topónimo, el mismo no debe extrañarnos en absoluto, ya que es un rasgo bastante habitual del idioma español o castellano. El fenómeno consiste en que, en ciertas condiciones fonológicas, la “F” inicial latina se convirtió con el paso del tiempo en una “H” aspirada, cuya pronunciación desapareció posteriormente en las variedades estándar del español. El gentilicio de Villaharta es “villaharteño-a”.

Villanueva de Córdoba: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Según cuenta la tradición, al igual que otras localidades de esta comarca, este municipio fue fundado en el siglo XIV por vecinos de Pedroche, los cuales se establecieron en este lugar, al que llegaron huyendo de la peste que asolaba en aquel tiempo toda la comarca. Sin embargo, sería tiempo después, a principios del siglo XV, cuando se empieza a tener constancia documentada del núcleo de población actual, cuyo nombre en un primer momento fue “Encina Enana”. Está documentado que este municipio tomó el nombre de “Villanueva de Córdoba” en 1499, y en opinión de algunos historiadores sería como reafirmación de su independencia, tras el intento de su sometimiento al Señorío de Santa Eufemia. Aunque su nombre oficial a partir de aquel momento (y hasta nuestros días) fue “Villanueva de Córdoba”, también se usó muy habitualmente el topónimo “Villanueva de la Jara”, por estar el pueblo dentro de la gran Dehesa de la Jara, apareciendo dicho nombre incluso en mapas antiguos. El gentilicio de Villanueva de Córdoba es “jarote-a”.

Villanueva del Duque: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Todo parece indicar que la fundación del pueblo se produjo durante la Baja Edad Media y ya en época cristiana, aunque también es cierto que esta zona tuvo una destacada importancia durante la dominación musulmana, ya que en su término municipal aún se conservan los restos del “Castillo de la Morra”, junto al río Cuzna, los cuales datan del citado período histórico. Desde finales de la Edad Media y hasta principios de la Edad Moderna, en el lugar existieron dos aldeas colindantes, una se denominaba “El Allozo” (que es un sinónimo de “almendro”) y la otra “El Retamal”, (posiblemente por la abundancia de retama). Como veremos, la aldea de “El Retamal” fue el germen del actual Villanueva del Duque. A finales del siglo XVI, los vecinos de “El Allozo” (que ya venía perdiendo población) abandonaron definitivamente su aldea a causa de la peste, trasladándose a “El Retamal”, población que ya desde 1529 había cambiado el nombre a “Villanueva del Marqués”, como homenaje al Conde de Belalcázar, que a su vez ostentaba el título de Marqués de Ayamonte. Durante algún tiempo, y en esta misma época, también se le conoce como “Villanueva de las Viñas” (por la existencia de viñedos en el lugar), nombre que aparece en varios documentos antiguos del Archivo Municipal. Ambos topónimos se mantuvieron y usaron indistintamente hasta el siglo XVII, cuando se le volvió a cambiar el nombre al pueblo, esta vez al actual y definitivo “Villanueva del Duque”, en honor al Duque de Béjar, el cual tuvo un papel destacado en la independencia de esta población respecto de Hinojosa del Duque, de la que era una aldea. La evolución del nombre de este pueblo a lo largo del tiempo ha sido la siguiente: “El Retamal”, “Villanueva del Marqués”, “Villanueva de las Viñas”, “Villanueva del Duque”. El gentilicio de Villanueva del Duque es “villaduqueño-a” o “cuervo-a”.

Villanueva del Rey: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. Esta localidad surge probablemente tras la reconquista de Córdoba por Fernando III en 1236. El núcleo poblacional originario de Villanueva del Rey se situó en el denominado “Villar de Dos Hermanas”, donde es posible que anteriormente existiera una aldea o alquería musulmana. A esta primera población se le puso el nombre de “Lugar de Casillas” y poco después se le cambió el topónimo a “Villanueva de las Viñas”. Posteriormente, en 1320, el rey Alfonso XI le otorga el título de “villa”, por lo que el pueblo adopta su nombre actual, “Villanueva del Rey”, en honor al citado monarca. Sin embargo, en el siglo XVII, esta villa pasa a ser un señorío a favor de don Pedro Gómez de Cárdenas y Angulo, cambiándose su topónimo a la forma “Villanueva de Cárdenas”. Más tarde, en 1811, por Decreto de las Cortes de Cádiz, cesa oficialmente el señorío de Villanueva de Cárdenas, por lo que el pueblo vuelve a llamarse “Villanueva del Rey”, esta vez de forma definitiva. Éstas son las variaciones de su topónimo, cronológicamente ordenadas: “Lugar de Casillas”, “Villanueva de las Viñas”, “Villanueva del Rey”, “Villanueva de Cárdenas” y “Villanueva del Rey” de nuevo. El gentilicio de Villanueva del Rey es “villanovense” o “villorro-a”.

Villaralto: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. La historia de Villaralto como pueblo, en el lugar donde se asienta actualmente, data de la Baja Edad Media. El primer documento que menciona a esta localidad es de 1424, siendo en aquel tiempo una aldea dependiente de Torremilano (actual municipio de Dos Torres). En cuanto a su topónimo, hay que decir que tiene dos vocablos claramente diferenciados; “Villar” y “Alto”, siendo el primero sinónimo de una pequeña población o aldea y el segundo un adjetivo que obviamente describe altura. Como vemos, la ubicación de una pequeña aldea o “villar” en un lugar elevado o “alto”, es lo que determino el topónimo de este municipio. El gentilicio de Villaralto es “villaraltero-a”.

Villaviciosa de Córdoba: Municipio perteneciente a la comarca del Valle del Guadiato. La advocación mariana de Nuestra Señora de Villaviciosa, originaria de Vila Viçosa (Portugal), está en el origen no sólo del topónimo de este pueblo, sino también de la creación del mismo en el siglo XV, ya que el primigenio caserío de Villaviciosa se fue conformando en torno a la ermita de la mencionada virgen, recibiendo además población de varias aldeas cercanas, lo que produjo un rápido crecimiento demográfico. En principio, esta población era una aldea perteneciente a Espiel, hasta que a finales del siglo XVIII le fue otorgado el título de “villa” por el rey Carlos III, constituyéndose como municipio independiente. En cuanto a su topónimo, vemos claramente que está formado por dos vocablos; “villa” y “viciosa”, refiriéndose el primero obviamente a una población o “villa”, mientras que el segundo “viciosa”, nada tiene que ver con el significado peyorativo relativo a “vicio”, sino que viene a significar “abundante, fértil o productiva”, ya que ese es uno de los significados del adjetivo “vicioso-a” y en aquella época se usaba habitualmente para calificar así un lugar. Por lo tanto, su significado vendría a ser el de una villa muy fértil, abundante y productiva. En cualquier caso, y como hemos visto, el origen del nombre de este pueblo está, de forma indirecta, relacionado con el municipio portugués de Vila Viçosa, lugar donde apareció la sagrada imagen de Nuestra Señora de Villaviciosa, la cual tiene gran tradición de fervor religioso en Córdoba capital, siendo fundada su hermandad en la Parroquia de San Lorenzo a finales del siglo XV. Dicha virgen es la patrona de enfermería. Siguiendo con el topónimo del pueblo, en tiempos más recientes le fue impuesta la coletilla “de Córdoba”, para ser diferenciado de otros municipios homónimos en el resto de España, quedando su nombre definitivamente como “Villaviciosa de Córdoba”. El gentilicio de Villaviciosa es “villaviciosano-a”.

El Viso: Municipio perteneciente a la comarca del Valle de los Pedroches. Todo parece indicar que el poblamiento primigenio de este municipio tuvo lugar a mediados del siglo XIV. En un principio su topónimo fue el de “Casas de Don Adame”, nombre que perduró hasta finales del siglo XV, momento en el que se le cambia el nombre a “El Viso”. El significado de su topónimo está en relación con la propia ubicación del municipio, el cual está situado en una zona llana, pero algo elevada, desde donde se tiene una buena panorámica del entorno. Se podría decir que este pueblo está situado en un altozano. Uno de los significados que tiene la palabra “viso” en el Diccionario de la Lengua Española es el de “altura desde donde se descubre mucho terreno”. El gentilicio de El Viso es “viseño-a”.

Zuheros: Municipio perteneciente a la comarca de la Subbética Cordobesa. El origen de este pueblo está en la época musulmana, surgiendo como un caserío o aldea junto a la fortaleza de época musulmana allí existente y denominada “Al-Sujayra”, la cual podría haber sido construida en el siglo IX. El lugar fue reconquistado por el rey Fernando III en el siglo XIII. Tras la reconquista, el topónimo fue castellanizado en la forma “Çuheros”, para posteriormente modificarse al actual y definitivo “Zuheros”. En cuanto a su etimología, existen varias teorías, aunque ninguna ha podido ser probada de manera definitiva. Una de ellas nos dice que el topónimo primitivo de este pueblo, “sujayra”, derivaría de la voz árabe “Sajra”, cuyo significado sería “roca” o “peña”. Otra teoría cree ver en este topónimo una derivación del árabe “Adzuira”, que significa “bonita”. En cualquier caso, no está demostrada ninguna de estas teorías para explicar el origen y significado del topónimo “Zuheros”. La evolución del topónimo a lo largo del tiempo sería la siguiente: “Sujayra”, “Çuheros”, “Zuheros”. El gentilicio de Zuheros es “zuhereño-a”.

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Fuentes consultadas para escribir esta entrada:

  • Wikipedia
  • “Los castillos de Córdoba”, de Mercedes Valverde y Felipe Toledo.
  • “Por tierras de Andalucía. Provincia de Córdoba”. Antonio Sarazá Murcia.
  • “Córdoba tierra nuestra”, de Juan Bernier Luque.
  • “El reino de Córdoba durante la dominación musulmana”, de Antonio Arjona Castro.
  • “Los moriscos en tierras de Córdoba”, de Juan Aranda Doncel.
  • “Aguilar Digital. Página de historia (XXIII)”.
  • “Moriles en su historia”, blog homenaje a Miguel Estrada Lara.
  • “Un pueblo de alemanes en la campiña cordobesa. San Sebastián de los Ballesteros”, de Rafael Vázquez Lesmes.
  • “El origen del nombre de Lucena y la fundación de la ciudad por judíos andalusíes”, de Antonio Arjona Castro.
  • “Nota histórica en torno al topónimo Santaella (Córdoba)”, de Francisco Alijo Hidalgo.
  • “La voz Belmez en el “Cancionero de Baena”, de Jesús Montoya Martínez
  • “Los topónimos: sus blasones y trofeos (la toponimia mítica)”, de Álvaro Galmés de Fuentes
  • “Corografía histórico-estadística de la provincia y obispado de Córdoba”, de Luís María Ramírez de las Casas-Deza
  • “Santaella y el Suroeste de la campiña cordobesa en la Baja Edad Media (siglos XIII-XV)”, de Javier López Ríder.
  • “Espejo en la toponimia”, de Fernando Fernández Palacios
  • “El topónimo Tóxar o Tójar: su dispersión y localización geográfica temporal”, de Fernando Leiva Briones.
  • “El topónimo Nueva Carteya”, de Antonio Castellano Ruz y Antonio Martínez Castro
  • “El topónimo Obejo. Evolución y significado”, de E. Ricardo Quintanilla González.
  • “Sobre el topónimo Priego (de Córdoba, de Cuenca)”, de Emilio Nieto Ballester
  • “Recordando nuestra historia. La Hermandad de la Santa. Breves datos históricos”, artículo de Miguel Torres Murillo (Cronista Oficial de Santa Eufemia).
  • “La naturaleza en la toponimia española”, de Gonzalo Mateo Sanz.
  • “Los aspectos semánticos de la toponimia”, de Jairo Javier García Sánchez.
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Sobre la “Encina del Águila” (La Rambla).

Recreación aproximada de la Encina del Águila

La lectura de la tesis doctoral de Javier López Ríder (profesor de historia antigua y medieval en la Universidad de Córdoba); “Santaella y el suroeste de la Campiña Cordobesa en la baja Edad Media” me está aportando mucha e interesante información histórica sobre Montalbán y nuestra comarca más cercana en aquella época (siglos XIII al XV). En dicha tesis, que a día de hoy puede consultarse y disfrutarse en internet en el siguiente enlace: https://medievalistas.es/13-paisajes-medievales-en-la-campina-sur-de-cordoba-siglos-xiii-xv/, se menciona una encina situada entre La Rambla y Montilla y a la que los vecinos de aquella época llamaban popularmente la Encina del Águila, bello y sonoro nombre que por desgracia no ha llegado hasta nuestros días, salvo en legajos antiguos, recuperados en este caso por los voluntariosos estudios de nuestro admirado Javier López Ríder. Pues bien, en las páginas 140-141 de la dicha tesis doctoral, se puede leer lo que sigue: “Del mismo modo, se cita constantemente la denominada encina del Águila, que al parecer tenía junto a ella un Águila y una cruz. Alfonso López Nieto, vecino de La Rambla, dice que conoce desde 1433 la ençina el Águila, que estaba en el camino de La Rambla a Montilla, que tenía una cruz. Por su parte, Pedro Ruiz de Juan Esteban, vecino de La Rambla, explica que sabe que desde 1451 la citada encina es mojón entre Montilla y La Rambla, y que allí vio una cruz fecha al pie de la ençina (…) y que dicha información también la oyó de un tal Gonzalo Ruiz, vecino de Montilla. Pero más detalladas son las noticias que aportan Alfonso Sánchez y Miguel Ruiz de Valenzuela, vecinos de La Rambla, pues el primero especifica que en 1463 vio la encina el Águila que tenía una águila de piedra e al pie una cruz y aquel era visto por mojón, mientras que el segundo puntualiza para 1444 que en un monte alto hallaron un mojón debajo de tierra que era una piedra grande y tenía una estaca de hierro hincada en ella y de allí fueron a la encina el Águila, la cual tenía una cruz hecha y hasta llegar al Rincón. En los años noventa del siglo XV seguía existiendo esta encina, sin embargo, ahora se indica que solía tener tres cruçes y va a dar al Arenosa (…)”. Después de leer estas líneas me sentí intrigado y con mucha curiosidad por averiguar el lugar donde se ubicaba esta encina, que muy posiblemente sería un ejemplar de gran porte, ya que como hemos podido leer servía de mojón para delimitar los términos de La Rambla y del Señorío de Aguilar. De la lectura del párrafo aportado comprobamos que esta encina se encontraba junto al camino de La Rambla a Montilla y cercana al pago de La Arenosa o Las Arenosas, por lo cual, casi con toda seguridad esta encina se hallaba en la zona conocida actualmente como El Portichuelo, ya que por ese lugar discurría el camino de La Rambla a Montilla, sirviendo el mismo camino de separación de los términos, además de estar muy cercano al pago de Las Arenosas. Como hemos leído, al pie de esta encina existían una o varias cruces y un águila de piedra, que muy posiblemente sería un escudo de la Casa de Aguilar, la cual usó constantemente la figura del águila como símbolo principal de su señorío, sirviendo además en este caso para dejar claro a todo el que por allí pasara que los dominios del Estado de Aguilar (que así se llamaba también) llegaban hasta ese lugar en aquella zona. En la actualidad, y por desgracia, la Encina del Águila ya no existe, sirva esta pequeña entrada del blog para dejar más constancia de ella en internet y para conocimiento de los posibles lectores de este pequeño rincón del ciberespacio, en especial los rambleños, ya que de la lectura del párrafo extraído se intuye y entiende que debió de ser un árbol muy especial para sus antepasados.

En azul la zona aproximada donde debió estar la Encina del Águila. En naranja el tramo del camino de La Rambla a Montilla más cercano al pago de Las Arenosas (sirviendo el mismo de linde entre los términos de La Rambla y Montilla).
La misma foto de antes pero en vista satélite.
Escudo de la Casa de Aguilar-Priego en Montilla (actual Casa de Medinaceli).
Escudo de la Casa de Aguilar-Priego
Escudo actual de Aguilar de la Frontera
Escudo de la Casa de Aguilar en una fachada de una casa particular, representando a un águila.
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Árboles singulares de Montalbán: el “nogal pecano” de Tentecarreta.

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También conocido como “nogal americano”, este gran árbol se encuentra situado en el pago rústico de Tentecarreta, al este de Montalbán y a un kilómetro y medio aproximadamente del casco urbano de nuestro pueblo. El pago de Tentecarreta es uno de los más conocidos de Montalbán, por su catacumba y sus restos arqueológicos, por sus fértiles tierras, por sus sabrosas naranjas, por su abundante agua de excelente calidad, así como por su paisaje quebrado y de gran belleza, y a todo lo dicho habría que sumar que posee un ejemplar de nogal pecano de grandes proporciones al que merece la pena dedicar una entrada del blog. 

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Se trata de un Carya Illinoinensis, también conocido como Nogal Pecano, y es originario del sudeste de Estados Unidos. Estos árboles producen unas nueces que son muy apreciadas, por lo que se cultiva en muchos países a lo largo del mundo. El árbol que nos ocupa tendrá entre 60 y 70 años aproximadamente y ha crecido exponencialmente gracias a que está situado al pie de un buen venero de agua (justo al lado de la catacumba), siendo sus medidas aproximadas en la actualidad de 18 metros de altura, 2 metros de circunferencia de tronco a ras de suelo y una anchura de copa que supera los 15 metros. Su porte es realmente impresionante, pero lo sorprendente es que estos árboles pueden llegan a medir el doble de lo que mide éste, ya que pueden superar los 40 metros de altura. Hay que aportar también que este árbol se encuentra actualmente en perfecto estado de conservación y con un aspecto muy saludable, gozando de un verdor muy llamativo y no teniendo síntomas de ningún tipo de enfermedad.

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Para terminar hay que añadir que su fruto es la “nuez pecana”, la cua es de un color más oscuro y más fina y alargada que la del nogal común, siendo muy sabrosas sus nueces, como yo mismo he podido comprobar y degustar. Espero que esta pequeña entrada del blog sirva para descubrir este singular árbol a muchos montalbeños que estoy seguro desconocen su existencia.

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Breves apuntes sobre las fuentes y manantiales más destacables de Montalbán.

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Bocamina de la Alameda

En el término municipal de Montalbán han existido desde tiempo inmemorial manantiales y fuentes que han servido de suministro de agua para las personas, la ganadería, la agricultura y otros quehaceres diarios. En esta entrada del blog voy a dar unas pequeñas pinceladas acerca de aquellas que considero más importantes. Para ello, aportaré información sobre su historia, su toponimia y algunas curiosidades más. Espero que al lector le guste esta entrada y la disfrute lo mismo que yo lo he hecho mientras investigaba y escribía.

 

 

Albercas de Tentecarreta:

El pago de Tentecarreta, situado a 1,5 km. aproximadamente al este del pueblo, es uno de los más conocidos de Montalbán sin lugar a dudas, por su catacumba y restos arqueológicos, por sus fértiles tierras, por sus sabrosas naranjas, por su abundante agua de excelente calidad, así como por su paisaje quebrado y de gran belleza. Al visitar el pago de Tentecarreta con la intención de recabar información para esta entrada del blog tuve la gran suerte de encontrarme con uno de los propietarios de tierras en aquel lugar, Gabriel González Muñoz, que hizo de improvisado cicerone y al que agradezco su amabilidad. Su familia tiene el privilegio de ser dueña de un pilón y tres albercas que allí hay, a cada cual mas antigua e interesante, y que paso a detallar someramente:

ca6dffec-6956-4afa-921d-802d5d8db4ffPilón: Se trata de un pilón de 1,90 m. x 2,57 m. Este pilón es el que se encuentra a más altura y en el primero que se almacena un agua cristalina. Junto al caño hay un vaso para beber y probé por mí mismo el exquisito sabor de estas aguas, debido a su paso y filtración por estos cerros arenosos del pago de Tentecarreta.

 

 

b2cacfef-2078-4690-83d2-37422f2d24e4Alberca-Lavadero: Se trata de una gran alberca-lavadero que está justo por debajo del pilón que se dijo antes. Es cuadrada y tiene aspecto de ser muy antigua. Sus medidas son de 4 m. x 4 m. aproximadamente. A esta alberca venían las mujeres de Montalbán a lavar la ropa, después la tendían al sol en unos tendederos cercanos, y una vez seca era recogida y llevada de nuevo al pueblo.

 

8351ba72-b6ac-4f27-9584-fa68d7ceb628Alberca de los Muertos: Se trata de otra hermosa alberca-lavadero de forma rectangular, siendo sus medidas de 6,30 m. x 4,80 m. Está situada por debajo de la anterior. Sin embargo esta alberca tiene una historia muy especial que le da el nombre por el que es conocida. Y es que cuando alguien fallecía y se podían aprovechar sus ropas, se lavaban aparte en esta alberca para no mezclarlas con la ropa de los vivos, que se lavaba en la alberca-lavadero anterior, situada a más altura. Esta costumbre, que puede parecernos supersticiosa, era algo muy común antiguamente, y en cierto modo es comprensible, por el miedo ancestral a las enfermedades que ha acompañado al hombre desde tiempo inmemorial.

