Leyendas de la Campiña: “Moro”, “el perro de los entierros” de Fernán Núñez.

Entierro en Fernán Núñez donde puede verse a “Moro” en la parte inferior izquierda de la foto.

Es muy peculiar el caso de Moro, “el perro de los entierros”. Moro era un perro de color negro que traía consigo un forastero que llegó a Fernán Núñez a trabajar a principios de los años setenta del siglo pasado. Su dueño murió y el perro quedó vagabundo por el pueblo. Sin saber por qué el animal empezó a tener una extraña conducta que a unos maravillaba y a otros ponía los vellos de punta; Moro iba a todos los entierros del pueblo, se sentaba junto a la casa donde estaba el difunto y después acompañaba a la comitiva fúnebre hasta el cementerio. “El perro de los entierros” comenzó a hacerse famoso en el pueblo y en toda la comarca y las reacciones hacia el animal por parte de la gente eran variopintas, unos le echaban de comer y lo acariciaban, otros lo pateaban cuando lo veían acercarse por su calle…, y es que empezó a crearse una leyenda, se decía que era como un mensajero de la muerte, que tenía la capacidad de oler o sentir cuando alguien iba a fallecer, por eso muchas personas miedosas o supersticiosas cuando lo veían aparecer por su calle o pararse cerca de su casa lo echaban o le pegaban. La leyenda del “perro de los entierros” fue creciendo hasta llegar a los medios de comunicación; prensa, radio y televisión se hicieron eco de lo que estaba ocurriendo en Fernán Núñez y contaban la noticia de forma sensacionalista al atribuirle a Moro poderes sobrenaturales. Pero Moro no tenía ese tipo de poderes, ni tampoco era ningún mensajero de la muerte, Moro era un perro normal y corriente, un perro vagabundo como otro cualquiera que estaba todo el día deambulando de aquí para allá buscando comida o alguna perra en celo y que meneaba el rabo agradecido cuando alguna persona lo acariciaba de manera cariñosa o le daba de comer. “Yo sé por qué el perro aquel de Fernán Núñez iba a los entierros”, me dijo Vicente una noche mientras tomábamos una cerveza, no recuerdo ahora el motivo por el cual salió esa conversación. Vicente, natural de Doña Mencía, es un vecino mío de Córdoba de unos setenta y cinco años, aunque por el aspecto y el brío que tiene parece que tuviera veinte menos. Yo ya conocía la historia de Moro así que le pedí intrigado que me contara el motivo por el cual el perro tenía tan rara costumbre. Según me relató Vicente, un paisano y buen amigo suyo llamado “Manolico” trabajaba en el Ayuntamiento de Fernán Núñez, entre otras tareas, este hombre tenía la de poner una especie de banderín en la puerta de las casas donde fallecía alguien, se ve que esto era una costumbre que había en Fernán Núñez (desconozco si en la actualidad sigue haciéndose), para que la gente supiera que en esa vivienda se estaba velando a un difunto. Pues bien, como dijimos antes, el dueño de Moro falleció y el perro quedó vagabundo. A Manolico “el del Ayuntamiento”, que así le llamaban, le daba lástima de Moro y le echaba algo de comer siempre que lo veía y sobre todo cuando lo encontraba por el pueblo mientras trabajaba y ponía el mencionado banderín, de tal forma que el animalito, que sería muy inteligente, se acostumbró a verlo y relacionarlo con comida, por eso cada vez que lo encontraba colocado en la puerta de alguna casa en la que había un velatorio allí que se paraba Moro esperando que “Manolico” le echara de comer. Poco a poco el pueblo se dio cuenta de que el perro se acercaba a todos los entierros y seguramente algunos le daban de comer también, por lo que reforzaron la costumbre que, sin querer, Manolico había inculcado en la mente del perro y que sencillamente era “banderín = comida”. “No hay más que eso, ni el perro era mágico ni nada de nada, el animalito sólo buscaba comida y cariño”, terminó sentenciando mi vecino Vicente. Todo lo demás ya se dijo antes…, de ahí a la leyenda. El pobre perro Moro tuvo un trágico fin una noche de 1983 cuando varios gamberros desalmados lo apalearon hasta darle muerte, inmerecido final para un animal que nunca hizo daño a nadie y que sin darse cuenta había dado fama al pueblo que lo vio vagabundear por sus calles. En 1995 el Ayuntamiento de Fernán Núñez colocó una estatua en un parque del pueblo en homenaje a Moro “el perro de los entierros”.

