Un día cualquiera en la vida de un misionero.

A continuación transcribo un documento de Miguel Ángel Lozano, cura y misionero en el Valle de Mangola (Tanzania), al cual tengo el gusto de conocer y tener como amigo, al igual que al cordobés Pepe Aguilar, compañero suyo en aquellas lejanas tierras donde, desde 1976, hacen una impagable labor digna de toda alabanza. Desde mi punto de vista, personas como Miguel Ángel y Pepe son un ejemplo para la sociedad de lo que significa realmente el ser cristiano…, la verdadera Iglesia.

 

Pepe Aguilar

 

“VIAJE-SAFARI-APOSTÓLICO. UN DIA NORMAL DEL MISIONERO

A veces hay gente que nos pregunta: ¿Cómo es un DIA normal en vuestra vida?

No se si es lo normal, pero voy a responder contándoos lo que me paso justo ayer día 19 de Noviembre (2009) en el poblado de Mahoromba, a 28 Kms. de nuestro centro, y 2.500 mts. de altura (nosotros estamos a 1.200). Frío, unos 8 grados.

Planteamiento de la trama:

Por una parte, esta el tema del posible cólera y sus normas de acudir rápidamente al Hospital en caso de diarrea.

Por otra, estos días hay ambiente de lluvia, y allí arriba mas, con lo cual antes de iniciar un viaje te lo piensas por el riesgo de barro y atascos. La carretera no es moco de pavo, con mucha pendiente y muchas piedras rodadas.

Tenia que ir allí a hacer 2 bodas programadas hace tiempo a las 11 de la mañana: una era importante, pues se trata de Emanueli, nuestro Catequista de la Comunidad (se bautizo en el 2006), de 31 años, con Anjelina de 19 y luterana que había prometido cambiar a católica el día de la boda: este parecía un matrimonio de enamoramiento, de tortolitos ilusionados; la otra pareja eran Andronisio, de 21 años, e Inmaculada de 25 y con un hijo de 1 año de otro que la dejo por la oposición de los padres: este era un matrimonio de conveniencia, serios y distantes. Inmaculada es la hija del Alcalde y caciquillo del pueblo (1.500 habitantes, como mi pueblo, El Toboso, Toledo).

En ese pueblo, a esa altura, cultivan Maíz y mijo de secano, que tardan en madurar 6 meses, cuando aquí abajo son 3 con regadío. Cosecharon el mes pasado. Y los cristianos deben dar el diezmo a la Iglesia. Me dijeron que tendrían 10 sacos de maíz para traerme. Y tuve que ir con la furgoneta, abierta por atrás, para traerme ese maíz.

2 Catequistas (Serafín y Pedro) me habían pedido ir conmigo para representar a los 15 Catequistas que tiene la Parroquia en la boda de su compañero, con regalos incluidos, un rosario y un crucifijo para cada uno.

Desarrollo de la trama:

El DIA amanece soleado. Allí en la montaña se ven nubarrones. Decido partir.

9 de la mañana, hora de la partida (a las 6,30 ya había celebrado una Eucaristía en la Escuela Secundaria para las monjas): se presentan los 2 catequistas, pero también traen a mujeres, niños y viejos que quieran ir a la boda, junto con sus regalos: cabras, gallinas, maíz, platos y cacerolas, y no se que mas cosas envueltas en papel-regalo. Les explico que los puedo llevar, pero a la vuelta imposible, pues tengo que volver con carga de maíz y mijo.  Lo aceptan y prometen que se buscaran la vida. Les aviso del riesgo de lluvia, pero no les importa. Son 28 Kms. de subida.

9,30: El novio-Catequista me llama (tiene móvil) diciéndome que nos demos prisa, pues hay riesgo de lluvia. Salimos con el coche muy adornado y cargado a tope, con el corazón encogido por las dudas de lo que nos encontraremos en el camino. Mi mente imaginaba que nos íbamos al Rocío.

10 de la mañana: Nos encontramos en un barranco, a 8 Kms.,  con mucha arena que han dejado las corrientes de las lluvias de ayer. No se puede pasar. Todo el mundo a tierra y a cavar para quitar la arena (aquí viajamos con palas y azadones por si acaso). Sudorosos y contentos por superar la prueba, seguimos. Yo empiezo a cabrearme.