26cfb208-c970-4631-a6f6-99e9dd5ed1f1Alberca de bañarse: Preciosa alberca octogonal de un diámetro aproximado de 5,30 m. y cuyos ocho lados miden 2,30 m. cada uno. Los montalbeños usaban esta alberca para bañarse y aprender a nadar cuando en nuestro pueblo aún no había Piscina Municipal. Con respecto a este hecho hay una anécdota muy simpática, ya que por lo visto era una mujer mayor la encargada del cobro a los bañistas, los cuales debían pagar medio real o un real respectivamente dependiendo de si tenían la “pilila” blanca o negra, es decir, dependiendo si eran niños o ya hombrecitos, y como algunos picaruelos querían pasar por niños para pagar menos, esta mujer y sin cortarse lo más mínimo les decía: “venga, bájate el bañador que compruebe yo si tienes que pagar por pilila blanca o negra”.

Con respecto a la toponimia del pago de Tentecarreta, hay que decir que estamos ante un nombre muy bonito, original y además único en España. El topónimo se divide en dos partes claramente diferenciadas; “tente” y “carreta”. “Tente” hay que entenderlo como una contracción de “sostente” o de “detente”, de “sostener” o “detener”, y “carreta” pues todos sabemos lo que es; un carro tirado por bestias. Creo que la explicación al por qué se le dio ese nombre es porque por allí discurre el antiguo camino de Montalbán a Montilla y el terreno es muy quebrado, por lo cual las carretas pasarían por este lugar con no pocas dificultades.

 

Pilar de la Huerta de Dios o Fuente del Pilar:

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Fuente y pilar muy antiguos que están situados en el pago de la Huerta de Dios, también denominada popularmente como la Huerta del Pilar, cerca del Instituto de Enseñanza Secundaria “Maestro Eloy Vaquero” y de la zona polideportiva de Montalbán. En fechas recientes ha sido remozado de forma muy positiva y se ha recuperado su aspecto primigenio. Presenta un gran pilar cuyas medidas son 20 m. x 2,50 m. aproximadamente, al que vierten dos caños situados de manera asimétrica en el frontal. En este paraje, que cuenta con buenas sombras y con agua, los montalbeños celebramos cada 15 de mayo la Romería de San Isidro Labrador. Su topónimo es evidente, al ser un pilar sito en el pago mencionado de la Huerta de Dios. En cuanto a éste último topónimo (Huerta de Dios), está claro que el origen principal es que en aquella zona de nuestro término existían huertas, pero se desconoce de dónde puede provenir esa terminación “de Dios”, aunque sí que sabemos que en la Fuente de la Piscina (de la que hablaremos seguidamente) existió hasta no hace muchos años un escudo de piedra caliza justo encima del caño de la primera alberca, y en él estaban grabados un cáliz del que salía una oblea (hostia), símbolos del Santísimo. Desgraciadamente este escudo no se ha conservado. Desconozco si el mismo tendrá algo que ver para que en su día se llamase a aquel lugar la Huerta de Dios.

 

Pilar y alberca-lavadero de la Huerta de Dios o Fuente de la Piscina:

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Situado en el mismo pago que se citó anteriormente, muy cerca del Instituto de Secundaria “Maestro Eloy Vaquero” y de la zona polideportiva de Montalbán. También es conocida popularmente como la Fuente de la Piscina, debido a que se halla dentro del recinto de la Piscina Municipal, la cual se encuentra a escasos 50 metros y siendo además este manantial el que la surte de agua. Esta fuente y su alberca eran usadas antiguamente como lavadero público. En la actualidad se encuentra en muy buen estado de conservación, al haber sido remozado completamente no hace muchos años. En cuanto a su topónimo, al igual que el anterior está relacionado con el pago de la Huerta de Dios, del que ya se mencionó que se refiere a las huertas que aquí había, y la coletilla “de Dios” posiblemente tenga su origen en un escudo de piedra caliza que había colocado en esta fuente que nos ocupa y que representaba los símbolos del Santísimo; un cáliz y una oblea.

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Presenta un solo caño que vierte a una pila rectangular que vierte su agua por un regajo a otra pila rectangular mayor, el agua de esta alimenta una especie de estanque en los que hay numerosos peces. La fuente se compone de un frontón de ladrillo situado en su extremo oriental que consta con una pilastrilla, en forma de caseta, para la salida del agua y dos frontones triangulares superpuestos. El caño que sale de la pilastra de ladrillo, por su cara oeste, vierte en un pilar de planta cuadrangular de 2.20 x 1.90 m. y 80 cm. de altura, en cuyos lados mayores (norte y sur) el pretil aparece inclinado formando lavadero. Por el muro oeste, y a través de un caño abierto en su parte superior, el agua pasa a un segundo pilar de planta rectangular, de 6 x 2.60 m. e igual altura que el anterior, que igualmente tiene el pretil de sus lados mayores en talud formando lavadero. Desagua por su extremo oeste, por un caño situado en la parte inferior del pretil, vertiendo en un estanque octogonal de carácter decorativo. Unos 40 m. al este aparece una arqueta que forma parte de la conducción que aporta el agua a la fuente y que debe bajar desde la colina situada a oriente del conjunto. La información de este último párrafo ha sido extraída de la página web conocetusfuentes.com.

 

Pilar del Cambrón:

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Pilar muy antiguo situado al sur del pueblo y junto a la antigua Vereda de Málaga, una importante vía de comunicación que pasaba por Montalbán y unía las capitales de Córdoba y Málaga. También está muy cerca de la carretera A-3133, que une Montalbán con Puente Genil. En la actualidad presenta un buen estado de conservación, habiendo sido remozada y adecentada también la zona donde se halla el pilar en cuanto a su firme y a dotarlo de arbolado de sombra. Este pilar da nombre al pago rústico homónimo y al tramo de la citada Vereda de Málaga que por allí discurre, siendo nombrada en esa zona como Vereda del Cambrón. En cuanto a su toponimia, el cambrón es un arbusto de la familia de las Ramnáceas, de hasta 4 metros de altura, con ramas divergentes, torcidas, enmarañadas y espinosas, hojas pequeñas y glaucas, flores solitarias blanquecinas y bayas casi redondas que pueden ser usadas como laxante o purgante. Es posible que antaño hubiera un cambrón en las inmediaciones o junto a dicho pilar, aunque tampoco es descartable que el topónimo pueda estar relacionado con el apellido Cambrón. De pequeños, recuerdo que por una mezcla de ignorancia y picardía le llamábamos “Pilar Cabrón”. Para terminar me gustaría añadir un dato curioso que me contaron hace tiempo y que me sorprendió y me resultó muy interesante, y es la relación que tiene el Pilar del Cambrón con los fenómenos paranormales o como mínimo de naturaleza extraña. Al parecer, y según decían los aguadores, cuando se venía la noche y empezaba a oscurecer se oían ruidos extraños o voces que los desconcertaban y azoraban. Puede que simplemente fueran el viento y los desniveles del terreno los que producían esos efectos sonoros de forma natural, pero la cuestión es que a la gente no le gustaba que le cogiera la noche en el campo en aquella zona debido a las historias que contaban los citados aguadores.

Se compone de una alcuba de 2 metros de altura emplazada al norte del conjunto. Cerca del ángulo noroeste, de la pared sur de la alcuba sale una pilastra de planta rectangular de cemento que protege el caño que conduce el agua hasta el pilar. En esa misma pared se conserva la inscripción, pintada en negro sobre la cal, “Pilar del Cambrón. El agua para el ganao y los árboles para dar sombra”. El pilar es, sin duda, la parte más importante del conjunto pues se trata de una construcción de sillería, con llagueado de las juntas, de planta rectangular y dimensiones de 9.30 m. x 2.80 m. Está rematado en sus ángulos por bloques de piedra labrada en forma semicircular que actúa de adorno y contrafuerte. Desagua por el lado este, donde cuenta tanto con un orificio circular en la parte baja del muro como un rebaje en el pretil. La información de este último párrafo ha sido extraída de la página web conocetusfuentes.com.

 

Pilar del Prado:

El Prado

Fuente y pilar muy antiguos que existen en el cortijo y pago del Prado, al sureste de Montalbán y cerca de la carretera CO-5211, que une Montalbán con Aguilar de la Frontera. Este pilar ha debido servir tradicionalmente para el abastecimiento de la población y de las caballerías, en relación con el camino donde está ubicado. En cuanto a su toponimia, un prado es un terreno en el que se deja crecer o se siembra la hierba y el forraje como pasto para el ganado. Este pago con toda seguridad recibió este nombre debido que desde tiempo inmemorial tuvo una gran actividad ganadera además de agrícola. En él se criaban grandes vacas “de carne”, era una imagen muy típica de aquel pago el ver las vacas pastando. En la actualidad ya no hay ganado en “El Prao”, que es como lo llamamos los montalbeños. Por varios documentos antiguos sabemos que antiguamente este pago se llamaba Prado de Hazamaymón, además para reafirmar lo muy antiguo que es el topónimo, hay un documento de la Casa de Aguilar de principios del siglo XVI en el que se describen las posesiones territoriales de Montalbán, y se puede leer lo siguiente: Datos de propiedades territoriales de Montalbán (Casa Aguilar-Priego): Haza de Córdoba, Haza de Fuente el Abad, Haza de Maymón, Haza del Pozuelo de Fernán Alonso y Haza de Matacheles. Por tanto podríamos concluir que antiguamente este pago se llamaba Prado Haza de Maymón, y que con el pasar de los años se quedó simplificado a El Prado a secas. Como curiosidad podemos aportar que tradicionalmente los montalbeños han dicho en broma que quien bebía las aguas del pilar del Prado se volvía tonto.

Presenta un pilar de amplias dimensiones. El agua se vierte a una pequeña pileta y esta a su vez vierte sobre el pilar principal, el agua pasa a un canal que la eleva a una especie de alberca redonda por donde pasa al arroyo. El agua llega a la fuente desde el oeste, a través de una canalización subterránea que antes era de atanores de cerámica y hoy de PVC, que la trae desde el nacimiento del venero situado en la parte septentrional de la sierra Caramolos. Durante los últimos veinte metros de su recorrido la conducción discurre sobre la superficie, protegida por un muro de ladrillo. Vierte en una pileta, edificada también en ladrillo, que tiene unas dimensiones de 1.60 m. x 1.40 m. al exterior y de 90 cm. x 60 cm. de hueco y con 70 cm. de profundidad. Comunica, por su muro este y a través de un canalillo labrado en su parte superior de 15 cm. x 80 cm., con un extenso pilar abrevadero de planta rectangular, de 10.50 m. x 2.60 m. y una altura de 60 cm aproximadamente. Está construido en ladrillo y va reforzado mediante contrafuertes de piedra situados tanto en cada uno de sus ángulos, como en sus lados mayores (dos en cada lateral). El agua evacúa por un rebaje en el pretil del muro este y sale por un canalillo angosto que, sobre el terreno, la conduce hasta otro pilar abrevadero de grandes dimensiones (más largo pero más estrecho), con planta rectangular de 11.90 x 1.30 m.; tiene pretil de ladrillo y está enrasado con el terreno, contando con una profundidad de unos 35 cm. Este segundo pilar desagua también por su extremo este por medio de una piletilla desde la que el agua continua por un canalillo de ladrillo de 16 m. de longitud hasta dar en una alberca circular de 5 m. de diámetro y de ahí desagua, de manera definitiva, por un rebaje situado en la parte noroeste hacia un arroyo cercano. La información de este último párrafo ha sido extraída de la página web conocetusfuentes.com.

 

Pilar-lavadero de la Huerta del Melero:

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Alberca o pilar que antiguamente sirvió también de lavadero. Está muy cerca de Montalbán, en su parte este y a apenas 300 metros del casco urbano del pueblo, concretamente en el pago de la Huerta del Melero. Se trata de una alberca-lavadero donde iban las mujeres de Montalbán a lavar la ropa, además sus aguas eran usadas también para regar la huerta. Se encuentra en buen estado de conservación, su forma es rectangular y sus medidas son 7,40 m. x 3,80 m. Recibe el agua de una bocamina (mina de agua) cercana y a la que no se puede acceder debido a que los derrumbes del terreno cegaron su entrada, si bien sigue alimentando de agua la alberca. Según me cuentan personas que conocieron esa bocamina, la misma es muy profunda, llegando incluso a alcanzar los cien metros excavados en el cerro. Este pilar-lavadero es de titularidad privada y actualmente está cercado y se siguen usando sus aguas para regar la huerta que hay en las inmediaciones. El topónimo es nombrado popularmente por los montalbeños como “Huerta Melero”. Siempre fue terreno de huertas este pago montalbeño. El “del Melero” puede tener dos orígenes; que algún propietario se apellidaba Melero, cosa que es probable debido a que había personas con este apellido en Montalbán (aunque a día de hoy ya no), o que en aquel lugar existieran colmenas de abejas y hubiera uno o varios meleros o mieleros (apicultores) que se ocupaban de ellas. La Huerta de Melero era conocida antiguamente también como Huerta de las Zorreras o simplemente las Zorreras, si bien este topónimo ha caído en desuso.

 

Fuente del Mansegar:

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Situada al noreste de Montalbán, no muy lejos del casco urbano y muy cerca del Cementerio Municipal. Está ubicada en el pago del mismo nombre, El Mansegar, y así se llama también un arroyo que nace en sus inmediaciones y discurre en dirección sur. Junto a esta fuente hay una pequeña y bonita alameda, donde a principios del verano todavía es posible ver luciérnagas. En cuanto a su toponimia, un “mansegar” sería un lugar donde abunda la “mansiega”, que es el nombre popular de la “Carex Flacca”, la cual es una hierba rizomatosa que crece en prados y bosques suficientemente iluminados de parte de Europa y norte de África. Es de suponer que esta hierba era muy común allí, lo que podría haber dado lugar a que se le pusiera ese nombre. Como curiosidad, y en relación con este topónimo, podemos añadir que en la vecina localidad de La Rambla existe un arroyo llamado Mansegoso, y que seguramente su nombre también tiene su origen en la mansiega.

Consta de una pilastra de ladrillo de planta cuadrada, de 40 cm. de lado por 90 cm. de altura, rematada por una esfera. El caño de agua está situado en la cara sur y vierte en un pilar de ladrillo circular de 3 m. de diámetro y 50 cm. de altura en cuyo centro se sitúa la pilastra descrita. Este pilar se encuentra en un terreno algo deprimido respecto del entorno y enmarcada por un recinto de ladrillo moderno. Unos 30 m. al noreste aparece la alcuba de la fuente, un edificio de ladrillo rematado por bóveda de medio cañón. La información de este último párrafo ha sido extraída de la página web conocetusfuentes.com.

 

Fuente del Soto:

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Conocida popularmente en Montalbán como la Fuentecita del Soto. Se trata de una fuente muy antigua que existe al sur del término municipal, a unos 4 km. del pueblo. Se accede a ella por la carretera de Montalbán a Puente Genil (A-3133), en la que al llegar al cruce con la carretera que va hacia El Fontanar y Santaella (CV-267) tomaremos el camino de tierra que sale frente a dicha carretera y que es el antiguo camino de Aguilar a Santaella, y a unos 500 m. encontraremos el cartel de la Fuentecita del Soto. La fuente es una pequeña alcubilla, sin puertas ni cerramiento de ningún tipo y junto a una enorme higuera. Por desgracia actualmente se encuentra colmatada debido a las avenidas de agua a consecuencia de las lluvias. Tradicionalmente esta fuente ha servido para el aprovisionamiento de agua para viajeros y bestias en relación con el antiguo camino de Santaella a Aguilar, donde se ubica, así como para labradores y trabajadores del campo en general. Sabemos que esta fuente montalbeña es muy antigua porque hay varios documentos que así lo prueban, entre ellos cabría destacar uno del siglo XVI en el que la mencionan como mojonera en la división de las jurisdicciones realenga y señorial. En ese mismo documento, el cual consiste en un pleito de lindes, se menciona también que en el entorno de la Fuente del Soto había gran cantidad de álamos. Esta interesante información la obtuve de la tesis doctoral de Javier López Ríder, “Santaella y el suroeste de la Campiña Cordobesa en la Baja Edad Media”. En referencia a su toponimia, nos dice el Diccionario de la Lengua Española que un “soto” es un sitio que en las riberas está poblado de árboles, y está claro que así ha sido siempre el lugar donde se ubica esta fuente junto al camino de Aguilar a Santaella, un lugar con agua y un pequeño arroyo donde abundan los álamos y los olmos, es decir, un soto. En cuanto a su descripción arquitectónica, estamos ante un depósito de planta circular excavado en la roca y al que le entra el agua por el sureste, tiene un metro de diámetro y una profundidad de 40 cm. y está cubierto por una caseta de mampostería, y comunica por el noroeste con un pilar de ladrillo de planta oval, de 2 m. x 1 m., que tiene el pretil a ras del suelo. Evacúa directamente sobre el terreno hacia el arroyo de la Fuente del Soto, al que como vemos le da el agua y el nombre.

 

Bocamina y poza de la Alameda:

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Se trata de una antigua mina de agua que existe al oeste del pueblo, muy cerca del casco urbano, concretamente en el pago de las Barranqueras y en un paraje muy conocido por los montalbeños por su arboleda de álamos negros (olmos) y denominada popularmente La Alameda. Esta mina de agua, llamada también “bocamina”, está excavada en el terreno en una galería horizontal de unos 12 metros de largo por 2,20 m. de altura aproximadamente, obteniéndose agua de ella desde tiempo inmemorial. El agua fluye y por gravedad se dirige hasta una poza situada al pie de la bocamina y excavada al efecto para almacenar el agua, la cual se usa para el riego de una huerta aledaña y también para que beban los animales. La citada poza es de forma rectangular y mide más o menos 7 m. x 4 m. En cuanto a su toponimia, nos dice el Diccionario de la Lengua Española que una “bocamina” es la entrada a la galería o pozo de una mina, mientras que de la palabra “poza” refiere de forma genérica que es una concavidad en la que hay agua retenida. Esta fuente de agua se encuentra en manos privadas en la actualidad. En esta poza abundan las ranas y otros animales acuáticos y recuerdo que siendo niños nos íbamos allí a jugar y a cazarlas. El entorno de la bocamina y la poza, y de la Alameda en general, es muy bonito por hallarse en una zona abrupta donde se mezclan los olmos, las higueras bravías, las zarzas y otras plantas en una fronda muy singular, existiendo también fauna salvaje como ginetas, abejarucos, lagartos, comadrejas, serpientes, autillos y muchos otros pequeños animales. Debido a que este paraje en ciertos lugares resulta umbrío y misterioso ha estado relacionado siempre con varios personajes de la “mitología montalbeña” (por llamarla de alguna manera), como son la “Cabrilla Coja”; a la que ya dediqué una entrada del blog y que al parecer sería una especie de cabritillo cojo que se aparece y asusta a los que pasan por aquel lugar al anochecer y que a su vez se usaba para asustar a los niños, el “Duende de la Alameda”; que sería un duende que habita y se esconde en lo más recóndito de este paraje y el “Culebrón de la Alameda”, la cual sería una serpiente de enorme tamaño que vive también en estas frondas y que al parecer habría sido vista en algunas ocasiones, causando asombro y temor al “afortunado” que se topara con ella. Todos estos seres fantásticos dan a la Alameda un aire enigmático que la convierte en un lugar muy especial desde mi punto de vista, y no debe extrañarnos nada que estas historias hayan surgido del acervo popular relacionadas con un lugar tan cercano al casco urbano pero que conserva parte de su vegetación boscosa autóctona, manteniéndose como una pequeña “joya verde” junto a Montalbán.

 

El Pozuelo:

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Pozo público muy antiguo y de considerable tamaño (4 metros de diámetro) que existe al sur del casco urbano de Montalbán, al final de la calle Pozuelo, a la que le da nombre. También da nombre a un pequeño parque ajardinado aledaño y a un camino público que desde las inmediaciones de este pozo parte en dirección suroeste hacia el pago de La Laguna. En este pozo, y según me contaba mi abuelo Andrés, muchos niños montalbeños aprendieron a nadar, para ello se ataban con una cuerda alrededor de la cintura mientras otro niño sujetaba el otro extremo de la citada cuerda, evitando así hundirse. Aplicaban este método hasta que conseguían dominar la técnica natatoria. Junto a este pozo siempre ha existido un pequeño pilar que servía de abrevadero para las bestias, siendo el actual de forma rectangular y de un tamaño aproximado de 3,20 m. x 1,50 m. Actualmente el pozo se encuentra tapado y cerrado con dos puertas; una lateral y otra en el techo que tapa el brocal. En cuanto a su toponimia, queda claro que “pozuelo” es un diminutivo de “pozo”, aunque en este caso el nombre podría entenderse como algo contradictorio, ya que este pozo no es pequeño precisamente. Siguiendo con la toponimia, me gustaría aportar que por un documento del año 1505 perteneciente a la Casa de Aguilar-Priego, sabemos que entre las posesiones territoriales de Montalbán se encontraba una denominada Haza del Pozuelo de Fernán Alonso”. Aunque hasta ahora no se ha podido probar documentalmente, podría ser que el Pozuelo actual fuera el mismo que menciona el documento de 1505, lo que demostraría lo muy antiguo que sería este topónimo y por tanto este pozo. En cuanto a la identidad de ese Fernán Alonso, y aunque también resulta muy difícil de demostrar, podría tratarse de Fernán Alonso de Montemayor, esposo de Beatriz Fernández de Córdoba “Señora de Montalbán”, la cual intentó repoblar nuestro pueblo en el año 1450 con escaso éxito.