Estatua en homenaje a “Moro” en Fernán Núñez.

El “perro de los entierros”  se hizo bastante famoso en Alemania ya que la televisión de aquel país realizó un reportaje sobre él. Otto Krebs, escritor germano residente en Palma de Mallorca, cuando supo del triste final de Moro le dedicó unos versos en castellano:

A la memoria de “Moro”, el perro de los entierros.

 

Era “Moro” un perro negro de fiel mansedumbre,

que como otro vecino más acudía a los sepelios

 sin que nadie supiera explicar tan rara costumbre.

 

Can de estirpe vagabunda las calles recorría

esperando que una mano amiga saciara su hambre

o solo buscando el calor de la humana compañía.

 

Alguna gente del pueblo con miedo lo observaba

temerosa de que su humilde presencia perruna

fuera una señal ceniza de que la muerte acechaba.

 

Pero otros más caritativos y menos temerosos

lo acariciaban allá donde se lo encontraran,

y él, dando las gracias, el rabo meneaba dichoso.

 

Pasó tiempo y a todo el mundo llegaron noticias

de su singular hábito que repetía con empeño,

y por el que a medias recibía patadas y caricias.

 

Se hicieron eco de lo que hacía aquel perro

los periódicos, la radio y hasta las televisiones,

dando Moro, sin querer, fama a aquel anónimo pueblo.

 

Los mismos que antaño con desprecio lo pateaban

presumían con descaro de aquel extraño suceso

y de querer mucho a “Moro”, ufanos se jactaban.

 

Todo acabó una noche para aquel prodigio perruno,

pues un grupo de cobardes vilmente lo acecharon

y a palos le dieron muerte sin motivo ninguno.

 

A las afueras del pueblo quedó moribundo el perro

y hasta aquel lugar se acercaron muchos vecinos

para despedirse de “Moro”, el perro de los entierros.

“Moro” en las calles de Fernán Núñez.

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30 respuestas a Leyendas de la Campiña: “Moro”, “el perro de los entierros” de Fernán Núñez.

  1. Paco dijo:

    Es precioso. En Córdoba había también una leyenda parecida de otro perro que hizo lo mismo. Sabia explicación a lo mágico del comportamiento del perro. Me acuerdo que Centella, que era un sereno que teníamos en el barrio de la Mezquita, sereno al uso con el control de las tiendas de la zona por la noche, que tenía un perro y que se lo dio a una familia, creo recordar de Valencia. Pues bien, el animal se les escapó en Valencia y se vino a Córdoba, nadie sabe como pero se vino. A lo mejor no se le escapó en Valencia, pero el animal apareció en la casa que era la suya. Los pájaros hacen miles de kilómetros y nadie le dice la ruta, la tienen en los genes, aunque esto no tiene nada que ver, lo he dicho por la distancia.Reitero lo he visto en el pueblo -la estatua- y me acordaba de la historia, pero la simple que se le había muerto el dueño y lo siguió hasta el cementerio y luego… la solución que tu expones. Los HP los hay en todos sitios.Un abrazoPaco Muñoz

  2. Francisco dijo:

    Que buena pariente.Yo también había oído hablar de este singular perro. Pero no esperaba que fuera esa la razón por la que iba a los entierros. Jajaja, creía que seguía al ataúd porque pensaba que era su dueño el que iba dentro o algo así. Que curioso.Tampoco conocía el trágico final. Una pena para el pueblo. Debieron de quererlo mucho para hacerle una estatua y todo.Un saludo pariente.

  3. Eduardo dijo:

    Aún estando de acuerdo contigo, para no quitar magia al asunto era creencia en siglos anteriores que las brujas podían convertirse en perros negros, en mi pueblo hubo una juzgada por la inquisición y algún testigo para acusarla dijo haberla visto volverse un gran perro negro.Saludos

  4. Toñi dijo:

    También yo conocía la existencia de "Moro", por su peculiar comportamiento. Lo que resulta realmente triste es su muerte, por parte de unos desalmados.Saludos.