10,30: Estamos atascados a unos 15 Kms. en una subida empinada en el barro, entre espinos y piedras. Yo digo que me vuelvo. Los invitados a la boda dicen que imposible. Vuelta al trabajo de cavar y de empujar. A las 11 salimos. Ellos contentos. Yo cabreadísimo. ¡Vaya boda. Y malditas las cabras, las gallinas…, y el barro que me llega hasta las orejas! Vamos a paso de tortuga, patinando y rapando. Me echo mano a los cigarros y están mojados, inservibles…Los tiro por la ventana, y me tuve que acordar de Job y su Santa Paciencia…

11,45: Llegamos a la Iglesia. Encontramos a todos  vestidos para la boda y el coro con su limpio uniforme dispuesto a cantar lo que sea…, y nosotros con barro hasta… Nos reciben muy bien y valoran nuestro esfuerzo. Hace frió y yo voy en manga corta, ellos con chaquetones y mantas. No hay agua limpia para lavarse, han de ir a muchos Kms. a por ella. Nos lavamos con agua de barro y sin jabón. Quiero agua de beber, pero tampoco hay. Me dan una Coca Cola. Prefiero un te.    La Iglesia es de paja y barro.  Ha llovido la noche anterior y todo el suelo esta empantanado de barro dentro y fuera. Encima del altar hay trozos de paja y barro que se caen del techo y las paredes. El libro de Lecturas mojado.. Y el Crucifijo allí en la pared, indemne… Le echo una mirada de reojo: “Ay, pillin, como me has pillado: ¿Te ríes de mi y mi aspecto?  Si me vieran los de la curia de  Roma ahora, ¿qué me dirían?, ¿me dejarían celebrar la Misa? “No lo se, pero yo si te dejo, aquí estoy”, me dice.     Vaya con el tío este, tengo que seguir. Y sigo.

12 del Mediodía: llamo a los novios para ver si me reconforto un poco y enderezo entuertos, como mi paisano el Quijote, rellenando papeles. En que hora. La luterana a ultima hora dice que no quiere hacerse católica; la madre del niño, la otra novia, no esta, pues el niño esta malito.  Que esperemos.   A todo esto veo que los novios, las novias y los padrinos, todos visten de uniforme encima de sus trajes de novias y novios con unos chaquetones pesadísimos de lana sintética a cuadros blancos y marrones. Pero quitaos eso, les digo.  No, que hace frió, me dicen.   Surrealista.   Y me dan ganas de cabrearme con todos ellos. Pero lo que pasa es que me entran ganas es de cagar de verdad de una diarrea que aprieta fuerte.  Sin mediar palabra, el cura sale corriendo hacia las letrinas, que están a unos 50 mts.  Con el barro resbalo y caigo al suelo en medio de todo el acompañamiento.  Creen ver visiones.   Entro en las inmundas letrinas (es mejor que no os lo detalle mucho: una valla cuadrada de palos y paja, sin techo ni puerta, unos palos sobre un agujero, todo lleno de barro por las lluvias, bichos…), suelto lo mío, me limpio como puedo, y otra vez al frente de batalla. Creo que el público se debe estar asfixiando de risa conmigo, pero no me lo dicen.    Y yo me siento acobardado por sus miradas. Pero no se lo digo.    ¿Será Cólera lo que tengo?, ¿O me han envenenado con el té?,  empiezo a pensar.   ¿Empiezo la Misa de verdad?

1 del mediodía: la Misa ha empezado, todos han llegado a sus puestos, el coro canta canciones interminables, y el acompañamiento deseando que el cura por fin los case, sobre todo el Alcalde. Les suelto un sermón de circunstancias: hay que amarse en las alegrías y en las enfermedades, aunque uno contraiga el SIDA o el COLERA……. Y me da otro apretón, y con todos mis ropones de cura, pasando por toda la concurrencia, el cura que se va a la letrina.  ¿Los casara?, se preguntan.  Una Odisea allí en las inmundas letrinas, con mis ropajes sagrados, y yéndome por la pata.. ¿Y si es Cólera? Y estoy solo, lejos del Hospital, y nadie sabe conducir el coche de vuelta… ¿Qué hago? La cabeza me da vueltas.

Vuelvo. La gente ya me mira mal y con compasión, ¡pobre blanco!   Les pido perdón, pero me excuso porque no puedo aguantarme.  Así que los caso en 2 minutos, por la vía rápida y sin Misa.  Aceptan. Y la luterana ya esta casada con el católico-catequista, y la madre soltera ya esta casada con el imberbe mudo.