 

Pozo de los Cochinos:

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Este pozo es de titularidad municipal y hoy en día se encuentra con su brocal tapado y cerrado con una puerta. Está situado al sur del casco urbano montalbeño, a apenas un kilómetro, junto a la Vereda de Málaga y cerca del Pilar del Cambrón, formando parte de los abrevaderos que tenía aquella zona como descansadero de ganado aledaño a la vereda citada, que en aquel tramo también recibe el nombre de Vereda del Cambrón. En las inmediaciones de este pozo tiene su inicio el “partidor del Pozo de los Cochinos”, que es un camino o senda que sirve de división de tierras en el cercano pago de La Laguna. El origen del nombre está en que los cochinos bebían del agua de este pozo, bien porque su brocal fuera más bajito o porque se derramara o manara el agua hacia afuera y bebieran de la misma junto al pozo.

 

Pozo Redondo:

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No muy lejos del anterior, apenas a doscientos metros al norte del Pilar del Cambrón y en un paraje conocido como Las Zorreras, se halla el Pozo Redondo. Está situado también al sur del casco urbano de Montalbán y forma parte de los abrevaderos y pozos que se ubicaban en esa zona aledaña a la Vereda de Málaga. Es éste también un pozo de titularidad municipal y actualmente se encuentra tapado y cerrado con una puerta. A unos 30 metros al oeste y aledaña a este pozo, había una alcuba a modo de construcción de ladrillo rematada por bóveda de medio cañón, la cual tenía un arca de agua a la que se accedía bajando unas escaleras y que estaba abierta para que la gente accediera a ella. A día de hoy no existe la citada alcuba. En cuanto al origen del topónimo, lo más seguro es que esté en relación con la forma circular del pozo, sin embargo como esta teoría no está totalmente probada, tampoco se debería descartar la posibilidad de que su nombre esté en relación con el apellido Redondo, aunque que yo sepa, este apellido nunca ha existido en Montalbán.

 

Pozo del Prado Albán:

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Pozo muy antiguo que existe en el pago rústico montalbeño denominado Prado Albán. Se ubica al oeste de Montalbán, a 1,5 km. del casco urbano aproximadamente y junto a un camino también llamado de Prado Albán. En sus inmediaciones recoge sus primeras aguas un pequeño curso de agua llamado arroyo o albina de Prado Albán y que desemboca en la Acequia de la Laguna. El pozo está tapado y tiene una compuerta que da acceso al mismo. Este pozo está en manos privadas en la actualidad, si bien desde tiempo inmemorial ha servido para abastecer de agua a las personas y animales que pasaban por el citado camino. Antiguamente junto al pozo había un pequeño pilar que servía de abrevadero, aunque hoy en día no está. Con respecto a su toponimia, y aunque “Prado Albán” (prado albano) significaría “prado blanco”, todo parece indicar que este nombre sería una contracción de “Prado de Montalbán”, evolución de la palabra que no debe extrañarnos lo más mínimo y que ha ocurrido con muchas otras, por ejemplo en el cercano pago de Robabotas, al que los montalbeños llamamos “Rebotas”. Por otro lado, gracias a la tesis doctoral de Javier López Ríder “Santaella y el suroeste de la Campiña Cordobesa a finales de la Edad Media” sabemos que esta zona del término municipal de Montalbán formó parte de una dehesa para ganadería durante el siglo XV y quizá antes, por lo que muy posiblemente el nombre de “Prado Albán” esté relacionado con este hecho, ya que según el Diccionario de la Lengua Española un “prado” no es otra cosa que un terreno destinado a pastos para el ganado. Los montalbeños nombramos al pago donde se ubica este pozo como “Praoalbán”.

 

Alberca del Huerto de Ayllón:

Se trata de una pequeña alberca, posiblemente muy antigua, situada en el pago rústico del Huerto de Ayllón, al oeste de Montalbán y no muy lejos de su casco urbano. Esta alberca recogía el agua proveniente de un manantial que existe en las inmediaciones, la cual era usada para el riego de los huertos que había en el citado pago. Recuerdo que de niños, en nuestras caminatas por el campo poniendo costillas y haciendo travesuras, íbamos a esta alberca a bañarnos y a beber del pequeño chorrito de agua que la alimentaba. También solíamos poner varetones con liria para cazar pajarillos en el pequeño arroyito que formaba el desagüe de la alberca. Actualmente, se encuentra tapada y se accede a la misma mediante una compuerta que tiene en su parte superior. En cuanto al apellido Ayllón, es toponímico, concretamente del municipio de Ayllón (Segovia). El étimo del topónimo Ayllón podría derivar el árabe “ayûn”, “fuentes”, aunque también podría tratarse de un derivado romance del latín “agellu”, “campito, campillo”, a través de un resultado “ayillo” o “ayiello” pero en el aumentativo “Ayillón”, que posteriormente derivaría en el actual “Ayllón”. Casi con toda seguridad, algún antiguo propietario de tierras en este pago rústico montalbeño debió apellidarse así, por ese motivo su nombre es del de “Huerto de Ayllón”.

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Origen de los nombres de los pueblos de la Campiña Sur Cordobesa.

Los doce municipios que conforman la comarca de la Campiña Sur Cordobesa son los siguientes: Aguilar de la Frontera, Fernán Núñez, La Guijarrosa, Montalbán, Montemayor, Montilla, Monturque, Moriles, Puente Genil, La Rambla, San Sebastián de los Ballesteros y Santaella. A continuación dejo unas breves pinceladas sobre los orígenes de sus nombres, los cuales son unos topónimos muy variados y desde mi punto de vista muy bonitos, interesantes y cargados de historia.

 

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Aguilar de la Frontera: Son cuatro los nombres que ha tenido este antiguo e importante pueblo a lo largo de la historia; en época ibero-romana se denominaba Ipagrum, durante la dominación musulmana fue llamado Poley o Bulay, tras la reconquista se cambió de nuevo su nombre a Aguilar y durante un corto periodo de tiempo, en el siglo XIV, fue llamado Monterreal por dictamen del rey Pedro I “el Cruel” y como “castigo” a la rebelión de uno de los señores de Aguilar, sin embargo este nombre no cuajó y volvió a llamarse Aguilar nuevamente en poco tiempo. Centrándonos en el topónimo actual, el nombre de Aguilar le fue dado tras la reconquista cristiana. Fue el monarca Fernando III “el Santo” quien la reconquistó a los moros en el año 1240. El primer gobernador cristiano fue un portugués procedente de una familia toledana, Gonzalo Yáñez d’Ovinhal, que la recibió en forma de Señorío de Aguilar. D. Gonzalo era hijo de Juan Gómez d’Ovinhal, rico-home de Portugal, y de María Pérez de Aguilar, hija de los señores de la villa de Aguiar en Portugal. Ya con Alfonso X es cuando la población pasa a denominarse Aguilar, nombre que proviene, como hemos visto, de la familia de la madre de don Gonzalo Yáñez d’Ovinhal, en definitiva del Aguiar portugués. Hay que decir que el significado de la palabra “aguilar” sería el de un lugar donde abundan las águilas. Finalmente, en 1842, se le agregó el calificativo “de la Frontera”, debido a su cercanía a la frontera con el reino nazarí de Granada durante la Baja Edad Media. El gentilicio de este municipio es “aguilarense”, “aguilareño-a” o “ipagrense”.

 

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Fernán Núñez: En época ibero-romana la zona donde hoy se asienta Fernán Núñez perteneció al territorio de la antigua e importante ciudad de Ulia, la cual abarcó un amplio territorio entre los términos municipales de Fernán Núñez y Montemayor. Posteriormente, durante la dominación musulmana, este territorio se encontraba dentro la cora (demarcación territorial) de Córdoba. Durante la reconquista, en el 1240, estos territorios fueron tomados por las tropas del rey Fernando III. Uno de los capitanes que participó en estas acciones bélicas fue Fernán Núñez de Témez (de origen gallego) el cual se apoderó de una de las torres defensivas musulmanas que había en esta parte de la campiña, en concreto la torre de Aben Hana, a la que dio su nombre. El capitán Fernán Núñez de Témez inicia el tronco familiar de los Fernández de Córdoba andaluces. Esta torre fue el germen de la actual localidad. Los restos de la torre mencionada aún existen y están integrados en el Palacio ducal, siendo visibles hoy en día. Muy cerca de allí, y también en tiempos de la reconquista, existía otra torre llamada Aben-Cález y de la que quedan algunos restos todavía. Dicha torre, ya en época cristiana, tenía una pequeña población aledaña con su propia parroquia, sin embargo debido a las incursiones y al hostigamiento de los moros del reino nazarí de Granada quedó finalmente despoblada, ya que sus habitantes terminaron por marcharse a vivir a la cercana Fernán Núñez, la cual estaba mejor defendida. El gentilicio de este municipio es “fernannuñense”.

 

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La Guijarrosa: En algunos documentos antiguos aparece este topónimo en la forma “La Hijarrosa”, sin embargo, este hecho hay que tomarlo como un error al escribirlo, pues su nombre correcto siempre fue “La Guijarrosa”. El nombre “guijarrosa” está en relación, obviamente, con los guijarros, (cantos rodados), que son piedras lisas, de tamaño mediano o pequeño y de forma más o menos redondeada, los cuales son muy abundantes en esta parte de la campiña. Al parecer, estas piedras formaban parte del fondo marino hace millones de años. Por tanto, el significado del topónimo es el de una zona del campo donde hay muchos guijarros. El gentilicio de La Guijarrosa es “guijarroseño-a”.

 

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Montalbán: Aunque han aparecido algunos restos arqueológicos, todo apunta a que en la antigüedad no existió ningún asentamiento ni población de importancia en el cerro donde se asienta Montalbán. En época musulmana sí que existió en este lugar una torre vigía, la cual con toda seguridad tendría algún núcleo de población pequeño aledaño a la misma, sin embargo desconocemos su nombre. La historia documentada del pueblo se remonta a finales del siglo XIV, ya en época cristiana, tras la reconquista un siglo antes. Por distintos documentos de finales de la Edad Media sabemos que el nombre de esta localidad se escribía como “Monte Alván”. Estando de acuerdo en que el nombre de este municipio tiene una clara procedencia castellana y por ende latina que significa “monte blanco” (montem albanum, monte albano, monte albán, montalbán), no se ha podido demostrar hasta ahora por qué motivo, en qué momento de la historia o quién dio ese nombre a la localidad. Hasta nuestros días, en Montalbán, se ha dado por buena la “teoría oficial”, la cual afirma que el color de la tierra del cerro (piedra caliza) donde se asentó el caserío, es lo que propició que en su día fuera llamado así, sin embargo, este hecho, a falta de documentación que lo corrobore, no se ha podido probar con total rotundidad, ya que sin ser oscuro el color de la tierra del cerro, tampoco destaca notablemente por su blancura, como sí ocurre por ejemplo en el cercano pago santaellano de “Cerro Blanco”, donde el color de dicho montículo es claramente albo. También existe otra teoría, no probada, que dice que podría ser una transformación o castellanización del nombre de origen árabe-andalusí “amantebec” o “aman-teben”, que vendría a significar “puerto de la paja”. Para poder investigar esta última teoría, sería conveniente sumergirse en bibliografía antigua que trate sobre el momento histórico de la reconquista de la campiña por las tropas de Fenando III a mediados del siglo XIII, intentando averiguar el nombre andalusí que tenía el torreón árabe que existió en Montalbán. También sería muy interesante averiguar los nombres de los caballeros que acompañaban a este rey y que conquistaron esta parte de la campiña, por si alguno se apellidaba Montalbán o era originario de otro pueblo homónimo. Lo que está claro es que en un momento de la historia este lugar recibe un nombre latino, y seguramente fue no demasiado tiempo después de la reconquista cristiana de estas tierras en 1237, en ese momento por alguna razón se le da el nombre actual. Dicho todo esto por tanto estaríamos ante tres teorías o posibilidades para el origen del topónimo: por el color de la tierra del cerro, por transformación de un nombre de origen árabe, o porque algún caballero que participó en su reconquista llevaba ese apellido toponímico o procedía de otro Montalbán. Sin embargo a estas tres teorías hay que sumar otra más, la cual tiene su origen a mediados del siglo XIV y está relacionada con Alfonso Fernández Coronel, que desde el 1350 al 1353 fue dueño del Señorío de Aguilar, al que pertenecía Montalbán. Este hombre recibió el Señorío de Aguilar de manos del rey Pedro I el Cruel al haberse extinguido la línea de sucesión del mismo. Al llegar a Aguilar, Alfonso Fernández Coronel ya tenía varias posesiones y títulos nobiliarios anteriores, entre los que destacaba el de Señor de Montalbán (La Puebla de Montalbán, en la provincia de Toledo), por lo tanto cabe razonablemente albergar la duda de si este pueblo, que en aquel momento apenas serían unas cuantas casas aledañas al castillo-torreón, fue bautizado así por Alfonso Fernández Coronel en honor al título nobiliario mencionado y por ende a la Puebla de Montalbán. Esta teoría sería fácilmente rebatida en cuanto pudiera demostrarse que hay documentos anteriores a 1350 donde ya aparezca el nombre de Montalbán para denominar a esta localidad, cosa que sinceramente desconozco y sería bueno investigar. El gentilicio de este municipio es “montalbeño-a”.

 

 

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Montemayor: En época ibero-romana se denominaba Ulia, y fue una ciudad muy importante en aquel tiempo. Durante la dominación visigoda Ulia sufre un importante declive. Posteriormente, durante la época de dominio musulmán la zona recibe el nombre de Ulyat Kanbaniya (Campiña de Ulia), constituyéndose como uno de los quince distritos agrícolas (iqlim) en que se dividía la cora o provincia de Córdoba. En el año 1233, Fernando III el Santo, que se dirigía hacia Córdoba, manda algunas tropas para que ocuparan el lugar, al que encuentran casi deshabitado y en estado ruinoso, comenzando a denominarse Montemayor a partir de ese momento, posiblemente debido su posición como cota de altura dominante en estos pagos. Tras la conquista de Córdoba en 1236 por el citado rey Fernando III, el municipio pasó definitivamente a manos cristianas, manteniendo el nombre de Montemayor hasta nuestros días. El gentilicio de este municipio es “montemayorense”.

 

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Montilla: Existen diversas teorías en cuanto al origen del nombre de este municipio; en el siglo XVIII se atribuía a la contracción de “monte-villa”, otros estudiosos trataron de obtenerlo de Montulia o de Montiella (del árabe Mondelia) y posiblemente fuese la Montilyana citada en los Anales Palatinos de Alhakan II. En la actualidad se opina generalmente que este topónimo es de claras raíces castellanas, ya que aparece por primera vez en la Crónica de Alfonso XI (1333) y en el Libro de la Montería de este mismo monarca, así como en varios documentos de la segunda mitad del siglo XIV, donde es citado siempre como Montiella, del que derivó con el tiempo en el topónimo actual; Montilla. El gentilicio de este municipio es “montillano-a”.

 

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Monturque: Durante la dominación romana, esta población debió alcanzar gran importancia, como así lo atestigua la gran cantidad de restos arqueológicos encontrados en todo el término municipal y las edificaciones de aquella época que todavía se conservan, lo que avala la hipótesis de la existencia en Monturque y sus alrededores de un prominente y numeroso asentamiento humano, sin embargo aún no ha sido posible determinar cuál fue su verdadero nombre durante ese período. Ya en época musulmana sí sabemos que su nombre era Montiark o Monturk, topónimo del que derivó posteriormente al actual Monturque, siendo citado en aquella época como un castillo o punto fortificado. De tiempos de los moros también hay que señalar como dato muy importante que Monturque es uno de los pocos sitios cordobeses que se nombran en la gesta y romance del Cid, ya que en las inmediaciones del pueblo hubo una batalla entre las huestes del rey moro de Sevilla (comandadas por el Cid) y las del rey moro de Granada, y donde el famoso caballero castellano consiguió una rotunda victoria. Como testimonio de lo anterior existe un lugar cerca de Monturque llamado “la Piedra del Cid”, donde dice la tradición que tuvo lugar la batalla. En referencia al nombre del pueblo, hay que decir que el topónimo Monturque es bastante curioso e interesante, ya que se divide claramente en dos partes; “Mont” y “Urque”, la primera de ellas es claramente latina y significa “monte” (“mons”) y hace mención al lugar elevado donde se encuentra este municipio, sin embargo la segunda parte (“urque”, “urqui” o “urq”) se pierde en la oscuridad de lo antiguo, y aunque hay varias teorías, realmente se desconoce su origen y significado. El gentilicio de este municipio es “monturqueño-a”.

 

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Moriles: Moriles nació como municipio independiente a principios del siglo XX, por Real Ley de 1 de junio de 1912 firmada por el rey Alfonso XIII. Anteriormente fue una aldea llamada Zapateros que pertenecía a Aguilar de la Frontera. La génesis de esta aldea está en las primeras décadas del siglo XVIII con la construcción de cuatro lagares y una capilla a la Virgen de la Salud en el denominado Llano de los Zapateros, que contaba con una fuente del mismo nombre. El topónimo “Zapateros” posiblemente se deba a la gran cantidad de insectos del orden de los hemípteros, popularmente conocidos como zapateros, que con toda seguridad abundaban en la fuente citada, aunque tampoco se descarta que el nombre pudiera estar relacionado con el gremio de los artesanos zapateros. Ya en 1912, gracias a las gestiones del diputado del distrito José Fernández Jiménez, se constituye en municipio independiente y adopta el nombre de Moriles, que es el nombre de un pago cercano a la aldea (Moriles Altos y Moriles Bajos), el cual es famoso por la calidad de sus vinos, siendo uno de los trece lagares que existían en aquel lugar. En cuanto al topónimo “Moriles”, sabemos que existe un pago en el término municipal de Lucena (muy cerca de Moriles) que se llama El Moril y posiblemente esté relacionado con el nombre de esta localidad, por lo que “moriles” sería el plural de “moril”, que era el nombre que se daba al lugar, barrio o distrito donde vivían los moros que se habían convertido al cristianismo tras la reconquista castellana de estas tierras en el siglo XIII, los cuales eran denominados popularmente como moriscos. Es decir, un “moril” sería algo parecido a una “morería”, un lugar o barrio donde habitaban los moros. Por tanto, el topónimo “Moriles” vendría a ser el plural de “Moril”, y éste a su vez derivaría de la palabra “moro”. En Aguilar de la Frontera (municipio al que pertenecía la aldea de Zapateros) hubo una comunidad morisca digna de mención, por lo que esta teoría para explicar el origen del topónimo que nos ocupa es bastante razonable. El gentilicio de este municipio es “morilense”.

 

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Puente Genil: La fundación del Puente Genil actual conllevó el nacimiento también de este topónimo, y ello ocurrió el 10 de diciembre de 1834 gracias a la unión administrativa y demográfica entre la villa denominada Pontón de Don Gonzalo o la Puente de Don Gonzalo, que fue fundada en el siglo XIII por el rey Fernando III en la margen derecha o cordobesa del río Genil, y el pequeño núcleo de población denominado Miragenil, sito en la orilla contraria y perteneciente administrativamente en aquella época a la provincia de Sevilla. De esta forma y de la circunstancia descrita, deriva el sonoro nombre de Puente Genil, en alusión evidente al medio físico que permitía y permite de facto la citada unión entre las dos poblaciones; el puente que atraviesa el cauce del río Genil y conexiona ambas orillas. Por tanto, el topónimo Puente Genil nació de la mezcla entre los nombres Puente de Don Gonzalo y Miragenil. El hidrónimo Genil deriva de Sinyil, pues así llamaban a este río los moros, y éste a su vez de Singilis, que era como lo nombraban en la antigüedad. Al parecer es éste un nombre de origen latino, aunque posiblemente sea una deformación o modificación de un nombre de raíz ibérica, del que por desgracia desconocemos su significado. El río Genil es el séptimo más largo de la península ibérica. El gentilicio de este municipio es “pontanés-a” o “pontano-a”.

 

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La Rambla: En el lugar donde se asienta este municipio hay constancia de poblamiento humano desde muy antiguo. Por los restos arqueológicos hallados se sabe que en época ibero-romana existió allí una notable población, sin embargo, y aunque hay varias hipótesis, no ha llegado hasta nosotros el nombre que tuvo la misma. En época visigoda este pueblo sufrió un declive en cuanto a importancia y población. Durante la dominación musulmana la localidad reverdeció sus laureles y es de esta época de donde proviene su topónimo, ya que los moros la llamaron “Al-Ramla”, que significa “el arenal”, derivando finalmente en “La Rambla”. Como dato curioso sobre este topónimo, se debe aportar que el mismo se estuvo escribiendo durante varios siglos en mapas y documentos como “Rambla” a secas, circunstancia que cambió en 1860, cuando se le agregó de manera oficial el artículo “La”, quedando definitivamente como “La Rambla”. El gentilicio de este municipio es “rambleño-a”.