  5. Pruden dijo:

    Lo peor fue la muerte que le dieron al bendito animal. Ya dijo Juan Ramón Jiménez, en su ejemplar libro, que "al hombre que al hombre debieran llamarle burro y al burro hombre". Porque este perro demostró ser más racional que sus asesinos, ¿no os parece?Gracias, Andrius, por poner esta magnífica historia en Internet para que, igual que su monumento en Fernán Núñez, perdure en la memoria de las personas sensatas y, si fuese posible, tomen conciencia de ella los que maltratan animale sy buenas costumbres.Pruden

  6. El blog de TALBANÉS... dijo:

    Gracias por vuestros comentarios amig@s. El perro Moro tuvo un triste final sí, pero ya es una leyenda y al final ha sido reconocido hasta por el Ayuntamiento de Fernán Núñez. Yo no se si la razón por la que iba a los entierros es la que yo plasmo en esta entrada (que es la que me contó mi vecino Vicente) o es otra que no alcanzamos a comprender. Un abrazo y venid por este pequeño rincón del ciberespacio siempre que os apetezca.

  7. marisa dijo:

    yo soy de fernán-núñez, y según tengo entendido por mis mayores, moro no acudia a la casa del difunto cuando se colocaba el banderín, sino antes de que muriera la persona, y ya no se movia de la puerta hasta que no salía el ataúd, al que acompañaba hasta la iglesia y luego esperaba en la puerta hasta que volvia a salir y lo acompañaba al cementerio. a moro le hechaba de comer mucha gente, y no por eso estaba en casa de todo el mundo, solo iba a donde habia alguien muerto o muriendose.

    • manuel santos dijo:

      hola marisa que bueno tu comentario siempre ay personas que no creen en estas
      yo estube trabajando en fernan nuñes ace lla bastnte tiempo con frutas ovalle
      y escuche esa istori y me gusto mucho ay animale que semerece un monumento
      com se le yso a moro un istoria muy bonita y no mecreo que el perro fuera solo
      por la comida el perro tenia su don y las familia que tubo la suerte de sentirse
      acompañada por el amigo delos amigo moro se tenia que sentir afortunada por
      ta grata compañia y que trajica muerte tubo el pobre moro saludos

  8. El blog de TALBANÉS... dijo:

    Hola Marisa, con esta entrada no he querido desmitificar a Moro ni mucho menos, sólo cuento lo que me contó alguien, seguramente nunca llegaremos a saber porque ese animal tenía esa conducta tan extraña, es por eso que he titulado la entrada "leyendas de la campiña…. Un saludo y gracias por visitar mi blog, ven por aquí siempre que te apetezca amiga.

  9. Rafael Humberto dijo:

    Hola, Amigo:Una leyenda muy bonita e interesante, de cualquier manera el "Moro" tenía su costumbre bien arraigada y su fama bien merecida, lástima el triste final.En mi pueblo existió un perrito que luego de morir su amo, se fue a vivir al cementerio hasta el día en que murió.Cordial saludo.

  10. marisa dijo:

    la verdad que tu blog es interesante, yo solo he ofrecido mi opinión sobre el tema, y he contado lo que siempre se ha oido hablar en fernán nuñez sobre el tema. un saludo

  11. A Modo de Presentación.

    En medio de la feraz campiña cordobesa, tan alabada en todos los tiempos, se alza la villa de Fernán Núñez, poblada desde los más primitivos tiempos de la humanidad y con recuerdos históricos de las más brillantes épocas del desarrollo peninsular.

    Estudiar su evolución histórica y recoger los sucesos más notables de ella es empresa atrayente, para sus hijos y naturales se convierte en apasionante y contribuye a ensanchar el ámbito de nuestra memoria colectiva como pueblo; y así como las personas no podemos vivir sin memoria, también los pueblos necesitan conocer su propia historia que es su memoria. Al tener recuerdos comunes, la historia ayuda a mantener y proyectar nuestra identidad propia.

    La leyenda de: “Moro, El Perro de los Entierros”.

    Apareció en Fernán Núñez hace tres décadas, deambuló por sus calles, veló a sus difuntos y paseó, de la Iglesia al Cementerio, junto a cada duelo. El misterio que le rodeaba le hizo ser protagonista de reportajes periodísticos, más allá de nuestras fronteras.