Habrá canciones, y regalos, y comida, y cada pareja se ira andando entre cerros y barrancos, muy lejos, quizás 8 Kms., solos y sin acompañamiento. Les espera una nueva vida de perdices.

Empezamos a oír truenos y ver relámpagos en la cima de la montaña.

Miro mi botiquín de viaje: las pastillas para la diarrea ya las use en otra ocasión y no se han repuesto. ¿De donde me va venir ayuda? Allí no hay médico ni Dispensario, ni Farmacia.  Me proponen darme unos potingues locales. Me niego y me miran mal.

Les digo que me carguen el coche con el maíz, pues he de salir corriendo hacia el Hospital. Y vienen los problemas: ya no son 10 sacos, hay 28. Les hago cargar solo los 10. Y quiero irme. Ahora todos los niños, mujeres y viejos que se vinieron conmigo a la boda dicen que los tengo que devolver aunque sea encima de los sacos.  Y los de la Comunidad me vienen con cabras, y gallinas, que me regalan por haber venido a visitarlos y hacer la boda del católico y la luterana.  Quiero explotar y cabrearme infinitamente…, pero lo que me viene es otro apretón. Vuelta a pasar por la vergüenza de la letrina  prácticamente delante del acompañamiento.  Ya no puedo más.

3 de la tarde. Pongo en marcha el coche, dejo las cabras, las gallinas, y todos los acompañantes, excepto mis 2 Catequistas que van delante conmigo..  El coche cargado con el maíz, y cuesta abajo, va muy bien, quitando algún patinazo-derrape, un pinchazo, y 2 apretones mas que me llevaron a los matorrales. Los Catequistas, ya sin represiones, no se aguantan y se ríen a carcajadas. Y, que le voy a hacer, yo también me uno a sus risas, para quitarme las vergüenzas.

4 de la tarde. En plena faena de cambiar la rueda del pinchazo EMPIZA A LLOVER. Y suena el Teléfono: Pepe me llama desde España y cuenta que esta de comilona con los amiguetes allí en Córdoba. Siento deseos de tirar el teléfono contra el fango y la rueda, y el maíz…, pero le respondo que muy bien, que yo estoy bien y que se lo pasen bien. Ah, también dice que allí hay un Sol radiante. Yo ya no sé si la gente esta de guasa conmigo. Yo le digo que estoy empapado de sudor tumbado en una Hamaca al Sol.  Y el sigue: llegamos bien a Córdoba, en el camino tuvimos un pinchazo, pero acudió la Policía y el servicio en Carretera y nos lo arreglaron enseguida.  No podía más y le dije: Oye, chiquillo, diles que se vengan para acá, que yo tengo el mismo problema. Se ríe.                                                           

5,30 la tarde: De vuelta en casa. Cansado, sucio de barro y otras cosas, cabreado. Sin cabras ni gallinas. El maíz mojado. Los niños y las mujeres y los viejos que deje allí estarán maldiciéndome por haberles dejado a su suerte.

Quiero entrar en casa y no encuentro las llaves. Quizás las perdí allí en las letrinas. He de esperar al carpintero Munguatosha (Dios es suficiente) para que descerraje y pueda entrar en el baño de casa, lo que mas deseo.                                                                   

6 de la tarde: entro en casa, me recibe Chopi, nuestra cariñosísima perra, con lametones de todos los tamaños. Me voy al baño, no hay agua en las tuberías, pues no hay viento y nuestro molino de viento no bombea agua.  Quiero ducharme, no hay agua caliente por estar todo el día nublado y así nuestro calentador solar no funciona. ¡Que fraude esto de la energía alternativa!. Termino mi aseo como puedo con cubos y agua recogida de la lluvia. Me siento limpio.  La diarrea parece ser que se ha cortado.  Y mi ánimo empieza a resurgir.                                  

7 de la tarde: Me cojo una Coca Cola, que dicen que corta la diarrea, y me siento en un sillón para verme una película de Los Hermanos Max en el DVD y descansar.        Y se corta la corriente, pues no hay viento y nuestros molinos de viento no generan electricidad. No puedo ver la película, y me quedo con la coca-cola en la mano sin saber si bebérmela o lanzarla contra la pared y quitarme todas las tensiones acumuladas durante el dichoso viaje misionero. No recuerdo lo que hice.  Siento hambre y no tengo a nadie que me prepare algo caliente. Como algo de embutido, que dejaron los que se fueron, a la luz de una lámpara de Petróleo y una linterna. Busco cigarrillos y no los encuentro, se los llevaron todos los huéspedes. Estoy atónito.