 

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San Sebastián de los Ballesteros: El municipio fue fundado en 1767 bajo la dirección del ilustrado Pablo de Olavide y con población centroeuropea de origen aleman mayormente. La fundación de esta y otras localidades en las provincias de Córdoba, Sevilla y Jaén fue financiada por el Estado debido al interés del rey Carlos III por fomentar la agricultura y la industria en una zona despoblada y amenazada por el bandolerismo, reforzando de esta forma la seguridad del Camino Real que unía Madrid con Cádiz. En cuanto al origen del nombre del pueblo, hay que decir que el 20 de enero de 1.615 la Compañía de Jesús adquirió la jurisdicción y señorío de unas tierras en este lugar conocidas como “Ballesteros y Gregorio”, de donde se cree que tiene su nacimiento el topónimo de la localidad, ya que al haberse hecho la compra de los terrenos el día de San Sebastián (20 de enero) y siendo su costumbre dedicarle y consagrarle la buena nueva al santo que correspondiera ese día, (según el santoral), si agregamos a esto que este pago rústico era conocido como “Ballesteros”, porque al parecer en este lugar se concentraba o descansaba el cuerpo de ballesteros del ejército de los Reyes Católicos durante la conquista de Granada, da como resultado una teoría bastante razonable para explicar el origen del topónimo “San Sebastián de los Ballesteros”. Como dato curioso se debe añadir que durante los primeros meses tras su fundación el pueblo estuvo a punto de ser denominado “Nueva Atenas” o “Atenas” a secas, existiendo documentos y misivas oficiales que recogen tal topónimo, y el motivo para ello fue que en aquellos días se preveía también la llegada de colonos de origen griego procedentes de Córcega, sin embargo dichas familias finalmente no vinieron a España, por lo que el nombre de Atenas se descartó. El gentilicio de este municipio es “eballense”, y de forma genérica y no oficial, “alemanes”.

 

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Santaella: Santaella es una localidad que ha estado habitada desde tiempo inmemorial. Hay teorías que sostienen que en época íbero-romana aquí se asentaba la Arcilasis que nombró Ptolomeo, aunque no está probado este hecho. Posteriormente, durante la dominación musulmana, sí que está documentado que recibe el nombre de Shant’Yala o Santayala, que podría derivar de Santa Elia (topónimo de origen cristiano), siendo una población muy importante en esa época en esta parte de la campiña. En 1240 es conquistada por el rey Fernando III, y a partir de este momento recibe ya el nombre de Santaella, aunque en algunos documentos aparece como Santella o incluso Santiella. En cuanto al origen de este topónimo hay diferentes teorías y ninguna está totalmente demostrada, si bien se podría afirmar que la más razonable es la que en su día propuso Francisco Alijo Hidalgo, profesor de la Universidad de Málaga, y que dice literalmente así: “De todo lo expuesto hasta aquí, extraigo la deducción de que el término Santaella (Córdoba), en línea con las opiniones de Nieto Cumplido, al referirse a un nombre preislámico, sea el de San Elías o Santa Elia, que derivaría en época musulmana hacia el de Sant´Yala, cuya constatación por vez primera se da en Al-Idrisí en el siglo XII, siendo castellanizado en el XIII con el nombre de Santa Ella. Debemos tener en cuenta, finalmente, que la “l”+“i” da doble “ll”, según vimos en el obispo de Sigüenza, Ella, entre otros, de ahí que Santa Elia se transformara en la denominación de nuestro topónimo SANTAELLA”. Es decir, la evolución del topónimo podría haber sido Santa Elia-Shantayala-Santaella. El gentilicio de este municipio es “santaellense” o “santaellano-a”.

 

Fuentes consultadas:

  • Wikipedia

  • Los castillos de Córdoba”, de Mercedes Valverde y Felipe Toledo.

  • Córdoba tierra nuestra”, de Juan Bernier Luque.

  • El reino de Córdoba durante la dominación musulmana”, de Antonio Arjona Castro.

  • Los moriscos en tierras de Córdoba”, de Juan Aranda Doncel.

  • Aguilar Digital. Página de historia (XXIII)”.

  • Moriles en su historia”, blog homenaje a Miguel Estrada Lara.

  • Un pueblo de alemanes en la campiña cordobesa. San Sebastián de los Ballesteros”, de Rafael Vázquez Lesmes.

  • Nota histórica en torno al topónimo Santaella (Córdoba)”, de Francisco Alijo Hidalgo.

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“MIS LETRAS DE CANTE FLAMENCO”, mi primer libro.

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Me gustaría compartir en mi pequeño rincón del ciberespacio (al que tengo un poco dejado por cierto), que hace pocas semanas se ha publicado mi primer libro, titulado “Mis letras de cante flamenco”. En este trabajo literario he juntado un buen ramillete de letras de mi cosecha de diversos palos flamencos que domino en cuanto a su cante y toque con la guitarra (dentro de mi capacidad), las cuales creo sinceramente que pueden resultar muy interesantes para llevarlas a la práctica y darles vida más allá de la tinta y el papel. Este libro se lo he dedicado a mi padre, Juan de la Cruz Ruz Cantillo, por haberme inculcado desde niño la afición al cante flamenco y a la música tradicional en general, y también a la Peña Flamenca “Manolo Caracol” de Montalbán, que es una de las peñas con más actividad flamenca de toda España desde hace muchos años y de la que me honro en ser socio. Espero que este libro guste a aquellos que lo lean, yo desde luego he disfrutado mucho escribiéndolo y cantando sus letras. Un afectuoso saludo de Talbanés y prometo intentar sacar tiempo para darle algo más de vida al blog.

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Breve apunte sobre las lagunas del cortijo de Canillas.

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Vista aérea del cortijo de Canillas y sus dos lagunas. Foto del vuelo americano de 1945-1946

La cortijada de Canillas, aunque en término santaellano, está muy relacionada y vinculada con Montalbán, debido a su cercanía y a que sus propietarios son montalbeños. Por los restos arqueológicos encontrados se sabe que este cortijo fue zona habitada desde la antigüedad, como así quedó plasmado en la tesis doctoral “Santaella y el suroeste de la Campiña Cordobesa en la Baja edad Media”, de Javier López Ríder, donde podemos leer lo siguiente (pág. 331): “Si se atiende a los restos arqueológicos, los resultados son muy numerosos, manifestando que hubo un nivel poblacional importante. En el extenso término de Santaella se han documentado hasta 65 yacimientos adscritos al mundo romano tanto para época Republicana, como para el Alto y Bajo Imperio. Algunos de ellos ya poseían población desde etapas anteriores, e incluso continuarán habitados en los años bajomedievales, como Canillas, Las Canteruelas, cerro de Mingoillán, El Garabato, La Higuera, La Membrilla, El Toril, el propio casco de Santaella y sus inmediaciones, entre muchos otros. En todos ellos aparece gran cantidad de tégulas, cerámicas o ladrillos, la mayoría muy fragmentados”. Durante la Baja Edad Media, Canillas era un pequeño núcleo de población a modo de pequeña aldea acortijada, como lo era también Montalbán en aquellos años. Sabemos que el cortijo de Canillas fue propiedad de la casa señorial del Alcaide de los Donceles, para más tarde pasar a propiedad de Don Pedro de Solier, obispo de Córdoba, aunque parte del mismo (o todo en su conjunto) pasó a manos del Señorío de Aguilar, toda esta información está recogida en la tesis doctoral antes citada de Javier López Ríder, donde en diferentes párrafos podemos leer lo siguiente (pág. 465): “En 1409, doña Inés, mujer de Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, deja en su testamento a su hijo Martín Fernández, alcaide, todas las propiedades que poseía, entre ellas la heredad de Prados Rubios, El Fontanar, Canillas y la fuente don Tomás, con las tierras que dicen de Torreblanca y con tierras de Juan Gil, alcalde de Santaella, con tierras de Gonzalo de Aguilar y tierras de Martín Fernández, hijo de Ruy Martínez, y con tierras de doña María Gil Carrillo, entre otros”. (Pág. 750): Entre otras familias que se plasmarán más adelante, los señores de Aguilar serán unos de los que posean más propiedades, aunque no los únicos. Por ejemplo, don Alfonso de Aguilar tuvo hasta 20 cortijos en las villas de Santaella y La Rambla. Y en su testamento así lo refleja al citar los siguientes bajo su propiedad: El cortijo y tierras y heredamiento que dicen de la Figuera, que renta cada año 454 fanegas de pan terciado. El cortijo y tierras y heredamiento que dicen la Fuente Felipe, que renta cada año 360 fanegas de pan terciado. El cortijo y tierras del Gascón, que renta cada año 360 fanegas de pan terciado. El heredamiento y tierras que dicen la Dehesilla que renta cada año 444 fanegas de pan terciado. El cortijo y heredamiento que dicen de Canillas que renta cada año 840 fanegas de pan terciado”. (Págs. 752-753): “Del mismo modo, los Solier llevaron a cabo distintas ventas de tierras en la zona de Santaella y La Rambla, como la realizada en 1489 por Pedro de Solier cuando vende a Alfonso de Aguilar 7 yugadas de tierra calma para pan llevar en el cortijo y heredamiento de Canillas por 165.000 maravedíes”.

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Croquis del cortijo de Canillas de 1951, donde pueden verse sus dos lagunas.

En cuanto al origen toponímico del vocablo “canilla”, el mismo se remonta a época romano-visigoda, como diminutivo de “canna” (“caña” en latín), y siendo su significado el de una zona donde abundan los pequeños cañaverales, cosa que es del todo probable, ya que en este cortijo existían dos lagunas hasta hace pocas décadas; la “Laguna Grande” y la “Laguna Chica”. Estas lagunas del cortijo de Canillas formaban parte de los pequeños y numerosos humedales que existían en nuestra comarca campiñesa más inmediata, de los que aún se conservan la laguna Tíscar (Puente Genil), la laguna del Donadío (Santaella) o la laguna del Rincón (Aguilar), y por supuesto la laguna Zóñar (Aguilar), mucho más grande y estable en cuanto a su masa de agua y estacionalidad.

Espero que esta pequeña entrada dedicada a las lagunas del cortijo de Canillas haya servido para que muchos montalbeños, sobre todo los más jóvenes, tengan constancia de que existieron, y también para saber un poco más sobre la historia de este cortijo que está tan cerca de nuestro pueblo.

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Vista del cortijo de Canillas con Montalbán al fondo.

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Información sobre el castillo de Montalbán extraída de la entrevista con Cristóbal González López, el cual conoció el citado castillo.

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La citada entrevista fue llevada a cabo en 2014, cuando Cristóbal contaba con 95 años. Por desgracia este hombre falleció poco tiempo después.

Las información sobre el castillo de Montalbán más destacada de aquella amena charla que tuve con Cristóbal es la siguiente:

– Los restos que quedaban del que en su día fue castillo de Montalbán fueron derribados siendo Alcalde del pueblo D. Antonio Torrellas, poco después de terminar la guerra civil, a principios de los años 40. Fue derribado por Moisés Cañete, dueño de la era donde estaban los citados restos, estando los mismos por tanto en manos privadas. El motivo de echarlos abajo fue que los niños se iban allí a jugar y corrían peligro por el desprendimiento de piedras. Desconoce que se hizo con aquellos restos.

– El lugar se utilizaba ya de era estando aún en pie lo que quedaba del castillo, ya que los restos estaban pegados al filo que da a la Huerta Marquitos (hacia el Oeste), si bien se podía pasar andando por detrás y rodearlos. Los restos del castillo se veían perfectamente desde la parte de arriba de la calle Castillo, junto al Ayuntamiento. Dichos restos se utilizaban para asegurar las vigas del chozo que se montaba en el verano para las labores en la era.

– Los restos tenían forma cuadrada, pero le faltaban bastantes piedras, sobre todo de la parte baja de los muros.

– Las medidas que tenía, según Cristóbal, eran aproximadamente unos cinco metros de altura y tres o cuatro metros de anchura por pared.

– Los restos tenían dos agujeros grandes cuadrados en la parte alta de la pared Este, la que daba hacia la calle Castillo.

– El castillo (en este caso sus restos) estaba construido todo de piedra. Dichas piedras eran bastas y de color claro y la mezcla que las unía era de un color tirando al amarillento. Esta afirmación resulta un tanto contradictoria, porque hay otros testimonios que mencionan que también había tapial, puede que en realidad se usaran ambos materiales de construcción en diferentes partes del castillo.

– No recuerda que tuviera almenas en su parte superior ni nada parecido, ni ningún elemento destacable, sí que recuerda que arriba del todo crecían jaramagos y se posaban las cigüeñas. También recuerda que junto al castillo había muladares.

– También recuerda Cristóbal que durante el verano se ponía a la sombra del castillo por la tarde, cuando el sol ya enfilaba hacia el Oeste, siendo su sombra muy fresca.

– Al preguntarle a Cristóbal por el grosor de los muros dice algo que me desconcierta, y es que según él no había muros ni puerta de entrada, sino que era macizo, como un “montón de piedras más o menos organizado”. ¿Estaríamos ante un trozo de lienzo de muralla, restos de algún contrafuerte de la misma, parte maciza de alguna torre u otro o elemento parecido?. Una construcción parecida a lo que detalló Cristóbal podemos encontrarla en el cercano castillo de Dos Hermanas, en término municipal de Montemayor y junto al arroyo Carchena, en dicho castillo aún existe una torre (que da al Este), de la cual se conserva su parte maciza y que servía de base hasta alcanzar la cota del terreno. En cualquier caso esta cuestión habría que contrastarla con otras personas mayores que aún vivan y conocieran el castillo de Montalbán.

En su momento le agradecí a Cristóbal González López su aportación y vuelvo a dejar constancia de mi agradecimiento hoy en esta entrada.

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Restos de la torre maciza en el castillo de Dos Hermanas.

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25 de agosto de 2018, un día muy especial, hoy vuelve a salir en procesión Nuestro Padre Jesús del Calvario.

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La última vez que esta imagen religiosa procesionó por las calles de Montalbán fue en 1993, yo tenía dieciocho años y un buen flequillo rubio. Hoy, 25 años después, con cuarenta y tres y menos pelo, tendré el honor de participar en la comitiva vistiendo mi uniforme de gala, la ocasión lo merece sin lugar a dudas. Es muy llamativo que una imagen tan venerada como “El Jesús de los Jesuses”, como popularmente es llamada, salga en desfile procesional en tan contadas ocasiones, cada 25 años, (antes de la modificación de los estatutos sus salidas eran sólo por rogativas o similares), sin embargo este hecho lo hace más singular si cabe y despierta entre los creyentes y muchos no creyentes una particular atracción de fe, de cariño o de curiosidad…, o incluso una mezcla de las tres cosas. De todos es sabido que Nuestro Padre Jesús del Calvario es una imagen muy especial que cuenta con una devoción popular extraordinaria en Montalbán y en otros muchos municipios y lugares de nuestra comarca, como queda probado cada año con la peregrinación de los “Hermanos del Campo” que tiene lugar la noche del 5 al 6 de agosto, celebrando la Transfiguración del Señor y estando Montalbán en feria, celebrada también en honor a Nuestro Padre Jesús del Calvario. Por todo ello hoy, 25 de agosto de 2018, es un día muy grande para nuestro pueblo, para los montalbeños, para los creyentes y en cierto modo también para los que no lo son, pero que pueden ver en esta imagen algo propio, un bien cultural que da vida y personalidad a su pueblo, así lo creo sinceramente. Para terminar esta pequeña entrada me gustaría contar una historia verídica; hace unos años mantuve una interesante conversación con un amigo de un pueblo donde hay muchos devotos de Nuestro Padre Jesús del Calvario, los cuales peregrinan como los Hermanos del Campo antes citados. Pues bien, este amigo mío hace el camino todos los años desde su municipio hasta el Calvario, y hablando de forma distendida sobre varios asuntos salió el tema de la fama de milagroso que tiene Nuestro Padre Jesús, a lo que él en un momento dado de la conversación me interrumpió y me dijo: “Andrés, ¿no te he contado nunca por qué hago cada año el camino hasta Montalbán para ver al Señor?”, a lo que intrigado respondí negativamente. Entonces me relató un suceso que pasó en su familia unos años atrás. Lo que me contó este hombre fue lo siguiente; según él, de niño y chavalillo había hecho la peregrinación con sus familiares hasta nuestro pueblo cada 5 de agosto, sin embargo, al pasar la adolescencia empezó a perder el interés por seguir realizándolo y dejó de peregrinar. Así estuvo diez o doce años o quizá más, sin embargo sus padres y la mayoría de familiares suyos seguían haciendo el camino. Un día de verano, cuando él contaba ya con unos treinta años, un sobrino suyo sufrió un accidente muy grave por un descuido, el niño, de unos 4 o 5 añitos, y que no sabía nadar, se cayó a una piscina en un chalé que su familia tiene y aunque no estuvo mucho tiempo sumergido en el agua fue trasladado al Hospital en estado crítico, y así estuvo durante varios días, luchando el angelito con todas sus fuerzas por sobrevivir y con su familia consternada y en amargo llanto. Pero por suerte, su estado empezó a mejorar hasta que finalmente despertó y se recuperó totalmente y sin ningún tipo de secuela, los familiares lloraban ahora, pero de alegría. Me contó mi amigo, que mientras su sobrino estuvo en coma le rezó a Nuestro Padre Jesús del Calvario y le prometió que si su sobrino se salvaba volvería a hacer el camino cada año hasta el final de su vida. Pero lo más sorprendente vino después. Unas semanas más tarde, estando ya el niño recuperado y en su casa, se reunieron varios familiares para comer juntos, y alguien tuvo la ocurrencia o curiosidad de preguntarle al niño que si recordaba algo de los días que estuvo “durmiendo” en coma, entre la vida y la muerte, y el niño dijo que sí, que sólo recordaba una cosa porque le había dolido, y es que según contó el niño, soñó que iba muy contento con su bicicleta por un camino y se cayó y se hizo daño en una pierna y le dolía mucho, y lloró, pero entonces vino un hombre muy alto, con barba y vestido de blanco y lo consoló y lo curó, le dio un beso y le dijo que no llorara y que cogiera la bicicleta y se fuera para su casa. Cuando el niño contó aquello todos los familiares quedaron en silencio mirándose unos a otros sin saber que decir, atónitos, pero todos estaban pensando lo mismo, abrazaron al niño y lloraron y rieron de puro gozo, porque en su fe, entendían que sin duda el que ayudó al niño en aquel duro trance de su vida no fue otro que Nuestro Padre Jesús del Calvario, al que todos ellos habían rezado e implorado durante aquellos días de incertidumbre. Esa fue la historia, totalmente real, que me contó mi amigo hace unos cuantos años, y que he creído oportuno contarla en un día tan señalado como hoy, que cada uno la interprete como guste y desde el punto de vista que quiera. Espero que hoy sea un día muy grande para los montalbeños, para el pueblo y su comarca y ojalá que dentro de 25 años estemos aquí para poder ver a Nuestro Padre Jesús del Calvario nuevamente por las calles de Montalbán.

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Hermanos del Campo peregrinando de La Carlota a Montalbán la noche del 5 al 6 de agosto.

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Cuando el aullido del lobo aún se escuchaba en la Campiña Cordobesa.

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No cabe duda que el aullido del lobo es uno de los sonidos que más ha llamado la atención a los hombres desde hace miles de años. El oírlo, normalmente durante la noche, despertaba en nuestros ancestros una mezcla de temor y de admiración que se ha seguido manteniendo hasta nuestros días, en los que este gran cazador sobrevive a duras penas en unas pocas cadenas montañosas de nuestro país. Sin embargo hubo un tiempo, no tan lejano como podríamos pensar, en el cual el lobo poblaba toda la Península Ibérica, incluso aquí en esta campiña nuestra tan domesticada y agrícola actualmente, no hace tanto tiempo la presencia de los lobos era algo habitual. Ni que decir tiene que en aquellas pretéritas fechas la campiña no era como la vemos ahora, sí que en parte estaba ya cultivada, pero aún mantenía un alto porcentaje de terreno que seguía siendo monte, lo que había sido toda la campiña desde hacía miles de años; un inmenso bosque mediterráneo. En aquellas frondas y dehesas, donde por encima de todos los vegetales reinaba la encina, había grandes mamíferos como osos, lobos, ciervos, jabalíes, linces o gatos monteses, prueba de ello es la cita que se recoge en “El libro de la Montería” (siglo XIV) de Alfonso XI, al poder leerse lo siguiente: “…se dice que en los sitios de Monte-Mayor y Montilla estaba la más abundante de jabalíes, osos y otros animales…”.

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Pero centrándonos en los lobos, que los hubo y muchos en nuestra campiña, una de las mejores herramientas para poder rastrear pruebas de su presencia es la toponimia. En nuestro ámbito campiñés más cercano he encontrado hasta siete topónimos que hacen referencia al lobo (posiblemente haya más). Sin duda el origen de esos topónimos está en la presencia de lobos en aquel entorno. Los enumero a continuación mencionando su ubicación y alguna información más de interés:

Caño del Lobo: Se trata de un pago rústico así denominado que hay muy cerquita de la Laguna Zóñar, hacia el Sur, en Aguilar de la Frontera.

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Fuente del Lobo: Se trata de un cortijo que hay muy cerca de Puente Genil, hacia el Norte.

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Cerro del Lobo: Este topónimo está en desuso, habiendo tenido conocimiento del mismo gracias a un mapa del término municipal de Montalbán de finales del siglo XIX. Se trata de un suave montículo que hay al Suroeste de Montalbán, ya en término de Santaella, aunque más cerca de Montalbán que del citado pueblo vecino.