    El Perro de los Entierros murió en 1983, víctima de una paliza, que como en todos los sitios, los chavales jugando le dieron; a pesar de su desaparición, Moro es ya toda una leyenda en la memoria y en la imaginación de las gentes. En Fernán Núñez todo el mundo conocía a Moro, andaba por la plaza, alrededor del Triunfo, en las puertas de los bares. Nadie se pone de acuerdo sobre la forma en que apareció por allí un buen día, aunque todos coinciden en que fue sobre el año setenta. Unos dicen que lo abandonó a su suerte un camionero que acertó a pasar por uno de los numerosos bares de la carretera de la localidad. La otra versión cuenta que, por aquellas fechas, se encontró el cadáver de un vagabundo yacente bajo un olivo, y que aquel chucho estaba a su lado. De esta forma justifican muchos la intuición que tuvo el perro para con los muertos. Los recuerdos de las gentes se mezclan con su imaginación y surge una leyenda entrañable, misteriosa, llena de generosidad, abierta a la ternura o incluso al designio Divino que también alguien quiere ver en ella.

    Parecía ser el primero que conocía la noticia de la llegada de la Parca, antes de que se cundiera por el pueblo. Aquello hizo caer también sobre su vida todo tipo de desprecios. La gente bromeaba cuando el animal buscaba la proximidad de algún parroquiano que, por lo general, cruzaba los dedos y se apresuraba a espantar al pobre animal.

    El fenómeno de El Perro de los Entierros llamó la atención de un grupo de reporteros de la televisión alemana, el Semanario El Caso en crónica de José Jaén Hidalgo dio la noticia en doble página. Así empezó a ser una estrella, pero una estrella que todos, o casi todos, quería ver de lejos, puesto que estaban convencidos de que El Perro de los Entierros traía la muerte “Eran manías de la gente” -nos cuenta Carmela- la muerte viene sola, pero se cundió que traía mal fario.
    Carmela conoció al Moro en la muerte de su madre: “allí supe que venía a acompañarme y me pareció mejor que algunas personas”. Desde entonces salía a diario o daba dinero a alguien para que le comprara patas de pollo y asaduras; también de vez en cuando le ponía polvos “pa los bichos”, cuando estaba aquí de veterinario D. Francisco Jordano, no le faltaron vacunas. El se las ponía gratuitamente; de comer tampoco le hizo falta. En la procedencia del perro Carmela se inclina por la versión que asegura que llegó con unos camioneros, que lo abandonaron en el surtidor. Ella lo bautizó con el nombre de “Moro” ¿Por qué? ¿Los moros no son casi negros? Yo estuve con él cuando se produjo su muerte y nadie mejor que yo para saber lo que le había pasado. Un hombre me dijo, donde yo estaba trabajando, que si sabía que el perro estaba aullando en el “Llano de las Fuentes” como si se estuviera muriendo, le llevé un poco de agua y le refresqué la boca, la cabeza, las manos, todo su cuerpo y le dije: ¡Ay Moro, ya te ha llegado la hora!. Entonces me miró, como si quisiera decirme algo, hincó la cabeza y murió. Y lloré, no solamente por él, sino porque recordé lo bien que lo había hecho por mi familia y por toda la gente. Quise llevarlo a las paredes del Cementerio para enterrarlo allí, pero sola no podía. Se dio aviso a unos hombres del empleo comunitario, a través de la Policía Local, y lo llevaron a las Huertas perdidas, junto a dos paerones se cavó la fosa. Carmela no se explica aún como pudieron caer los dos paerones de pronto sobre la tumba del animal al poco de enterrarlo, pero está segura de que “el Moro tenía que no era natural”.

    Es una cosa tan inexplicable como el caso de morirse personas en Córdoba y Barcelona y los trasladan al pueblo, y estar el perro esperando que llegue el coche fúnebre, todo esto presenciado por el Sr. Jaén, que es el cronista del vecino pueblo de Montemayor y que dio la noticia en el Semanario El Caso, que también estaba esperando el cortejo fúnebre y quedarse sorprendido al ver el perro que estaba echado en la cuneta esperando; quién le había dicho a este animal lo que había ocurrido, enigma, misterio.