Desenlace  de la trama:

 8 de la tarde-noche aquí. Intento rezar un poco. Me tomo suero oral para la diarrea y un paracetamol para aliviar los dolores, y una pastilla para dormir. Y me voy a la cama. Me entretendría en el Ordenador o leyendo un libro, pero la luz no ha vuelto.  Me duermo con el tintinear de la lluvia sobre el techo de chapa, y pensando que mañana me espera otro VIAJE-SAFARI MISIONERO.  ¿Cómo será, Señor?  Al menos que no sea peor que el de hoy. 

Y no me  fastidies, que de cruces ya esta el mundo lleno, le digo con confianza.  Apago la linterna, me duermo solo, con el cuerpo dolorido, y oyendo en la oscuridad la amenaza de los mosquitos alrededor de la incomoda mosquitera de la cama. Pero estoy en paz.

12 de la noche: duermo profundamente. Suena el teléfono. Me llaman del Hospital para dar la Extrema Unción a un enfermo grave. Medio sonámbulo me levanté y le asistí, aunque por ganas le hubiera atizado con el hisopo. Tengo mis dudas de si lo hice bien y Dios haya escuchado esas oraciones a esas horas de la noche.

1,30 de la madrugada: vuelvo a la cama. No tengo sueño, y pienso:

“En alguna choza del monte perdido, entre truenos, relámpagos y lluvias dos parejas de enamorados estarán descubriendo los secretos del amor. Les queda un largo viaje por delante. Y yo les he puesto a Dios como guía. Seguro que no se perderán”.

2 de la madrugada: ultimo pensamiento consciente: QUE BONITA ES LA VIDA DEL MISIONERO.

Y ME DUERMO PLACIDAMENTE, quizás acurrucado en el seno de mi madre, que me mira desde la cima de la montaña y me sonríe. Madre solo hay una.

Hoy, día 20, a las 7 de mañana: voy de nuevo hacia la Iglesia a celebrar la Eucaristía. Hace un día radiante. Sin brumas ni nubes contemplo al fondo la majestuosidad de la montaña de OLDEANI y pienso, me pregunto: ¿De verdad estuve yo allí ayer? ¿Y me pasó lo que pasó? ¿Volveré?  Y me vienen a la memoria todas esas películas sobre la África aventurera y cruel: MEMORIAS DE AFRICA, LA REINA DE AFRICA, LAS NIEVES DEL KILIMANJARO, DIAMANTES DE SANGRE, HATARI..   y me río: “para aventura la mía”, me digo, “pues ellos al final tienen toda la ayuda necesaria y acaban marchándose, incluso con ayuda de la CIA. Yo solo tengo a Dios y el idioma para vivir y ser aceptado por esta gente”…PERO VOLVERE.

Bueno. Ahí tenéis mi respuesta a lo que es la vida de UN DIA NORMAL de un Misionero, normal como un día cualquiera de los vuestros, ¿no?

Y no penséis que exagero. Me he callado muchas cosas. Por ejemplo, que me gustó una de las novias. ¿Cuál? Es mi secreto.     (¿A que me he quedado con vosotros, tíos? Os tomo el pelo).

Que cada uno haga su viaje lo mejor posible y llegue a la meta. Y si te viene la diarrea en el camino, ánimo, compañero, y pásala sin vergüenza, que la vergüenza no vale “pa ná”.

 Hasta otra. Un abrazo de Pepe y Miguel (no te preocupes, estoy curado, y no era Cólera).”

Miguel Ángel Lozano

Anuncios

Acerca de Talbanés

...//...
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Un día cualquiera en la vida de un misionero.

  1. Francisco dijo:

    Coño pariente, todo eso es posible que pase en un día?Menos mal que estaba en en Tanzania, que si llega a estar en Córdoba paseando seguro que le cae una teja.Fuera de bromas, quisiera que le dijeras a ese amigo tuyo, que desde aquí, desde el blog del talbanés, se le admira muchisimo, que la labor que hacen es impagable. Estas personas se merecen un premio y creo que tú se lo has dado con esta entrada. Muy buena.Un saludo.corpusnudum.blogspot.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s