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Piedra del Lobo: Se denominaba así a una piedra grande y de color oscuro que había cerca de San Sebastián de los Ballesteros, concretamente en el cruce que une el tramo de carretera donde está la pista de fútbol sala con la carretera de Fernán Núñez. Dicho tramo de carretera se denomina actualmente calle Piedra del Lobo.

Piedra del Lobo, lugar donde estuvo ubicada

Lugar donde se ubicaba la Piedra del Lobo.

Camino del Lobo: También conocido como camino del Puerto del Lobo, es una vereda que sale de El Arrecife (La Carlota) en dirección Sureste.

Cuesta del Lobo: Se trata de un pago rústico que hay cerquita de La Victoria, hacia el Oeste.

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Valdelobos: Se trata de un pago rústico que hay cerca de La Guijarrosa, hacia el Sureste. También existe el topónimo Vereda de Valdelobos.

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Otra indudable prueba de que había lobos en la campiña cordobesa y concretamente en nuestro ámbito geográfico más cercano son los documentos antiguos que han podido llegar hasta nosotros y que mencionan a estos animales como habituales moradores de estos contornos. En la tesis doctoral de Javier López Rider, “Santaella y el Suroeste de la Campiña Cordobesa en la Baja Edad Media”, y en las páginas 571 y 572, al describir los testimonios tomados a varios declarantes en el contexto de un pleito de lindes, refiriéndose a la zona del Toril y La Fuencubierta (a apenas 7 u 8 km de Montalbán) y remontándose el declarante al año 1446, podemos leer lo siguiente: “El último declarante es Juan Gómez Limón, que relata estando en el cortijo de Canillas con su cuñado, que se llamaba Alonso Ruiz del Covo, vecino desta villa, que labraba en el dicho cortijo de Canillas y que una noche con la luna, el dicho su cuñado fué a furtar madera a los dichos cortijos, que llevó consigo a este testigo para que le guardase los asnos por miedo de los lobos que había muchos entonçes (…) en el monte que estaban a mano izquierda del dicho camino, en aquellos cerrillos altos que allí estaban, que había allí buen chaparral gordo…”. Es muy interesante este documento, ya que gracias al mismo sabemos que en esta parte de la campiña, y concretamente en la zona de La Fuencubierta y El Toril, los lobos eran abundantes como mínimo hasta mediados del siglo XV, y tantos había por allí que durante la noche no se podía dejar un borrico solo ni para coger leña, ya que se corría el peligro de que lo mataran los lobos, como ha quedado patente por lo leído anteriormente. Queda claro también por lo manifestado por este hombre que en aquella zona aún se mantenía un destacable bosque de grandes encinas, el cual daría cobijo a todo tipo de animales salvajes.

Como todos sabemos, de aquel bosque mediterráneo que cubría los cerritos campiñeses ha quedado muy poco, aunque todavía se pueden observar en nuestro entorno más próximo chaparros en algunos linderos o algunas encinas solitarias, quizá lo único que quede por estos alrededores que pueda servir para hacernos una idea de lo que era esta campiña serían la Dehesa Tocina, cerca de La Victoria y el Manchón del Navarro en Montemayor, también llamado Cerro de la Pollera.

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Dehesa Tocina.

Espero que esta pequeña entrada del blog haya servido para hacernos reflexionar y ver nuestra campiña con otros ojos, e intentar asimilar lo distinta que ha llegado a ser comparándola con lo que es hoy día. Ahora que se acerca el invierno y apetece estar sentados con las “nagüillas” y el brasero, imagino a nuestros antepasados campiñeses en las noches frías del invierno, sentados junto a la lumbre, contando historias mientras el fuego crepitaba acogedor y en la lejanía aún se escuchaba… el aullido del lobo.

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Topónimos de origen animal en el término municipal de Montalbán (Córdoba).

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En nuestro término municipal son varios los nombres de lugares que están relacionados con animales, la mayoría de ellos por la existencia de determinados animales en esos sitios antiguamente o incluso en la actualidad. Los topónimos de origen animal son bastante comunes en toda la geografía española y son muy interesantes porque pueden darnos una idea de la fauna que existía en una determinada zona, sobre todo cuando se trata de topónimos antiguos con nombres de animales salvajes. En Montalbán he encontrado diez topónimos con nombres de animales, algunos de ellos en desuso en la actualidad y que han llegado hasta nosotros gracias a documentos antiguos, es posible que haya alguno más, pero hasta ahora estos son los que he encontrado y que seguidamente pasaré a detallar. Empezaré primero por los seis topónimos de origen animal que aún perduran en la actualidad, para terminar con los otros cuatro que cayeron en el desuso.

Pago y arroyo de Las Primillas: Este pago y su arroyo homónimo se encuentran al Noroeste del término municipal de Montalbán. Reciben este bello nombre debido a la gran cantidad de cernícalos primillas que había por aquel lugar. Hoy día también pueden verse ejemplares de estas aves rapaces, aunque menos.

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Pago de Valdeconejos: Situado al Este del término municipal de Montalbán y lindando con Tentecarreta. Seguramente en su día fue bautizado con este nombre  por la abundancia de este mamífero lagomorfo (que no roedor) que tanta hambre ha quitado en España desde hace milenios. En la actualidad sigue siendo una zona donde abundan los conejos.

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Pago de Tabarra: Después de hablar con varias personas mayores y preguntarles por el posible origen del nombre de este pago situado al Sur del Prado, son varias las que me han dicho que al parecer el nombre le podría haber sido dado porque antiguamente había allí muchas “tabarreras” o nidos de “tabarros”. Los tabarros son unos insectos de picadura venenosa, parecidos a las avispas sólo que algo más grandes y muy temidos porque sus picaduras y mordeduras son muy dolorosas. Construyen sus nidos en el suelo. Su nombre científico es Vespula Vulgaris. Antiguamente las tierras se labraban menos que hoy en día, por lo cual los nidos de tabarros eran bastante frecuentes. No pocos son los accidentes que se producían cuando al estar trabajando con las bestias, alguna pisaba un nido de tabarros y estos salían a cientos, enfurecidos, picando a todo lo que se movía e incluso en algunas ocasiones causando la muerte a hombres y animales que no lograban ponerse a salvo.

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Pago de La Mosca: Está situado este pago al Sur de nuestro término municipal, estando rodeado por el Norte por el pago de Las Morras totalmente y lindando al Sur con término municipal aguilarense. No he podido averiguar el origen del topónimo, aunque podría tener relación con la abundancia en su momento de este insecto díptero, bien sea la mosca común o las moscas grandes que pican a los caballos (tábanos), tampoco se puede descartar que esté en relación con el mote o “nombrajo” de algún antiguo propietario.

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Pozo de los Cochinos: Este pozo es de titularidad municipal y hoy en día se encuentra con su brocal tapado y cerrado con una puerta. Está situado al Sur del casco urbano montalbeño, a apenas un kilómetro, junto a la Vereda de Málaga y cerca del Pilar del Cambrón, formando parte (junto a dicho pilar) de los abrevaderos que tenía aquella zona como descansadero de ganado aledaño a la vereda citada. El origen del nombre era que los cochinos bebían del agua de este pozo, bien porque su brocal fuera más bajito o porque se derramara o manara su agua hacia afuera y bebieran de la misma junto al pozo.

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Poza de los Perros: Se trata de un manantial de agua que existe junto a la carretera de Puente Genil aproximadamente a la altura del Pilar del Cambrón. Este manantial formaba una poza donde bebían los perros, de ahí su nombre.

Cerro de las Ánsares: Topónimo que actualmente está en desuso y que ha llegado hasta nosotros gracias a la tesis doctoral de Javier López Ríder (profesor de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media en la Universidad de Córdoba), titulada; “Santaella y el suroeste de la Campiña Cordobesa a finales de la Edad Media”. En dicha tesis y en su página 355, al describir las lindes que tenía una dehesa de Montalbán a mediados del siglo XV, dice lo siguiente: “dende la vega, donde la tierra de Sahagún, e de allí yva a dar entre el çerro de Pedro Días e el çerro de las Ansares, e de allí a la Hontanilla de Aguilar…”. El cerro de las Ánsares por tanto estaría junto al Cerro Pedro Díaz (también llamado Cerro Pelitre), por lo que posiblemente se refiera al Cerro de Prado Albán, el cual se encuentra muy cerquita del Cerro Pedro Díaz, discurriendo entre ambos montículos el camino de Montalbán a Santaella. Ambos cerros destacan en el paisaje del Oeste de Montalbán y son muy visibles desde el casco urbano. El origen del nombre de cerro de las Ánsares está sin duda en que en aquel lugar abundaban estas aves cuyo nombre científico es Anser Anser, siendo llamadas también gansos u ocas. Estas aves son migratorias y pasan los inviernos en el Sur de España provenientes del Norte de Europa. No debe extrañarnos que estos animales eligieran esta zona para pasar el invierno o como lugar de parada mientras iban a otro destino como por ejemplo Doñana, ya que en aquella época gran parte de nuestra campiña se mantenía poblada de bosque mediterráneo, y seguramente esa parte del término de Montalbán sería una laguna la mayor parte del año, formando un complejo endorreico que atraería a ese tipo de fauna, desde luego el topónimo de aquel cerro es una prueba de esto que afirmo, y más si tenemos en cuenta que el pago de La Laguna está a apenas unos cientos de metros de allí.

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A la izquierda el Cerro Pedro Díaz, a la derecha el Cerro de Prado Albán, el cual podría ser el antiguo Cerro de las Ánsares.

 

Cerro del Milano: Este topónimo está en desuso y ha llegado hasta nosotros gracias al Catastro de Ensenada (1751), concretamente en la respuesta que describe las tierras comunales que tenía Montalbán en aquella época. En un principio yo desconocía de qué cerro se trababa, sin embargo, indagando sobre este topónimo tuve la gran suerte de que mi buen amigo Manuel Jesús Gálvez Estepa me diera una información muy interesante sobre el mismo. Resulta que él sí que sabía cuál era el cerro del Milano, ya que es propietario de tierras en ese lugar y además había escuchado a su padre mencionarlo en distintas ocasiones. Por ello, gracias a él averigüé que el cerro del Milano se halla no muy lejos del casco urbano de Montalbán, hacia el Este, y formando parte de los pagos rústicos de La Pascuala y Las Viñas, siendo un cerro que se ve muy bien desde la carretera de Montilla, como se puede observar en la foto que adjunto. También me comentó mi querido amigo Manuel Jesús que, según le contaba su padre, el motivo de llamarse así es porque resultaba muy habitual ver milanos volando sobre el mismo, sobre todo al amanecer.

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Cerro del Milano visto desde la carretera de Montilla

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Huerta de las Zorreras: Al igual que el anterior, este topónimo está en desuso y ha llegado hasta nosotros gracias al Catastro de Ensenada (1751), concretamente en la respuesta que describe las tierras comunales que tenía Montalbán en aquella época. En principio desconocía cuál era aquella Huerta de las Zorreras de mediados del siglo XVIII, sin embargo  investigando sobre este topónimo tuve la suerte de encontrar una información muy interesante en internet que podria servir para saber qué lugar se trataba. Y es que en el Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba del 25 de abril de 1986, y en un apartado de Subastas, se menciona lo siguiente: “Parcela de tierra calma, de secano e indivisible, conocida por Huerta de Melero o Zorreras, sita al pago de Melero o Cerrillo de la Cruz, en término de Montalbán”. Por tanto, podemos comprobar que el nombre de Huerta de las Zorreras era como se conocía también antiguamente a la Huerta de Melero o “Huerta Melero” como la nombramos los montalbeños. Sin embargo, con el paso del tiempo este topónimo cayó en desuso. El pago de la Huerta de Melero se encuentra al este de Montalbán, muy próximo al casco urbano. Sin embargo, a este lugar hay que agregar otro en Montalbán que también es conocido como Las Zorreras, y es el entorno del Pozo Redondo, al sur de Montalbán y cerca del Pilar del Cambrón, con lo cual finalmente queda la duda de saber con exactitud cuál de estos dos sitios era aquella Huerta de las Zorreras mencionada en el Catastro de Ensenada a mediados del siglo XVIII. En cuanto al origen de este topónimo, hay que buscarlo sin duda en la existencia de zorreras (madrigueras de zorros) en las inmediaciones de la huerta en cuestión.

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Arroyo de las Culebras: Este pequeño arroyo está situado al Sureste de Montalbán. Recoge sus primeras aguas en el pago de Tabarra, discurriendo en dirección Noreste hasta desembocar en el Arroyo del Prado (afluente del Salado) en el mismo límite municipal entre Montalbán y Montilla, muy cerca del cortijo de El Prado. Aunque en los mapas aparece con el nombre de arroyo del Manzano, popularmente también es conocido como arroyo de las Culebras. El origen del topónimo parece estar claro, y sería por la abundancia de serpientes en este arroyo.

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Arroyo de las Culebras o del Manzano pasando bajo la carretera de Aguilar. Al fondo Montalbán.

 

Los Mosquitos: Topónimo en desuso hoy en día. Estamos ante el topónimo de origen animal más curioso que me he encontrado realizando esta pequeña investigación. Usando el buscador de mapas antiguos de la Junta de Andalucía encontré un mapa del año 1945 donde se ve parte del casco urbano de Montalbán, así como las parcelas rústicas que rodean el pueblo. Pues bien, me encontré con la sorpresa de que hay una zona rústica muy concreta del extrarradio de Montalbán (hoy en día está dentro del casco urbano) y que viene denominada como Los Mosquitos. La zona en cuestión es la actual calle del Pilar y aledaños, en el mapa que adjunto puede verse. Desconozco el origen de este topónimo, pero es fácil llegar a la conclusión de que posiblemente era por la abundancia de estos insectos tan molestos en aquella zona de las afueras de Montalbán.

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“MONTE ALVÁN”, así llamaban y escribían también el nombre de nuestro pueblo a finales de la Edad Media.

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La palabra “Montalbán” deriva del latín MONTEM-ALBANVM, cuyo significado es “Monte  Blanco”, la cual evolucionó a Monte Albano, posteriormente a Monte Albán y finalmente a Montalbán. Durante varios siglos el nombre de nuestro pueblo se estuvo escribiendo indistintamente con B o con V, es decir Montalbán o Montalván, lo que no había visto nunca en ningún documento referido a nuestro pueblo, hasta ahora, es la forma primitiva de su topónimo, es decir Monte Albán o Monte Alván en este caso. Sin embargo hace pocas fechas he tenido la gran suerte de poder leer la tesis doctoral de Javier López Ríder (profesor de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media en la Universidad de Córdoba), titulada; “Santaella y el suroeste de la Campiña Cordobesa a finales de la Edad Media”, texto de 2017 en donde he encontrado auténticas joyas escritas sobre nuestra comarca más cercana durante la Edad Media (siglos XIII al XV), incluido Montalbán por supuesto. Esta etapa de la historia de nuestro pueblo ha sido muy poco estudiada, por lo que el valor que tiene para los montalbeños lo investigado y averiguado en esta tesis es muy importante y tiene muchísimo mérito. En esta tesis doctoral Javier López Ríder ha contado con el apoyo institucional de los ayuntamientos de La Rambla, Montalbán, San Sebastián de los Ballesteros, Santaella y La Guijarrosa. Como decía, en esta tesis, además de otras muchas aportaciones muy interesantes sobre nuestro pueblo, aparece transcrito un texto de mediados del siglo XV, el cual creo que es muy interesante y viene a demostrar que en su día a nuestro pueblo también se le llamaba “Monte Alván”. A continuación transcribo el extracto de texto de la citada tesis donde mencionan a nuestro pueblo con el referido topónimo, concretamente en la página 281:

“Por su parte, la información sobre el poblamiento de Montalbán arranca de una manera más consolidada en 1454. En este año, en la plaza de La Rambla se pronunció por orden de doña Elvira de Hinestrosa, mujer del honrado caballero don Alfonso de Montemayor, como administradora del dicho castillo y lugar, lo siguiente: dijo que por quanto Fernando Alonso de Montemayor, señor que fue de los dichos castillos de Alvendin e Monte Alván, hordenó e estando seyendo bibo que qual quyer persona que quisiese venir a vivir al dicho lugar de Monte alván, que se obligase a fazer una casa de teja de cinco tiseras e de cercar un corral de dos tapyas en alto e pechase quatro años con cierto pan e gallinas (…). La intención de hacer esas casas con teja es de establecer una población permanente, incluso esta ordenanza se emite porque muchos de los que comenzaron a fabricar sus viviendas, se marcharon y la dejaron a medio hacer. Por ello, quieren hablar con estas personas para que vuelvan a venir y aumentar la vecindad.”

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PD: Gracias Javier, por este magnífico trabajo que has realizado, te lo digo en nombre de todos los montalbeños interesados por la historia de su pueblo, que somos muchos.

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Errores toponímicos del mapa 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional en el término municipal de Montalbán de Córdoba (visible a través del SIGPAC).

Como bien nos indica la wikipedia, el Sistema de Información Geográfica de Parcelas Agrícolas (SIGPAC), es un aplicación SIG del Gobierno de España (Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente) que permite identificar geográficamente las parcelas declaradas por los agricultores y ganaderos en todo el territorio español, usando para ello el  mapa 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional, del Ministerio de Fomento.

No cabe duda de que el referido mapa y el SIGPAC son unas herramientas magníficas no sólo para lo que fue creada, sino para ver los mapas y enriquecer nuestro conocimiento general del campo y también de los nombres de los pagos, ríos, arroyos, montes, lagunas, etc., que hace que lo usemos muy a menudo los que somos curiosos natos y siempre estamos preguntándonos cómo y por qué tal lugar se llamará de esta u otra forma, satisfaciendo de esta forma nuestra natural curiosidad y afición por la toponimia.

Pues bien, me ha llamado mucho la atención que en nuestro término municipal he encontrado tres errores que saltan a la vista fácilmente, los mismos son los siguientes; denominar Tejones de Dios al pago llamado realmente TAJONES DE DIOS, denominar Arroyo de las Chorreras a un curso fluvial distinto al que realmente se llama así, y nombrar al pago de TENTECARRETA en plural (Tentecarretas). Como curiosidad aportaré que en el término municipal de nuestros vecinos rambleños también existen errores, como por ejemplo denominar “Fuentelavada” a la Fuente del Abad, desde luego es casi sonrojante éste último error. A continuación paso a detallar dichos errores de nuestro término, considerando este que escribe muy interesante que el Ayuntamiento de Montalbán moviera los hilos y se pusiera en comunicación con las instancias correspondientes a fin de subsanarlos.

Tejones de Dios: En realidad es TAJONES DE DIOS, tal y como puede verse en mapas antiguos y como ha sido nombrado siempre este pago rústico en nuestro pueblo, el cual está situado al Noreste de Montalbán, entre la Matallana y el Mansegar. Según el Diccionario de la RAE un “tajón” puede ser una “vena de piedra de que se hace  la cal” o un “trozo de madera”, sin embargo estos significados no parecen tener relación con el origen del nombre de este pago montalbeño. En el vecino pueblo de Montemayor también existe un pago llamado Los Tajones de Duque, según he podido averiguar en aquel pueblo esos “tajones” son divisiones muy antiguas de tierra que el Duque tenía arrendadas a vecinos de aquella localidad. Montalbán perteneció durante casi todo el siglo XV a la Casa de Montemayor, además en 1450 Fernando Alonso de Montemayor y después su hija Beatriz, tomaron medidas para repoblar Montalbán, ¿podría estar el origen del nombre de este pago montalbeño en el homónimo de Montemayor?. El topónimo “tajones” se repite en Andalucía en varias ocasiones y siempre referido a pagos o parajes, en concreto en Rute (Córdoba), en Puerto Real (Cádiz) y en Mollina (Málaga). Así mismo, buscando por Internet he encontrado otros dos lugares en España con ese topónimo (ambos en la provincia de Soria y pegados el uno al otro junto a la capital), siendo éstos: el “Monte de Tajones” en la pedanía de Las Casas (perteneciente a Soria capital) y la “Suerte de los Tajones” en Valonsadero (espacio natural a 5 km de la capital). En ese lugar, se denomina “tajones” a antiguos terrenos públicos de labor (heredades del concejo), los cuales eran labrados por todos los vecinos en un día y cosechados igualmente por todos en otro y que servían para los gastos propios o del común. Está comprobado que Montalbán recibió población soriana en el siglo XVIII (esa repoblación fue llevada a cabo por la Casa de Medinaceli), por lo cual también queda la incógnita de si la palabra “tajones” podría haber venido a Montalbán con aquellos habitantes de Soria. Tanto la información proveniente de Montemayor como la de Soria nos hace llegar a la razonable conclusión de que la palabra “tajones” está relacionada con una antigua forma de llamar a divisiones de tierra de labor.

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Error en el mapa

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Como es en realidad; “Tajones de Dios”.

