Cerro blanco…

Un manto de pasto, matorral y varias encinas dispersas cubrían la parte más alta de aquel largo y suave cerro, en un extremo un viejo torreón de origen árabe quizás, y pegadas a él, cercanas a un arroyo de fresca alameda, varias chozas destartaladas, medio caídas y totalmente abandonadas. Esto y poco más fue lo que se encontró la cuadrilla de carboneros y leñadores aquella mañana al llegar al nuevo tajo que el señor les había mandado desmontar. Varios años eran los que llevaban ya a cientos de leguas de su tierra natal con estas tareas de limpieza del monte, convirtiendo en dócil campiña el salvaje y agreste suelo que serviría de hogar a las gentes que sin cesar vienen del norte a repoblar esta fértil región. La vida de leñador era muy dura, viajaban con sus mujeres y con sus hijos, como nómadas, sin otra morada que las tiendas de pellejo que montaban en cada lugar por el que transitaban. “Padre, ¿viste que tierra más blanca es esta?” le dijo el muchacho a su progenitor mientras examinaba el hueco que había dejado una centenaria encina recién arrancada… el hombre con su hacha al hombro, se secó el sudor y observó mientras escuchaba a su hijo, sabía que ya quedaba poco monte por limpiar, poco trabajo para un leñador, ahora casi todos tenían hijos que mantener y el ver aquellas chozas junto al torreón hizo que la idea de tener un hogar fijo volviera a acariciar su sien… “hijo, ¿te gustaría vivir aquí en este cerro, en este lugar?”, el muchacho sonrió y abriendo los ojos exclamó: “¡sí padre!, me gusta este sitio, me gusta este cerro de tierra tan blanca”… la curtida cara del leñador hizo una mueca de aprobación, lo tenía pensado desde que vio el lugar, mañana iría él mismo a visitar al amo de estos lares y le pediría permiso para, junto con sus compañeros, habitarlos y cultivarlos…así, cavilando, con la mirada en el horizonte se sintió dichoso…, sí, mañana temprano iría a pedir autorización para vivir en este monte de tierra tan blanca, en este “monte blanco” al que a partir de ahora llamarían… hogar.

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Acerca de Talbanés

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2 respuestas a Cerro blanco…

  1. Unknown dijo:

    hola, Talbanes
     
    Aquí en Talbania, hay habladurías que sostienen que ya en este cerro blanco y rodeado de manantiales, cerro cercano a donde no se sostenían, ni se sostienen las carretas. Aquí en sus finas arenas, por lo visto ya vivían otras gentes mucho antes de llegar estos caboneros tan pobres que no tenían donde caerse vivos y decidieron hacer de Talbania (cerro blanco) su hogar.
     
    Cuentan que hubo un tiempo en que la anarquía duró bastante, y la caza era sufiente para vivir, y de ahí que aquí en Talbania se quedasen algunas gentes, esos nómadas de la que ninguna batalla logró echar a sus vecinos de sus casas en la arena. 
     
    Nota:
    Talbanes
    Espero que tu excelente pluma, recuerde éstos lares, y que esas arenas te cuenten algo de lo mucho que hubo, y luego nos lo cuentas.
     
    Salú,
     
     

  2. Fenix dijo:

    Hola Talbanés… una historia emotiva, muy emotiva. Me ha encantado.
    Un abrazo y feliz semana

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