“La liebre suicida”

Madrugada, tres de la mañana, dejando atrás Talbania regreso a mi hogar cordobés después de acabado el trabajo, circulo por una carretera secundaria con muchas curvas, arriba la luna en un avanzado cuarto creciente ilumina un limpio cielo dando un brillo especial y azulado a la campiña calma y a los olivos. La carretera resplandece como un sinuoso arroyo de alquitrán. Aunque tengo un poco de sueño conduzco muy despierto y así puedo verla a lo lejos después de la última curva a la derecha, es ella, la liebre, una pequeña liebre de pocos meses, la veo como se levanta sobre sus patas traseras y gira la cabeza hacia mí, me acerco cada vez más a ella a la vez que voy aminorando la velocidad de manera ostensible, ella se dispone a huir, o al menos eso me pareció a mí, empieza a correr en el sentido de la carretera, yo voy detrás, le quito las luces de carretera para no deslumbrarla, cuando creo que se va a salir definitivamente hacia el campo, hacia su hogar, hace un quiebro y vuelve a correr por la calzada, yo sigo detrás a escasa velocidad, apenas a 30 km/h, ella se va ahora para la otra cuneta pero repite la operación y vuelve a irse al centro de la carretera, ya llevo así varios minutos, por suerte a esas horas no pasa casi nadie o nadie por esta estrecha carretera cerquita de Al-Ramla, lo cual hace que esté tranquilamente circulando y esperando a que el lepórido se quite de una vez de la carretera y me deje continuar mi camino hacia Córdoba. Sí, ya sé que podría continuar y si la piso la pisé, pero me da mucha pena matar cualquier animal, será porque cuando era un amiguetico fui muy malo y maté demasiados, son cosas de amigueticos, la cuestión es que ahora normalmente soy incapaz de quitar la vida a un animal alegremente. Continuo detrás de ella, en un momento dado en el que hay una larga recta me he parado del todo y he dado varios toques con el claxon, todo inútil, no hay forma de que este animal se aparte de la carretera, reemprendo la marcha, ella hace igual, ahora zigzaguea, los haces de luz de los faros de mi automóvil parecen como dos muros infranqueables para ella y la mantienen en el centro todo el tiempo, al fin…, al fin parece que se retira hacia la derecha para marcharse definitivamente hacia un olivar de pequeñas estacas, sí, ya no está, la carretera está limpia para mí, para seguir mi nocturno camino en el silencio de la noche campiñesa sólo roto por el ulular de mochuelos y autillos, acelero y justo en ese momento ¡¡plom!!, noto como he pisado algo con la rueda trasera derecha, freno, paro el coche y miro por el espejo retrovisor, allí está…, la pequeña liebre suicida yace en el asfalto, me apeo y la recojo, y me pregunto por qué no se ha ido, la meto en una bolsa, se la daré a mi amigo Manolo, es un tragaldabas que le gusta todo. Sigo mi camino, siento pena por el pequeño lepórido que acabo de matar involuntariamente. En la radio suena John Denver, una suave brisa mueve los álamos de un arroyo cercano, mi hogar me espera, estoy muy cansado ya y necesito dormir.

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Acerca de Talbanés

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4 respuestas a “La liebre suicida”

  1. Ahdia dijo:

    Pobre liebre sucida….jaja,espero que por lo menos tu amigo hiciera los honores.
    Por cierto ¿donde esta Talbania?
    Un saludo

  2. Araceli dijo:

    hola me ha gustado mucho tu relato,encuentro q aparte de contarlo con pena le pones un toque de gracia con lo de la liebre suicida me gusta deves tener sentido del humor.tambien m a gustado el comentario q has dejado en mi spacio te doy las gracias y tambien para q veas q te hecho caso en lo q me dices q m pase por tu spacio bueno un saludo    campanilla
     

  3. Miguel dijo:

    Querido Andrés, me encanta como escribes, ya te lo he dicho anteriormente, pero es que cada vez que entro en tu blog, me quedo maravillado.
    ¿Podrias decirme qué o quienes son los amigueticos?
    Por mi parte, sigo con mi blog de “La Jabonería de Ojuelos” un poco, muy parada.
    Un abrazo
    Miguel

    • Talbanés dijo:

      Apreciado Miguel, muchas gracias por tus palabras, me ha dado mucha alegría encontrarme un comentario tuyo aquí en mi blog. La palabra “amiguetico-a” o “amiguete-a” significa “niño-a”. Por ejemplo, “en la plaza había cuatro o cinco amigueticos jugando al balón”. Es un localismo muy típico y antiguo de mi pueblo y que se utiliza mucho. Si estás interesado en el habla montalbeña te recomiendo que leas “la República Hablanera” de Prudencio Salces, te sorprenderá gratamente, te lo aseguro. Tengo que hacer una visita a tu Jabonería de Ojuelos, no te preocupes si la tienes algo parada ahora, esto de escribir va por rachas, yo también tuve mi blog casi un año inactivo, y aquí sigo. Tengo ganas de verte y charlar un buen rato contigo, no paro de pensar en lo de hacer el Camino Mózárabe en bici hasta Santiago. Un fuerte abrazo Miguel.

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