Arroyo de Las Chorreras: Cualquier persona mayor de nuestro pueblo, y no tan mayor, sabe que una cosa es el arroyo que baja de La Alameda y otra muy distinta el arroyo de Las Chorreras, sin embargo en el mapa 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional se denomina erróneamente Las Chorreras al que en verdad no es otro que el arroyo de La Alameda o de la Huerta Marquitos, nombrado también en algunos mapas como “regato” (arroyo pequeño). El “verdadero” arroyo de Las Chorreras tenía su nacimiento antiguamente en un manantial muy cercano al casco urbano de Montalbán, en su parte Sur, en lo que hoy llamamos El Sótano (si bien debido a la colmatación por escombros de aquella zona hoy en día el inicio del arroyo está más abajo) y discurre en dirección al pago de La Laguna, a partír de la cual es conocido como Acequia de la Laguna Baja. En varios mapas del término municipal de Montalbán de finales del XIX puede constatarse ésto que afirmo, y que como dije antes, sabe cualquier persona que conozca bien nuestro pueblo y su entorno. No acierto a comprender por qué motivo en el mapa se produce este “cambio de nombre”, pero mientras nadie lo corrija ahí sigue “dañando” a la vista. A esta zona se le llamaba antiguamente Las Chorreras en general, no sólo al arroyo. En aquel lugar había tierra que servía muy bien para lavar los cubiertos y vajillas (“tierra de fregar”), cuando aún no había agua corriente ni “mistol” o similar en los domicilios, y era muy habitual que las madres mandaran a sus hijos a coger de aquella tierra y traerla hasta las casas en una cuba o espuerta, diciéndoles que tuviesen cuidado y no la cogieran “de donde se mea la gente”. En cuanto al origen del topónimo, según el DRAE la palabra “chorrera” tiene entre otros significados los de trecho corto de río en que el agua, por causa de un gran declive, corre con mucha velocidad” o “cascada”, y sin duda ahí está el origen del nombre, porque efectivamente en aquella época existiría un gran declive del terreno hacia el Oeste por donde discurría el arroyo en sus comienzos y seguramente en momentos de lluvias el agua correría con gran fuerza hacia abajo.

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Error del mapa al ubicar el Arroyo de las Chorreras.

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Arroyo de la Huerta Marquitos (mapa de 1945).

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Mapa de 1872 donde se ubica correctamente el Arroyo de las Chorreras.

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Mapa de 1890 donde se ubica correctamente el Arroyo de las Chorreras.

Tentecarretas: Su nombre en realidad es TENTECARRETA (en singular). Es éste uno de los pagos más famosos de Montalbán sin lugar a dudas, tanto por su catacumba, por sus abundantes restos arqueológicos, por su belleza paisajística y por sus famosas naranjas. El nombre se divide en dos partes claramente diferenciadas; “tente” y “carreta”. “Tente” hay que entenderlo como una contracción de “sostente” o de “detente”, de “sostener” o “detener”, y “carreta” pues todos sabemos lo que es, un carro tirado por bestias. Creo que la explicación al por qué se le dio ese nombre es porque por allí discurre el antiguo camino de Montilla y el terreno es muy quebrado, por lo cual las carretas pasarían por allí con no pocas dificultades. Nadie en Montalbán nombra este pago en plural, sin embargo así (Tentecarretas) viene denominado en el mapa que nos ocupa, erróneamente a mi entender, porque su nombre de toda la vida, como atestiguan mapas antiguos y la forma de nombrarlo la gente del pueblo, es en singular; TENTECARRETA, que además, si incidimos en el mencionado origen del topónimo está bastante claro que es una contracción de “Sostente carreta” o de “Detente carreta” (por las pronunciadas cuestas que tenían que subir y sobre todo bajar con los carros), y estando de acuerdo en que ese es su origen, lo lógico es que dicha contracción hasta llegar al topónimo actual se produzca en singular, como es en realidad.

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Error del mapa al nombrar Tentecarreta en plural.

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Mapa de 1872 donde se nombra correctamente Tentecarreta.

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Mapa de 1890 donde se nombra correctamente Tentecarreta.

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Mapa de 1893 donde se nombra correctamente Tentecarreta.

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Mapa de 1949 donde se nombra correctamente Tentecarreta.

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Árboles singulares de Montalbán: El Pimentero Falso del “Jardinito” (Plaza de la Constitución).

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El Pimentero Falso o Falsa Pimienta, cuyo nombre científico es Schinus Molle, es un árbol de hoja perenne de origen sudamericano (Brasil, Argentina y Uruguay mayormente), el cual aguanta muy bien las altas temperaturas y la sequía, por lo que es muy habitual su uso en jardines del Sur y del Levante español. Nuestra Falsa Pimienta fue sembrada por Fermín Bascón Bascón, el cual fue policía municipal del Ayuntamiento de Montalbán y al mismo tiempo encargado del departamento de jardinería desde 1962 hasta 1995, consistiendo dicha tarea de jardinero en el cuidado y mantenimiento de los jardines del pueblo y del cementerio. Por el trabajo de jardinería no recibía emolumentos, sólo el sueldo de policía, se puede decir por tanto que Fermín lo hacía por amor al arte o más bien por amor a los árboles y a las plantas en general. Volviendo al árbol que nos ocupa, Fermín lo sembró en una maceta, en 1960, con semilla cogida de otra pimienta falsa que había en la Plaza de la Constitución de La Rambla (plaza del Ayuntamiento), transplantándola posteriormente a su ubicación actual en 1963, por lo cual este árbol tiene ya 57 años.

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Fermín Bascón junto a la Pimienta el 6 de agosto de 1966.

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Fermín en el mismo lugar en 2017.

Este Pimentero Falso tiene un gran porte en la actualidad, siendo el mismo de 11 metros de altura, 10 metros de envergadura de copa y 2,30 metros de circunferencia de tronco. Desde hace décadas su tronco se ha ido inclinando, por lo que en fechas recientes se ha colocado una especie de arco metálico para ayudar a sostenerlo y evitar así que pueda dañarse o quebrarse. Su estado de salud es muy bueno, prueba de ello es el verdor y exuberancia de su ramaje y copa, lo que proporciona una sombra muy tupida y fresca que se agradece mucho durante los meses de calor, siendo los banquillos que hay bajo su copa un lugar inmejorable para sentarse a la sombra a charlar, leer o simplemente relajarse. 

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Fermín sentado a la sombra de la Pimienta.

Debido la inclinación del tronco mencionada antes, es bastante sencillo trepar al tronco de este árbol, por lo que es habitual ver a niños jugando encaramados al mismo, como hacíamos mis amigos y éste que escribe a principios de los años 80, cuando un servidor vivía en la calle San Francisco, popularmente conocida como Salsipuedes, que tan gratos recuerdos me trae.

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Algunas pinceladas sobre el apellido RUZ.

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Escudo heráldico del apellido RUZ

Apellido poco común en España y típicamente montalbeño, es uno de los más habituales de la localidad, siendo Montalbán el lugar donde es más abundante en todo el mundo. En los primeros libros de bautismo de nuestro pueblo, los cuales se remontan a 1558, ya aparece este apellido, siendo el primer Ruz que figura en dichos libros un tal Pedro de Ruz, casado con Cathalina Ximénez. Existe también este apellido, aunque en menor medida, en otros municipios de la campiña cordobesa como Montilla, La Rambla o Espejo, y está también presente, aunque con mucha menos frecuencia, en la mayoría de provincias andaluzas, siendo muy difícil encontrarlo fuera de Andalucía. El caso de Montalbán es en verdad sorprendente, ya que el apellido estuvo a punto de desaparecer a principios del siglo XVIII, siendo uno de sus últimos portadores Ana de Ruz de Lara (1697-1764) la cual estaba casada con Acisclo Antonio Gómez de Arroyo (1694-1764), pues bien, el apellido Ruz materno pasó como primero a sus hijos (cosa muy común en aquellas fechas) y se da la circunstancia de que en la actualidad todos los Ruz montalbeños descendemos de esta mujer, ya que el apellido pasó a su hijo Pedro de Ruz Blanco y de éste a sus hijos (nietos de la citada Ana) Pedro Manuel de Ruz Jurado y Acisclo Josefh de Ruz Jurado, los cuales dan origen a las dos ramas familiares actuales del apellido Ruz en Montalbán. Es muy llamativo como este apellido ha pasado en dos siglos y pico de estar próximo a su desaparición a ser uno de los más abundantes en Montalbán, la explicación a este hecho podría estar en la alta frecuencia con que se han dado en nuestro pueblo familias Ruz con muchos hijos y en su mayoría varones, cosa que se sigue repitiendo en la actualidad, y aunque ya no se suelen tener tantos hijos como antes, sí que siguen predominando claramente los varones. En cuanto al origen del apellido hay varias teorías; una de ellas está en el posible origen suizo, ya que en dicho país existe una comuna del cantón de Neuchâtel, denominada Val de Ruz (Valle de Ruz), otra le da origen francés, ya que en el país galo también existe el apellido Ruz (se escribe exactamente igual).

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Paisaje de Val de Ruz (Suiza)

Una hipótesis bastante extendida hace años, pero que ha quedado totalmente descartada, es la de que el apellido pudo venir hasta nuestro país con las repoblaciones que el rey Carlos III realizó en Andalucía a finales del siglo XVIII con colonos provenientes de Centroeuropa (fundación de La Carlota, Fuente Palmera, San Sebastián de los Ballesteros, etc), cosa que resulta imposible, puesto que el apellido Ruz ya existía en Montalbán dos siglos antes de dichas repoblaciones. Otra teoría sobre el origen del apellido Ruz está en la Córdoba musulmana, ya que existía una poderosa familia de juristas llamada los Banu Rušd (a la que pertenecía el gran Averroes). Existe otra teoría que le da al apellido Ruz origén en la región francesa de Bretaña, ya que Ruz significa “rojo” en Bretón. Por otro lado está lo que afirman la mayoría de tratadistas y expertos, que el apellido Ruz es netamente andaluz y toponímico, siendo su procedencia el municipio de Rus (Jaén), estando por tanto emparentado con el apellido Rus, bastante frecuente en la provincia de Jaén, dándose la circunstancia de que con el paso del tiempo se le trocó la S por una Z, cosa ésta que ha ocurrido con muchos otros apellidos y por tanto no nos debe extrañar lo más mínimo. Personalmente, tanto por la repartición geográfica, como por la antigüedad que tiene este apellido en nuestra comarca, así como por su antigua forma de escribirse con la preposición “de” delante (hasta finales del siglo XIX se escribía “de Ruz”), me inclino por la opción del origen toponímico derivado de Rus (Jaén), además hay muchos apellidos de otros pueblos de Jaén en la campiña cordobesa, ya que gran número de colonos de aquellas tierras vinieron hasta aquí tras la Reconquista a partir del siglo XIII. En cualquier caso no está totalmente demostrada ninguna teoría, aunque como ya dijimos, actualmente la más aceptada es la que lo relaciona con Rus (Jaén). En cuanto a su etimología, el apellido Ruz podría derivar del latín “rus”, “ruris”, que significa “propiedad rural”, aunque también podría provenir del griego “rhous” (ρούς), que significa “ajenjo”, planta con mucho tanino y que es empleada como curtiente, la cual está presente en su escudo heráldico.

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Vista aérea de Rus (Jaén).

Fuentes consultadas:
Blog  “Genealogía de Montalbán de Córdoba”. de Miguel López Romero.
Blog “Armorial de Heráldica Hispana” (escudos de Montalbán) de Pedro Jiménez Sillero.
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Sobre los pozos que había en las casas de Montalbán.

Niños montalbeños en un patio junto al pozo.

Niños montalbeños en un patio junto al pozo.

Hasta hace pocas décadas existían pozos en la mayoría de casas de nuestro pueblo, muchos de ellos, probablemente, con varios siglos de antigüedad, siendo muy pocos los que han llegado hasta nuestros días. Eran éstos unos pozos bastante profundos, de más de diez metros normalmente, muchos de ellos estaban encañados con piedras o ladrillo, otros sin embargo simplemente perforaban la dura tosca que hay en el subsuelo del cerro donde se asienta Montalbán, hasta llegar a la capa freática que existe bajo nuestros pies.

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Sus brocales solían ser de ladrillo o de adobe enlucido y enjalbegado y algunos contaban con una pequeña pila adosada que servía para recoger agua o lavar. La gran mayoría de estos pozos mantenían agua durante todo el año, si bien sufrían grandes oscilaciones en su nivel (de hasta seis o siete metros, o incluso más) dependiendo de la época del año. Solían estar situados en el patio o en el corral, aunque también había algunos en la casa, dándose también la circunstancia de existir pozos que eran compartidos por dos viviendas distintas.

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Pozo existente en C/ Iglesia, nº 2. Era compartido con el Cuartel de la Guardia Civil.

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Pozo existente en C/ Empedrdada, nº 69, también era compartido. Actualmente está seco.

También es destacable que a las afueras del casco urbano había pozos que servían para suministrar agua a varios tejares que existían en nuestro pueblo. En el interior de algunos pozos crecían de forma natural helechos muy bonitos de varios tipos, así como otras plantas de umbría.

Pozo existente en C/ Campo de Fútbol, nº 28 y que en su día sirvió para suministrar agua a un tejar.

Pozo existente en C/ Campo de Fútbol, nº 28 y que en su día sirvió para suministrar agua a un tejar.

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Helechos en pozo montalbeño.

El agua de los pozos de Montalbán no es buena para beberla, ya que es “agria” y no sabe bien, cosa que ocurre en todo el cerro donde se ubica el pueblo, sin embargo en las cercanías de Montalbán, ya en el campo, sí que existen manantiales y pozos con agua muy buena de beber, (Tentecarreta, Huerta de Dios, El Prado…) esta circunstancia fue la que dio pie a que en Montalbán el gremio de los “aguaores” tuviera mucho trabajo y trajín de la Huerta de Dios al pueblo y viceversa. Como hemos dicho, el agua no era buena para beberla, por lo que su uso era fundamentalmente para que bebieran los animales, bañarse, fregar y refrescar la casa y los alimentos; era muy típico meter en el pozo alimentos como el gazpacho, un melón o sandía, carne y por supuesto el vino, ya que en contacto con el agua, que siempre estaba muy fría, se ponían muy fresquitos.

Pozo existente en C/ Empedrada, nº 151, con su dueño José Bascón Fernández.

Pozo existente en C/ Empedrada, nº 151, con su dueño Antonio Bascón Fernández.

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Mismo pozo.

El final de los pozos de nuestro pueblo llegó cuando se empezó a instalar agua corriente y frigoríficos en las casas, al quedar en cierto modo obsoletos, por lo que en su gran mayoría fueron rellenados con escombros y tapados (casi siempre al realizar alguna obra en la vivienda), siendo muy pocos los que a día de hoy se han conservado.

Pozo existente en Llano del Calvario, nº 33.

Pozo existente en Llano del Calvario, nº 33.

Pozo de Llano del Calvario, 33 en una foto más reciente.Pozo de Llano del Calvario, 33 en una foto más reciente.

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Pozo existente en C/ Empedrada, nº 63.

Con la pérdida de la gran mayoría de pozos, considero que de alguna manera también se ha perdido parte de nuestro patrimonio, ya que eran una estampa muy típica de los patios y corrales y de las casas montalbeñas en definitiva, y asimismo podrían haber seguido usándose hasta nuestros días, ya que aunque ahora se cuente con agua corriente potable y frigorífico, el agua del pozo seguramente podría seguir sirviendo para refrescar algún alimento o bebida especial o incluso para uso doméstico cuando se producen cortes o restricciones de agua. Sirva esta pequeña entrada del blog para recordarlos y que no se pierdan en la memoria de los que los conocieron y tantas veces se esforzaron subiendo aquellas cubas cargadas de agua fresca del subsuelo montalbeño.

Pozo de la Ermita del Calvario.

Pozo de la Ermita del Calvario.

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El singular caso de los estanqueros de papel sellado de Montalbán y La Rambla condenados a muerte a mediados del siglo XVII.

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Navegando por el océano de Internet he llegado hasta un documento que me ha llamado poderosamente la atención y el cual he transcrito del castellano de aquella época. Se trata de dos informes redactados en Montilla y Granada en el 1659 (el 28 de mayo y el 24 de junio respectivamente), por D. Julián de Cañas Ramírez y Silva, Juez Oidor de la Chancillería de Granada, a petición de D. Juan de Góngora, Gobernador del Consejo de Hacienda, y que tratan sobre la ejecución en Montilla de Gregorio del Pozo y Martín Garrido, estanqueros del papel sellado de La Rambla y Montalbán, a los que se acusaba de falsificación de papel sellado (delito de moneda falsa). Estos dos estanqueros fueron salvados en el mismo patíbulo y en el último momento por varios curas y frailes sin el consentimiento de la Justicia. Desconozco si posteriormente se llevó a cabo la sentencia de muerte, aunque del texto se puede entender que hubo una apelación. En el documento, que no tiene desperdicio, se puede ver también las grandes dificultades que pasó el Juez Oidor D. Julián y otros subordinados suyos para intentar investigar este caso y hacer justicia (con actos de venganza y difamación hacia ellos incluidos), entendiéndose perfectamente al leerlo que la situación corrupta venía de largo tiempo atrás y muy posiblemente tendría el conocimiento y complacencia de parte del pueblo y autoridades locales. Dicho Gobernador del Consejo de Hacienda le pregunta los motivos para haber llevado a cabo la ejecución sin haberle consultado previamente, a lo que el Juez-Oidor le responde con los dos mencionados informes, siendo su contenido, ya transcrito, el siguiente: 

Copia de consulta hecha a su Majestad en su Consejo de Hacienda.

SEÑOR:

Por carta de Don Juan de Góngora, Gobernador de vuestro Consejo de Hacienda se me ordena informe los motivos que tuve para ejecutar sin consulta las sentencias de muerte contra Gregorio del Pozo y Martín Garrido, estanqueros del papel sellado de las villas de La Rambla y Montalbán, a quienes quitaron del suplicio algunos clérigos y frailes de esta ciudad con la ocasión de haberse quebrado el ahogadero y desatadose la fianza y soga de esparto, por malicia o impericia del Oficial de la Justicia, a que RESPONDO:

Que habiendo resultado de las diligencias de la Pesquisa de Córdoba sobre a introducción del papel falso, haberse también fabricado en esta ciudad mucha parte de él, me mandó V.M. por de comisión de 18 de junio del año pasado de 1658, tomase las noticias necesarias deleitado de aquella causa del ¿? Don Juan Antonio de Heredia , vuestro Alcalde del Crimen de la Chancillería de Granada, y procediere en la averiguación y castigo por estas palabras: “y hecha la dicha averiguación procederéis al castigo de los que de ella resultaren culpados condenándolos en las penas en que cada uno hubiere incurrido según la calidad de su delito, las cuales ejecutaréis en sus personas y bienes”. Que solas ellas dan satisfacción al reparo hecho por el Consejo, pues no sólo me manda V.M. proceder a la averiguación, sino a la ejecución del castigo en personas y bienes de los reos. Y esto mismo contienen diferente cartas (cuya copia va con esta consulta) que vuestro Gobernador me escribió en respuesta de las noticias que fui dando de lo obrado en esta pesquisa, una de 12 de noviembre que dice: “en las resultas de los autos se espera se conseguirá con brevedad el castigo y escarmiento de semejante delito, para lo de adelante, habiéndose averiguado el origen del daño y presos los principales autores de él, y allí V.M. vaya continuando todo lo que fuere necesario”. Y por otra de 19 de noviembre: “Por lo mucho que importa adelantar las demostraciones que pide negocio tan grave”. Y otra de 3 de diciembre: “Y que no se dilate más la demostración que conviniere hacer para el ejemplo y castigo de semejantes delitos”. Y también por otra de Don Domingo Centurión de vuestro Consejo de Hacienda, que en su nombre me escribe en 29 de octubre: “Y V.M. se sirva proceder adelante conforme a justicia y entretanto doy a V.M. de parte del Consejo muchas gracias de lo que ha hobrado”. Por cuyas órdenes no sólo me manda V.M. se consulte la ejecución de sentencias, limitándome la comisión, sino que antes me concede toda la jurisdicción bastante para proceder con ella al castigo, y con poder especial, para sentenciar y ejecutar, manifestándome la gravedad de este delito, encargando y mandándome abreviar la demostración del castigo, para que fuese escarmiento de otros. Y siendo la comisión de esta calidad, (y aún con palabras más imitadas) sólo tolera V.M. la consulta y la admite cuando duda el inferior en la probanza del delito o en la pena que se le debe imponer, por ser arbitraria y no legal ni determinada, o por otra justa causa o consideración de que resultase la inocencia del reo. En el primer caso (demás de no ser permitido) hallé a los de esta causa confesos y convictos, en el cual ni se consulta, ni se admite la apelación. Y en el segundo con pena legal y determinada por ley y premática promulgada en tiempo de V.M. que está en observancia. Y cuando estuvieran con ¿…? de las calidades, o confesos o convictos por haber delinquido en sus oficios, se debían ejecutar las sentencias sin diferir el castigo y también por ser especial en el delito de moneda falsa, cuya pena corresponde a los cómplices, falseadores y vendedores de papel sellado falso. El que debo consultar a V.M. no puedo ignorarlo, mas en los casos permitidos por derecho y de la misma suerte que sería culpable de no hacerlo cuando hay alguna de las razones dichas, y sería también cuando simuladamente fingiese la duda contra mi dictamen y conocimiento del proceso, y sería mayor el castigo de esta sospecha y menos fuerte la satisfacción más escrupulosa, pues faltando a la forma legal, ni cursa más de ocupar el tiempo al Consejo en delito no libre de castigo consultándole ociosamente, a que no debo exponerme cuando ejecute las sentencias de estos reos guardando términos de derecho y conforme a justicia como se me ordena. Y estas mismas reglas guardó ese otro licenciado D. Juan Antonio en la sentencia de azotes que ejecutó en Rodrigo de Acorta, escribano de número de a ciudad de Córdoba, sin consultarla por hallarse confeso y convicto, ni admitirle la apelación, cuya ¿? misión me ordena V.M. prosiga en Montilla, teniendo considerable inconveniente en una pesquisa tan dilatada y costosa, diferir el castigo de dos reos tan culpados esperando la resolución de la consulta en perjuicio de otros sumando nuevas costas y salarios que sobre los que se deben será muy sensible, no habiendo motivo para hacerlo. La continuación en este delito de tantos años, pues no sólo se ha cometido en los de 1657 y 1658, sino en los antecedentes. La obstinación en no conocer el falso papel sabiéndolo todos, y que la variedad de los delitos es tal y tan manifiesta que a nadie se le puede ocultar. La desenvoltura y desahogo con que corrió que parecese Sacra gala y donaire con el papel, pues tienen más falso que verdadero los escribanos, y las diligencias para estorbar su averiguación y mi pedirla ha sido con tanto exceso que parece no se ha tenido por delito, y el ver que sólo los que son contra V.M. se callan, se encubren, se disimulan y seducen a clemencia era motivo bastante para no disimular su castigo, y que el terror de la pena que les corresponde abriere los ojos de tanta ignorancia o malicia. Y cuando tantas circunstancias faltaran, la multiplicidad de delitos y enfermedad que padece esta república daba voces por su curación drene, y eficaz para reprimirlos y atajarlos como V.M. me lo manda, y si el del papel sellado no tuviera la pena del último suplicio se debía imponer, para que el ejemplo fuese escarmiento a los seglares, y esta amenaza los detuviese y ajustase a la razón para no ser cómplices con los de otro estado que les hacen sombra para tales insultos, y metidos en ellos no los excusan del castigo menos que con los inconvenientes que se han experimentado arriesgando todo en un punto y lo que más es la autoridad de la jurisdicción de V.M., como se vio el día del suplicio de estos reos y el siguiente que derribaron la horca. La desenvoltura con que se reselló en esta ciudad la primera vez y lo que a mis ojos ha parado en este, sin que se hallase un real que no fuese falso ni sin cuidado el autor habiendo tantos los doblones falsos que han corrido, y la fábrica nueva que se trataba de hacer, el poner fuego a la casa de un abogado que defendía la jurisdicción de V.M. a vista de un ministro suyo y los libelos que se fijaron en tiempo de otro, las resistencias hechas a mis ministros y los sucesos y accidentes de esta causa que ¿con…? de los autos, sólo pudo remediarlos la entereza de un ministro que vino aquí en nombre de V.M. con el castigo. Estos son, señor, los motivos que en el celo grande que tengo al servicio de Dios y de V.M. me obligaron a hacer tan particular servicio a ambas majestades, los autos de esta pesquisa manifiestan mucho más de lo que puedo significar y mis procedimientos, quien ha dado cuenta a V.M. de lo que ha sucedido en ella sin omitir cosa importante, no había de olvidar lo principal, si hallara algún fundamento para hacerlo, mis deseos han sido siempre no faltar a mi obligación, ni a la atención de ministro de V.M., que mandará lo que sea más de su servicio, cuya call…¿? persona guarde Dios como deseo y he menester.

Montilla y mayo, 28, de 1659.

Copia de carta escrita de Gobernador D. Juan de Góngora.

Joseph Antonio de Egui, cabal escribano de la pesquisa del papel sellado de Montilla me dice lo que pasó con V.S. y le ordeno me dijese el día que le beso la mano sobre que doy a V.S. las gracias y porque a lo más tengo satisfecho en mis consultas y cartas que he escrito a V.S. En esta sólo responderé a la queja que entendido se ha manifestado por parte del Marqués de Priego, diciendo le llame el día del suceso de los ajusticiados y examine testigos sobre ello.

En lo primero habrá visto V.S. la templanza de mi recado que se encaminó a darle cuenta del estado en que estaba la materia y que sólo su presencia la podía componer, lo cual no fue novedad mía ni falta de atención, sino ¿…? la que debía y prevenir no se me culpase en los lances que se podían seguir no haberlo hecho. Y en tiempos más calamitosos y turbulentos cuenta fray Prudencio de Sandoval en la historia del gran Emperador Carlos V en el libro ¿…? (que vos habrá visto tantas veces) el suceso del Alcalde de Corte Legui-Zamo que habiendo sentenciado en la ciudad de Murcia a cien azotes a un zapatero y quitadole el pueblo, dice también y como el Alcalde vio esto, fuese a toda prisa a casa del Marqués de los Vélez que estaba en la ciudad y cuando el marqués supo que el Alcalde iba a su casa no le quiso esperar, antes cabalgó a prisa y saliose de la ciudad y se fue a Mula. El Alcalde salió en seguimiento del marqués y de parte del Rey se puso pena de muerte y de prendimiento de bienes, se volvió luego con él a la ciudad a darle favor y ayuda para que pudiese hacer justicia.

En lo segundo, sobre el examen de testigos, no fue sobre el resultado ni la cabeza del proceso que dio principio a la sumaria de aquellos días contiene tal, ni se encaminó a más de referir el suceso conforme al testimonio que había dado el escribano, y lo que por mi se obró en defensa de la jurisdicción en que se escribió lo que dijeron los testigos de bajo de juramento ajustándose al hecho de la verdad para dar cuenta a su majestad.

Últimamente señor, lo que he obrado en este negocio ha sido ajustándome a las leyes y premáticas de estos reinos y doctrinas más seguras, con celo de Justicia y midiéndola al tiempo, lugar y estado en que me hallaba y a la atrocidad del delito, como consta del proceso. El salir sin cobrar los salarios también se verá de los autos como pasó y lo que en esto se obró, bien se conoce mi poca suerte, pues cuando me pareció menor inconveniente ceder a la materia de maravedís (tan de poco aprecio en los hombres de mis obligaciones) que dejar de manifestar mi obediencia a las órdenes del Consejo, también en ésto hay quien me culpa, espero que V.S. mandará se despache recetar que los cobre o comisión para que yo lo haga desde aquí, y lo que suplico a V.S. es tenga entendido desee tener con el Marqués de Priego toda buena correspondencia en lo que allí se ofreció a este suceso referido, y en él, como lo habrá conocido de los autos y de las dependencias de otros negocios lo podrá decir Joseph Antonio. Yo he sido desgraciado, mas espero en Dios que mis procedimientos volverán por mi razón y reputación, pues sólo su servicio y del Rey me han ocasionado estos lances, mayormente cuando V.S. es Juez de ellos y yo su hechura , a quien guarde Dios como he menester.

Granada y junio, 24 de 1659.

Julián de Cañas Ramírez y Silva = Juan de Góngora.

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Aquí os dejo también el enlace para el que quiera leer el informe original (páginas 36, 37 y 38).

Montilla (siglo XVIII)

Montilla (siglo XVIII)

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Los Balbuena; hidalgos montalbeños.

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Continuando con el trabajo de buscar las familias de origen hidalgo de nuestro pueblo, el cual comencé con la entrada publicada hace unos años y dedicada a los Barahona, ahora dedico la presente a los Balbuena, otra familia hidalga montalbeña, aunque a día de hoy el apellido ya no existe en Montalbán. Los Balbuena de nuestro pueblo eran de origen asturiano o castellano-leones, ya que existen seis lugares en España así llamados (aunque ahora se escriben Valbuena), uno en Asturias y cinco en Castilla-León, y siendo los mismos; Valbuena (Cabranes, Asturias), Valbuena (Aldeacipreste, Salamanca), Valbuena de Pisuerga (Palencia), Valbuena de Duero (Valladolid), Valbuena de Roblo (Crémenes, León) y Valbuena de la Encomienda (Villagatón, León), estamos por tanto ante un apellido de origen toponímico, si bien desconocemos de cuál de las referidas localidades procede en concreto. La información sobre el origen hidalgo de dicha familia la he encontrado en el libro de Óscar Barea López titulado “Heráldica y Genealogía en el sureste de Córdoba (siglos XIII-XIX). Linajes de Baena, Cabra, Carcabuey, Doña Mencía, Iznájar, Luque, Monturque, Priego, Rute, Valenzuela y Zuheros”. Concretamente en su página 101 podemos leer lo siguiente:

BALBUENA: De Valbuena (Asturias y 4 en Castilla-León). Desde Montalbán, pasó a Córdoba y Tomares, en el siglo XVIII, siendo recibidos en Baena.

Hidalguía Montalbán, Córdoba y Baena:

RCHG (Real Chancillería de Granada): Probanza, de 1743, a favor de Lucas García de Balbuena, de Montalbán.

RCHG: Real Provisión, de 1789-90, a favor de Francisco Rafael Balbuena y Nieto, vecino de Córdoba, contra Baena.

Genealogía en Montalbán, Córdoba, Tomares y Baena:

  1. Juan Balbuena, hidalgo en Montalbán, en 1637 y 1693-95, casado con Leonor de Doblas, de Montalbán. Padres de:

  2. Lucas García Balbuena, hidalgo en Montalbán, en 1681, 1689, 1693-95, 1701-2 y 1717-18, casado con María Siruela, de Montalbán. Padres de:

  3. Gerónimo Balbuena, hidalgo en Montalbán, en 1734, 1741-43, casado con Alfonsa de Aponte. Padres de Juan (recibido hidalgo en Tomares en 1777), y:

  4. Lucas Antonio Balbuena, de Montalbán, hidalgo en Córdoba, en 1777 y 1778, casado en Córdoba con María Susana Nieto de Torres. Padres de:

  5. Francisco Rafael Balbuena y Nieto, vecino y hacendado de Córdoba, familiar del S.O., recibido en Baena, en 1790, casado con María Agustina de la Rosa y Sandoval, de Baena, propietaria.

En los primeros libros de bautismo montalbeños (1558-1642) aparece el referido Juan de Balbuena, el cual estaba casado, como bien se dice en el libro de Óscar Barea López, con María de Doblas, y en dichos libros parroquiales aparecen como padres de dos niños bautizados. A día de hoy el apellido Balbuena o Balvuena (como se suele escribir en la actualidad) ya no existe en Montalbán, si bien en Córdoba y Baena sigue estando presente y posiblemente sean descendientes de aquellos Balbuena montalbeños, ya que este apellido es muy poco frecuente en nuestra provincia. Continuaré dando información sobre otras familias montalbeñas de origen hidalgo en futuras entradas del blog.

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Valbuena (Cabranes, Asturias), en la Comarca de la Sidra.

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Menciones destacables en literatura, prensa u otros escritos sobre los melones de Montalbán.

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Montalbán, tierra de buenos melones y mejores meloneros. Los melones de nuestro pueblo llevan siendo famosos en toda España desde hace mucho tiempo por su gran calidad, prueba de ello son varias las menciones que a fruto y pueblo pueden hallarse en libros, prensa u otros documentos escritos. He recopilado aquí cuantas referencias he podido encontrar, algunas de ellas bastante curiosas, sobre el que durante muchos años fue el producto estrella de nuestro pueblo, honor que comparte hoy en día con los ajos, famosos también en toda España y fuera de nuestras fronteras. Espero que os guste esta entrada y la saboreéis igual que una buena tajada de melón de Montalbán, el mejor del mundo sin duda.

Melones colgados para ser consumidos durante el invierno.

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Luis Ramírez de las Casas Deza

En el año 1844 el historiador cordobés Luis Ramírez de las Casas Deza en su Corografia de la Provincia de Córdoba (página 85) y dentro del apartado dedicado a Montalbán, escribió lo siguiente: “produce trigo, cebada, habas, semillas, pastos, hortalizas, aceite y abunda en melones especialmente de invierno, que llaman en el país “andregüelas” y tienen mucha fama”.

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José Selgas Carrasco

En 1866 y en los artículos periodísticos “Nuevas hojas sueltas” de José Selgas Carrasco, podía leerse: “Por las puertas de Madrid entran como ríos los más preciosos dones de la Naturaleza, las más celebradas combinaciones de la industria, encargada de lisonjear los caprichos del paladar y las necesidades del estó- mago. Peros de Ronda, melones de Montalbán, aceitunas de Sevilla, dátiles de Elche, naranjas de Valencia, de Murcia, de Córdoba, higos de Málaga y Montilla, ciruelas de Yelves, miel de Adra, de Palma del Rio y, sobre todo, de la Alcarria, que trasciende á tomillo y romero. La boca se hace agua”.

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Juan Valera

En 1872 el gran escritor egabrense Juan Valera también se acuerda de nuestro pueblo en su obra La Cordobesa, donde en la página 16 puede leerse lo siguiente: “ni carece tampoco, en la estación oportuna, de cerezas garrafales de Carcabuey, de peras de Priego, de melones de Montalván, de melocotones de Alcaudete,…”. En esa misma obra literaria habla de los melones de invierno o invernizos llamados “andregüelas”, y aunque no menciona concretamente a nuestro pueblo, sin duda, y a tenor de lo leído antes, el origen de dichos melones es Montalbán: “Del techo cuelgan egregios y gigantescos jamones y alternando con esta bucólica manifestación del reino animal, dulces andregüelas invernizas, uvas, granadas y otras frutas”.

  

 

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Plaza de las Cañas, Córdoba.

 

El 17 de julio de 1887 y en La Crónica Meridional (diario liberal independiente y de intereses generales), en un artículo titulado “MELONES”, puede leerse lo siguiente: “Otros melones famosos en España son los de Montalván (Córdoba), famosísimos en todas las ferias de Andalucía”. La Crónica meridional fue un diario editado en la ciudad de Almería entre 1860 y 1937.

En 1903 y en el Diario de Córdoba se publicó un artículo titulado “Melones”, (por desgracia no he podido averiguar su autor) que decía lo siguiente: “Vaya otro festejo. ¿Les gustan a mis lectores? ¡Cuántos hay por todas partes!. En la Rambla de Canaletas, a derecha e izquierda, estaban instalados los meloneros. Como hay melones que vale más no calarlos, por la mor de no llevarse un cruel desengaño, prefiero no tocar ninguno, y recrearme otra vez con la vista de todos los melones que se exhiben, que son muchos, muchos y gordos. Paréceme estar en Montalbán, Lopera o en la Plazuela de las Cañas de Córdoba, cuando ahí sentaban su reales los meloneros”.

En 1909 se publicó el libro “Los mártires del adulterio”, de Luis de Val. En su página 116 puede leerse lo siguiente: harto tenía que hacer con ajofifar todos los suelos de la casa, desde el piso bajo hast a la cámara , donde se conservaban pendientes del techo los racimos de uva s de cuelga , las pera s de agu a arrugada s y jugosa s y los melones y andregüelas, una clase de melones amarillos como otros cualquiera , pero que ha n sido bautizados en Córdoba con aquel extraño nombre, puramente local y desconocido en el resto de España e islas adyacentes”. Aunque no se menciona el nombre de nuestro pueblo, al hablar de “andregüelas” y de Córdoba, claramente se está refiriendo a los melones de invierno típicos de nuestro pueblo y muy famosos ya en aquellas fechas de principios del siglo XX.

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Eugenio D’ors

Eugenio d’Ors, ilustre escritor barcelonés y miembro de la Real Academia Española, a mediados de los años 40 colaboraba con el periódico La Vanguardia escribiendo una serie de artículos o comentarios que se denominaban “Estilo y Cifra”. El martes 4 de septiembre de 1945 se publicó uno llamado “El Melón”, un magnífico y a la vez simpático artículo donde menciona la gran calidad y fama de los melones de Montalbán. En el mismo artículo puede leerse lo siguiente: “Los melones de Montalbán, que de Córdoba no está lejos, gozan de una fama merecidísima. …//… En los casos mejores era Villaconejos lo que lo recogido evocaba; Montalbán perdíase aún en la lejanía. …//… debió de pensar en su candor, que las pepitas de Montalbán podían substituirse con otras pepitas de melón cualesquiera”. Dicho artículo puede leerse al completo en el siguiente enlace:

 http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1945/09/04/pagina-3/33087321/pdf.html

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Fermín Bascón y Francisco Salces en Las Arenas (Guetxo, Vizcaya), vendiendo los famosos melones de las “tajadas señaladas”.

En el diario ABC (Madrid) del 2 de diciembre de 1962, se publicó un extenso artículo titulado “La ruta de las frutas”, escrito por José y Jesús de las Cuevas, y en el que se habla de muchos lugares famosos en España por sus diferentes frutos, pudiéndose leer lo siguiente: Melones de Montalbán y de La Rambla (la cita es de Eugenio Solís, pluma que sabe de Córdoba tanto como Ricardo Molina)”. El artículo mencionado puede leerse al completo en el siguiente enlace: 

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1962/12/02/009.html

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En el diario ABC, sección Andalucía, del 26 de agosto de 1964, se publicó un artículo titulado “Excelente cosecha de melones”, firmado por Francisco Luque Estrada, en el que puede leerse: “Los principales puntos de producción de este fruto son los que comprenden la campiña, entre los que se encuentran Montalbán y Santaella. …//…. Desde hace bastantes años este fruto sale en camiones de gran tonelaje con destino a otras provincias, ya que, según los técnicos, superan en dulzor a los de otras regiones”. El artículo entero puede leerse en el siguiente enlace: 

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1964/08/26/028.html

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En el libro de Juan Martínez Alier “La estabilidad del latifundismo” (1968), en la página 298 y refiriéndose a los melones, se puede leer lo siguiente: “Este cultivo es especialmente popular entre los obreros de Montalbán, que en primavera y verano se diseminan por toda la Campiña”.

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En el libro de Antonio López Ontiveros “Emigración, propiedad y paisaje agrario en la campiña de Córdoba” (1974), en la página 474 puede leerse lo siguiente: “en tiempos muy recientes —años cincuenta y sobre todo sesenta—, ante la gran demanda y posibilidad de transporte a distancia de estos melones, junto con la aparición de nuevos tipos de los mismos que «aguantan mucho» —melones de exportación—, se ha generalizado su cultivo en los barbechos campiñeses, sobre todo por obra de los meloneros de Montalbán, que cada año se dispersaban por la Campiña demandando tierra para sembrarlos”.

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En el diario ABC (Madrid) y con fecha 7 de mayo de 1975 se publicó un artículo titulado “Cuando se nace dos veces”, cuyo autor fue Ernesto Giménez Caballero y trata sobre el escritor egabrense Juan Valera, y en el  que puede leerse lo siguiente: “Y le acompañó a Valera cuando, huyendo de Madrid, se refugiaban en Cabra para saborear cerezas garrafales, peras de Priego, melones de Montalbán, naranjas de Palma del Río,…”. El artículo mencionado puede leerse al completo en el siguiente enlace: 

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1975/05/07/021.html

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En la página 693 del libro “Antropología de los pueblos de España”, de Joan Prat Carós (1991), puede leerse lo siguiente: “Un obrero, algo más instruido que la mayoría, y que era además, un “melonero” (que arrienda tierra para sembrar melones), orgulloso de su independencia, cuando le pregunté qué nombre tenía la plaza en Montalbán, me contestó que se le llamaba “la majada”, porque allí es donde van las “ovejas” en busca de trabajo”.

 

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Pablo García Baena

El insigne poeta cordobés Pablo García Baena (perteneciente al grupo “Cántico”) en su libro “Los libros, los poetas, las celebraciones, el olvido” (1995) y en el apartado “Cantoral de Otoño” (página 17), nos dice lo siguiente: “Me han enviado de regalo desde la campiña de Córdoba unas andrehuelas. Los diccionarios dicen que las andrehuelas son cierta especie de melones, propios para guardar hasta el invierno, y algunos hacen derivar la palabra, como diminutivo, de sandía. Todos añaden que es voz cordobesa. Pero en el secano cordobés, y si sabrán en Montalbán de melones, la referencia es clara al Día de San Andrés, ofrenda tardía del otoño al apóstol. Es fruta pequeña y femenina y su piel tensa con arrugas suaves, su olor hondo y húmedo a cámara cerrada, su pulpa rosa hacia el ocre tumefacto aclaran ese instante de lo que fue goce de verano y ya inicia el derrumbe bello y casi carnal”.

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En el libro “Recordaciones cordobesas” (2002) de Juan García Martín, en la página 13, al referirse a los pregones callejeros que antiguamente daban los vendedores ambulantes menciona el siguiente: “¡¡El melonero, a los ricos melones, de pura miel, rayaos y escritos, que son de Montalbán!!”.

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“Vieja friendo huevos”, de Velázquez.

En la página web de Miguel A. Román “Libro de Notas”, -diario de los mejores contenidos de la Red en español-, en la sección de cocina “En casa de Lúculo”, podemos encontrar un artículo titulado “Los huevos de Velázquez”, en el que se, desde un punto de vista culinario, se analiza el famoso cuadro de Velázquez llamado “Vieja friendo huevos”, en el cual también aparece un niño con un melón de invierno en su mano derecha. En el mencionado artículo puede leerse lo siguiente: “A la izquierda aparece un joven, casi un niño, portando un gran melón invernizo y una frasca de vidrio con vino blanco de tonos ambarinos. Probablemente viene de la venta donde acaba de adquirir ambos alimentos: el vino se vendía a granel en las bodegas donde se almacenaba en grandes cubas de madera. La fruta lleva aún el cordaje con el que se ataba y suspendía del techo para evitar que las humedades, o los roedores, lo dañaran. …//… Todavía quedan lugares donde se curan los melones de esta guisa, como se hace con las andrehuelas en Montalbán de Córdoba”. En el siguiente enlace se puede leer el artículo al completo:

http://librodenotas.com/movil/?articulo=22567

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Niño en el chozo del melonar, 1970.

 

En un trabajo de la Universidad de Córdoba, F. López Mora, director del Servicio de Publicaciones de dicha Universidad, al describir Montalbán, escribió lo siguiente: “En relación a los aprovechamientos agrarios sobresalen los cultivos intensivos de secano y el olivar, siendo conocidos la calidad de sus ajos y de su melonar.”. El artículo sobre nuestro pueblo puede leerse al completo en el siguiente enlace:

http://helvia.uco.es/xmlui/bitstream/handle/10396/11978/montalban.pdf?sequence=1

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Como dato muy curioso creo que merece la pena mencionar que en la versión en español  del libro “La venganza de los gnomos” (“Revenge of the Lawn Gnomes”), del escritor estadounidense de novelas de terror Robert Lawrence Stine, se cita en varias ocasiones las “andrehuelas”, las cuales como ya dijimos antes son los famosos melones de invierno típicos de nuestro pueblo. En el siguiente enlace se puede leer el libro referido: 

https://issuu.com/josecaballerollamas/docs/la_venganza_de_los_gnomos_-_r

Melonar de secano en Montalbán. Verano de 2016.

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Ideas para Montalbán: Reforestación de nuestro término municipal.

 

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Tramo de la Vereda de Málaga repoblado y con riego.

En las últimas décadas, y sobre todo desde que gozamos en España del actual período democrático, Montalbán ha sufrido un beneficioso y radical cambio en lo que se refiere a la presencia de árboles y vegetación en su casco urbano y algunas zonas aledañas al mismo. Sólo hay que ver fotos de nuestro pueblo de los años 60 o 70 para comprobar que hemos pasado de una localidad prácticamente huérfana de zonas verdes y de arboleda a todo lo contrario, lo cual mejora sin duda el paisaje urbano y la estética de Montalbán, haciéndolo un municipio más apetecible para el paseo, más atractivo para el que lo visita y en definitiva con más lugares donde sentarse a la sombra, que no es poco por estas latitudes donde el estío golpea con implacable ardor. Esta gran mejora en cuanto a la presencia de arboleda y vegetación hay que agradecerla a las distintas corporaciones locales que han pasado por el Ayuntamiento. Llegados a este punto, pienso sinceramente que es el momento de dar un paso más en este aspecto y extender esa inercia repobladora hacia nuestro término municipal, hacia el campo montalbeño. Es sabido por todos que durante miles de años la campiña fue un bosque mediterráneo donde reinaba la encina y el monte bajo, estando estos cerritos que rodean nuestro pueblo, y la campiña en general, cubiertos de frondosos bosques de monte alto de encinas mayormente y también de matorral. Sin duda, en aquellos tiempos no tan lejanos como podríamos pensar, la imagen de esa campiña salvaje debió ser de una espectacular belleza. Por un mapa del término municipal de Montalbán de finales del siglo XIX, sabemos que los últimos reductos de monte alto de encinas (154 fanegas) se hallaban en el pago de Los Cobos, existiendo también monte bajo y matorral en los pagos de Los Pelechones, Las Morras y Trillo (50 fanegas), dicho monte alto y bajo fue desmontado en las primeras décadas del siglo XX. Es natural que las tierras de la campiña, al ser ideales para el cultivo, terminen siendo desmontadas por la mano del hombre para convertirse en una fértil zona agrícola, lo cual es muy beneficioso para la sociedad humana, no obstante quizá el desmonte de la campiña cordobesa, sobre todo en zona cerealista, se hizo de una manera demasiado radical, digamos que se esquilmó el bosque autóctono hasta dejarlo totalmente extinguido en muchos lugares, salvándose normalmente sólo aquellos sitios inaccesibles al arado. Ésto dio pie a una campiña de aspecto desértico en grandes zonas de tierra calma, muy diferente de otras campiñas españolas o del extranjero en las que sí se respetó el bosque primitivo al menos en zonas comunes, caminos, cursos fluviales y lindes, lo que les ha dado un gran valor estético, ecológico y de ocio para la población. Visto que en Montalbán se ha conseguido una gran mejora en cuanto a la presencia de arboleda y vegetación en el casco urbano y algunas zonas del extrarradio, con el consiguiente beneficio estético y de ocio, es el momento de extender dicha mejora a nuestra campiña más inmediata, la que compone nuestro término municipal, para que el mismo sea objeto de una reforestación con árboles y matorral autóctonos como por ejemplo encinas, alcornoques, quejigos, algarrobos, acebuches, álamos, olmos, almendros, granados, higueras, pinos, cipreses, romero, jara, tomillo, chumberas, lentiscos, pitas, etc., procediendo a repoblar todos los caminos públicos, zonas comunes (algunas lo están ya), arroyos y también llegando a acuerdos con los propietarios de tierras para extender dicha reforestación, en la medida de lo posible, a las lindes, o al menos a parte de ellas. Pienso que lo más complicado serían los primeros años de esos futuros árboles, ya que al ser pequeños necesitarían agua durante el verano para no secarse, sin embargo ese problema estaría resuelto gracias a que la mayor parte de nuestro término municipal está dentro de la zona de regadío Genil-Cabra y por tanto sólo habría que poner riego por goteo a esos árboles durante sus primeros años, después no haría falta, pues al ser autóctonos están adaptados a nuestro clima y su frecuencia de lluvias. Habría que sumar también que, esperemos en poco tiempo, Montalbán cuente con su depuradora de aguas residuales, lo que mejorará aún más la calidad ambiental de nuestro entorno campiñés. El beneficio que esta reforestación tendría para Montalbán y la calidad de vida de sus vecinos es indudable; la campiña mejoraría drásticamente en pocas décadas en cuanto a su estética y valor paisajístico, los momentos de ocio en el campo, como senderismo, ciclismo, paseos a caballo u otras actividades campestres, serían mucho más apetecibles y entretenidos, además desde el punto de vista ecológico al contar la campiña con más masa arbórea habría más humedad, lo que seguramente sería un atrayente para las nubes y las lluvias, además de evitar la erosión del suelo. También esta reforestación controlada sería beneficiosa para que las especies animales, incluidas las cinegéticas, tengan un mejor hábitat y mayores oportunidades de procrear. Ojalá algún día podamos ver nuestra campiña montalbeña con más árboles, más verde, sería bueno para todos…, creo que merece la pena intentarlo.

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Campiña toscana (Italia)

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El blog cumple 10 años…

Justamente hoy se cumplen diez años desde que este pequeño rincón del ciberespacio echó a andar. Gracias a él he disfrutado mucho investigando y escribiendo de temas diversos, pero mayormente dedicándole entradas a mi pueblo, Montalbán, a su historia, costumbres y otras curiosidades. Ni que decir tiene que me gustaría poder publicar más a menudo, pero el tiempo del que dispongo no da para mucho más. Para “celebrar” este aniversario quiero compartir unas fotos que hace poco me pasó un buen amigo y compañero de profesión, al que le gusta sobrevolar estas campiñas.

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Si fuese mar la campiña,

si sus cerros fueran olas,

Montalbán sería un barquito

que navega y no zozobra.

 

Fotos de Juan Antonio Pérez Palmero.

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Relación de los esclavos que aparecen en los primeros libros de bautismo de Montalbán (1558-1642).

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Los comentarios de Miguel López Romero y Pedro Jiménez Sillero en mi anterior entrada “Montalbán y la expulsión de los moriscos” me hicieron caer en la cuenta de que, como ellos me comentan, en los primeros libros de bautismo montalbeños (de 1558 a 1642) vienen recogidos los nombres de un buen número de esclavos, en su gran mayoría mujeres. Por suerte, dichos primeros libros de bautismo fueron pasados a limpio y subidos en internet hace años por nuestro paisano Francis Morales, y gracias a él todos podemos disfrutar de su lectura. Bien, pues consultados dichos documentos podemos comprobar que desde 1558 a 1642 aparecen alrededor de una cincuentena de esclavos y esclavas (con una aplastante mayoría femenina). Estos esclavos figuran en los libros parroquiales por dos motivos; o bien por su propio bautismo o por el de sus hijos. En cuanto a su procedencia hay que señalar que ocho son descritos literalmente como morisco-a, de origen berberisco o moro-a, y si al resto simplemente se les aplica el término “esclavo” o “esclava” sin duda la mayoría de ellos serían moriscos o de raza negra. Es de suponer que sus dueños pertenecían a familias más o menos pudientes de Montalbán, reconociendo éste que escribe entre ellas a tres familias de carácter hidalgo; los Barahona, los Delgado y los Villalba, aunque seguramente tendrían título de hidalguía alguna más. A continuación os dejo la relación de todos los que he encontrado:

LIBRO 1 (1558-1586)

Juan, esclavo de Bartholomé Ximénez. (Bautizado)

Juan, morisco criado de Christóbal López Hidalgo. (Bautizado)

Luisa, esclava de nación morisca de Christóbal Ruiz de Castro. (Madre de niños bautizados)

Esperanza, esclava de María Gutiérrez, viuda. (Madre de niña bautizada).

María, esclava de Bartholomé Ximénez de Cañete. (Madre de niña bautizada).

Esperanza, esclava de Juan López Pastrana. (Madre de niños bautizados).

Elena, esclava de Juan González Villarreal. (Madre de niña bautizada).

María Fernández, esclava de Justo Gómez de Siruela. (Madre de niños bautizados).

María, adulta esclava de Bartholomé Ruiz Pastrana. (Bautizada)

Cathalina Moreno, esclava de Juan Cívico. (Madre de niños bautizados).

LIBRO 2 (1586-1612)

Bárbara, morisca esclava de Bartholomé de Laguna (madre de niños bautizados).

Isabel, esclava de Miguel de Castro. (Madre de niños bautizados).

Juana, esclava de Marina Delgado. (Madre de niña bautizada).

Juana, esclava de Pedro Delgado. (Madre niños bautizados).

Isabel, esclava de Pedro Ximénez de Gálvez. (Madre de niños bautizados).

María, esclava de Pedro Martín Poveda. (Madre de niño bautizado).

Francisca, esclava de Francisco Fernández de Écija. (Madre de niños bautizados).

María, esclava de Isabel Rodríguez, viuda. (Madre de niños bautizados).

Juana, esclava de Juan del Castillo. (Madre de niños bautizados).

Isabel, esclava de Christóbal de Castro. (Madre de niña bautizada).

Antonia, esclava de Juan Ruiz de los Moros. (Madre de niño bautizado).

María, esclava de Mayor Fernández, viuda. (Madre de niña bautizada).

Lucía, esclava del licenciado Bartholomé M. (Madre de niño bautizado).

Bitoria, esclava del licenciado Antonio de Valenzuela. (Madre de niña bautizada).

LIBRO 3 (1612-1623)

María, esclava de Juan Garrido. (Madre de niños bautizados).

Cathalina, mora de nación, esclava de Isabel ¿Da…?. (Bautizada).

María, esclava de Juan Rebolledo. (Madre de niño bautizado).

María del Pino, esclava de Pedro Martín Poveda. (Madre de niño bautizado).

Brígida, esclava de Juan Cívico. (Madre de niño bautizado).

Leonor, esclava del alcaide Álvaro Rebolledo. (Madre de niña bautizada).

Ana de Zafra, esclava de Juan del Río. (Madre de niña bautizada).

Francisca, esclava de Leonor de Carmona. (Madre de niña bautizada).

Gerónima, esclava de Antón Ruiz Torralvo. (Madre de niña bautizada).

Paula, esclava de Pedro Martín de Luque. (Madre de niño bautizado).

Ana, de nación berberisca, esclava de Luis Villalba. (Bautizada y posteriormente madre de niño bautizado).

LIBRO 4 (1623-1642)

Francisco, adulto moro de nación, esclavo de Manuel del Pino (bautizado)

Luisa, esclava de Juan Muñoz Zahonero. (Madre de niños bautizados).

María Morena, esclava de Alonso Jurado. (Madre de niños bautizados).

María, esclava de Pedro Ximénez de Cañete, regidor. (Bautizada y posteriormente madre de niño bautizado).

Luisa, esclava de Pedro Ximénez de Cañete, regidor. (Madre de niña bautizada).

Albolia o Arbolea, infiel mora esclava de Pedro Ximénez de Cañete, regidor. (Madre de niños bautizados).

María Ximénez, esclava de Alonso Ruiz Prieto, regidor. (Madre de niños bautizados).

María, esclava de Bartholomé Marín Regidor. (Madre de niña bautizada).

María, esclava de Andrés Barahona. (Madre de niños bautizados).

Lucía, esclava de Pedro Ximénez de Cañete. (Madre de niños bautizados).

Cathalina, esclava de Alonso Ruiz Prieto. (Madre de niño bautizado).

Cathalina, esclava de Xpl. Muñoz. (Madre de niño bautizado).

Lucía, esclava de Juan Muñoz. (Madre de niña bautizada).

María, padres incógnitos, esclava de Bartholomé Marín. (Bautizada).

Ana, mora esclava de Luis Martín Villalba. (Madre de niños bautizados).

Luisa, esclava de Andrés Barahona. (Madre de niños bautizados).

María, esclava de Pedro Barahona. (Madre de niños bautizados).

Mujer morisca barriendo la casa

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Montalbán y la expulsión de los moriscos.

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Familia morisca.

Hace poco ha llegado a mis manos el libro “Los moriscos en tierras de Córdoba” (1984) de Juan Aranda Doncel, en el que el autor trata y describe de forma magistral y detallada, así como bien documentada, el tema de los moriscos que vivieron en nuestra provincia desde el siglo XIII hasta su expulsión definitiva a principios del XVII. Cuando en 1610 se produce dicha definitiva expulsión de los moriscos españoles, Montalbán contaría con una población aproximada cercana a los mil habitantes. Existen varios documentos que prueban que desde varias décadas antes a la mencionada fecha vivían en nuestro pueblo moriscos, tanto libres como esclavos. Pero primero sepamos algo más acerca de los moriscos; los moriscos (de moro) es como se llamó a los musulmanes convertidos (en teoría) al cristianismo forzosamente por los Reyes Católicos en 1502 o convertidos también voluntariamente. Antes de dicha conversión obligatoria a los musulmanes que vivían en zona cristiana (aún no se había completado la Reconquista) y se les dejaba profesar su fe con más o menos libertad, se les llamaba mudéjares. Sin embargo con los Reyes Católicos se puso fin a la libertad religiosa en España, y unos veinte años después de la conquista de Granada se obligó a los musulmanes a convertirse o a marcharse de España, muchos se fueron pero otros se quedaron como conversos, aunque en muchos casos seguían manteniendo su religión en la clandestinidad. La mencionada guerra de Granada (finales del siglo XV) sumada a la política radical de los Reyes Católicos en materia religiosa hizo que se produjera una emigración de moriscos desde tierras granadinas (donde eran más numerosos) hacia el reino de Córdoba, y en concreto hacia los estados señoriales (como el de Aguilar, al que pertenecía Montalbán) ya que los señores veían con buenos ojos la llegada de moriscos porque en su mayor parte eran agricultores y artesanos cualificados y venían muy bien para dinamizar la economía y dar más prosperidad a sus señoríos y por ende más impuestos y más dinero al señor de los mismos. Como contrapartida los señores de Aguilar (a partir de 1501 Marquesado de Priego), y en general todos, hicieron la vista gorda en mayor o menor medida en cuanto al cumplimiento de la verdadera conversión de estos moriscos. A esto hay que añadir también que muchos moriscos venían también hacia Córdoba como esclavos, como consecuencia de dicha guerra. Así se mantuvieron las cosas durante la primera mitad del siglo XVI, sin embargo cada vez se ponían más trabas e impuestos a los moriscos, obligándoles también a abandonar su lengua, sus costumbres y hasta su forma de vestir, cosa que hizo que los moriscos empezaran a ver con buenos ojos el cada vez más importante poder de los turcos en el mediterráneo y las incursiones de los piratas berberiscos (también musulmanes), pues anhelaban un desembarco de tropas musulmanas que volviera a conquistar Al-Andalus. Toda esta situación dio pie a la Rebelión morisca de las Alpujarras (1568-1571), en la que tras varios años de guerra finalmente fueron derrotados por Felipe II, siendo una guerra muy sangrienta y salvaje y donde también participaron turcos y berberiscos venidos del norte de África a apoyar a los moriscos españoles. Como consecuencia de esta rebelión muchos moriscos huyeron al norte de África, otros sin embargo fueron capturados y deportados como esclavos hacia Andalucía occidental (reinos de Córdoba y Sevilla) y otras zonas de España. Finalmente los moriscos fueron expulsados de manera definitiva a principios del siglo XVII (1610) y reinando ya Felipe III, obligándoles a marchar de España. Esta medida se intentó tomar antes, pero la presión de los nobles catalanes y valencianos y del poder señorial (que se beneficiaban de ellos) la fueron postergando.

expulsion

Vayamos ahora en concreto a los datos que conocemos sobre moriscos que hubo en Montalbán:

Por un documento de la casa de Aguilar, fechado en 1519, sabemos que en Montalbán había un esclavo, y si bien no se menciona si era morisco, su nombre nos hace estar prácticamente seguros de ello. Se llamaba Hamete Facain y tenía un valor de cotización de 6000 maravedíes. Este esclavo morisco posiblemente llegó hasta nuestro pueblo como consecuencia de la emigración desde tierras granadinas tras la toma de Granada y finalización de la Reconquista. Los siguientes datos que doy a partir de aquí son todos sacados del libro que mencioné al principio de esta entrada, “Los moriscos en tierras de Córdoba”. En su página 112, relación de moriscos en Montalbán en 1581, en total 14, todos esclavos, (6 hombres y 8 mujeres). En su página 113, relación de moriscos en Montalbán en 1589, en total 8 (3 hombres libres, 2 mujeres libres, 2 hombres esclavos y 1 mujer esclava). Vemos como en ocho años ha bajado la cifra considerablemente y como también ya hay moriscos libres, también llamados cristianos nuevos. En su página 114, relación de moriscos libres en Montalbán en 1610 (año de la expulsión definitiva), en total 11 personas, no detalla el sexo. Como podemos ver en las cifras anteriores nuestro pueblo recibió sin duda población morisca como consecuencia de la Rebelión de las Alpujarras, en principio la mayoría fueron esclavos, pero vemos como tras varias décadas empieza a consolidarse población morisca libre en Montalbán, lo que nos lleva al documento más interesante que he encontrado en el libro mencionado, y es la relación de bienes raíces (tierras y viviendas) que poseían tres familias moriscas montalbeñas en el momento de su expulsión en 1610. Seguramente otros moriscos vivían en nuestro pueblo, pero aquí sólo se mencionan los que tenían bienes raíces. En sus páginas 274 y 275 se puede leer lo siguiente: “g) Montalbán: En el momento de publicarse el bando de expulsión se contabilizan en la villa señorial de Montalbán sólo tres familias moriscas que poseen algunos bienes raíces, tanto rústicos como urbanos. Los muebles y semovientes han sido malbaratados ante la necesidad de vender apresuradamente. El mayor propietario, Diego Fernández, declara una casa en la Plaza pública, un solar con media fanega de superficie, dos aranzadas de viña, dos fanegas y cuatro celemines de tierra calma en dos pedazos y tres suertes de olivar que suman 150 pies. Todas las pertenencias se hallan libres de carga. Sin embargo los otros dos vecinos registran haciendas modestas. Andrés de Murcia tiene en la Plaza una vivienda y Lorenzo Fernández una casa pequeña terciada con paxa (¿techada? con paja) en la calle Nueva”. Como vemos, el primero de estos moriscos de Montalbán tenía unas posesiones dignas de tener en cuenta, los otros sin embargo gozarían de una economía más modesta, aportándonos este documento el curioso dato de que en 1610 ya existía la calle Nueva, la cual por su nombre podría pensarse que es más reciente, pero como vemos no es así. Redundando sobre esto último, hay que tener en cuenta que la repoblación definitiva de Montalbán fue llevada a cabo a principios del siglo XVI (a partir de 1505), y tan sólo un siglo después vemos que ya aparece documentada la calle Nueva (tercera calle en importancia de la localidad), lo que nos hace llegar a la conclusión de que esta vía pública empezó a crearse muy pronto tras dicha repoblación, y que seguramente albergaría las familias más humildes del pueblo.

calle nueva

Finalmente, en la página 368 del libro mencionado se puede leer que los moriscos de Montalbán, al igual que los del resto de pueblos del Marquesado de Priego, abandonaron España por el puerto de Málaga a últimos de febrero de 1610. Los moriscos procedentes del reino de Córdoba se instalaron en su mayoría en Marruecos y Túnez, aunque algunos marcharon a Turquía. También menciona el libro que algunos regresaron posteriormente de forma clandestina y que otros, los menos, pudieron evitar la expulsión. Espero haber colaborado con esta pequeña entrada del blog a que los montalbeños conozcamos un poco mejor una parte de nuestra historia, la cual es bastante desconocida para la mayoría de la población.

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