    Un perro sin nombre, un perro callejero. Un perro de esos que todos despreciamos y nadie mira. Un perro que se esfuerza en responder con halagos a las patadas que recibe. Un perro que va por la vida mendigando un poco de comprensión y cariño y es que los perros son tan agradecidos, cualquier caricia, un gesto cariñoso y cómo responden, devolviendo ciento por uno. Un perro que duerme en cualquier esquina, bebe en todos los charcos, lame todas las manos y agradece la limosna de un trozo de pan, de los despojos que se tiran a la basura. Un perro de pena, de cuerpo negro, rabón, una pequeña nube blanca en un ojo, mirada siniestra. Tenía algo extraño. Yo pienso que también los perros tienen alma. Asoma por sus ojos el dolor o el gozo de la vida. Su pequeña historia que nadie sabe. El recuerdo indeleble de los palos y de los desprecios. El temor casi congénito a los castigos inmisericordes. Porque muchas veces los hombres parecemos peores que los animales. Gozamos martirizando. Y pienso que un perro vagabundo jamás olvida el cariño o el desprecio. Lo lleva grabado en el alma aunque es verdad que perdonan y olvidan infinitamente mejor que muchos mortales. Ese era el perro. Hasta que un día el perro sin amo y sin calor comenzó a hacer algo que nadie jamás podrá explicar por qué lo hacía. Un día el perro comenzó a acompañar a todos los muertos. Y sólo a ellos. Misterios de la naturaleza. Misterios profundos de la vida que tiene salidas inexplicables, en los hombres y en los animales.

    Un día el perro se hizo samaritano de todos los dolientes. No sé qué cosas harían ver al perro que en una casa había muerto un ser querido. No iba a las bodas, ni a las manifestaciones, ni a los jolgorios; sólo a los entierros. Nada más. Y compartía, en la puerta, las largas horas, las tensas horas de la vela. Luego cuando llegaba la hora crucificada del sepelio el perro estaba allí.

    Al filo de la gente, con lento andar lastimero. Con ojos de infinita misericordia, a la Iglesia y al Cementerio. Y si un día coincidían dos o tres entierros, asistía a todos, sabiendo en el orden en que se iban a celebrar los entierros, cuando se terminaba de enterrar al primero acudía a casa del segundo y luego al tercero. La muerte iguala a todos, también debe igualar a todos la misericordia. El perro parecía compadecer y sufrir con todos. Poco a poco Fernán Núñez supo comprender que aquel chucho era digno de estima y hasta de gratitud. Aquel perro debería pasar a la historia. Fernán Núñez ha sentido hacia este can cariño, estima y respeto. Y un poco de miedo. Doce o catorce años El Perro de los Entierros ha sido noticia.

    Ese aire siniestro y extraño hizo que no fuera mimado por casi nadie. Bueno, por algunos sí, un hombre, una mujer, algunos Guardias Municipales. Jamás nadie osó molestarlo. En soportales abajo los coches transcurría su vida, pobre, martirizada, pero suficiente. Mientras tuvo fuerzas en su cuerpo jamás faltó a su cita. Era toda una estampa que asombraba a los forasteros.

    El Monumento a “Moro”

    Foto: José Luna Eslava, Alcalde que hizo la promesa de la escultura, Andrés Romero Pérez valedor de la promesa, Juan Ramírez, Alcalde, ejecutor de la promesa y Juan Polo escultor ralizador de la escultura, el día de la inauguración en el Parque de las Fuentes.

    El día 14 de Junio de 1995, el mismo día que se cumplían doce años de su muerte, quedó inaugurado el tan esperado monumento a Moro, qué gran momento, que quedó plasmado en la fotografía que ilustra el presente artículo, una foto para nuestra historia local, ya que en ella están presentes las personas que más directamente han contribuido para su instauración: El Alcalde que en 1987 hizo la promesa en nombre del pueblo de Fernán Núñez José Luna; el Alcalde actual, en funciones, Juan Ramírez, que haciendo suyo este compromiso adquirido por el pueblo le dio el empuje necesario para su ejecución; el escultor Juan Polo, que con su arte ha logrado plasmar esa melancolía y tristeza que emanaba Moro y Andrés Romero Pérez, Secretario General de la Asociación Cordobesa Protectora de Animales y Plantas San Martín de Porres, que durante ocho años ha estado dando la batalla, ante las distintas Autoridades Municipales, para que nuestro pueblo fuera pionero en toda España y parte del extranjero al levantar un Monumento, porque “Moro” es un caso insólito, único en su actuación, y porque de bien nacidos es ser agradecidos, y el pueblo de Fernán Núñez tiene a orgullo el ser fiel cumplidor de su palabra.

    El monumento se ha colocado en el sitio ideal, en el Parque de las Fuente, casi junto al sitio donde murió y donde está enterrado, qué mejor sitio, para que lo podamos visitar cuando en las noches calurosas vengamos a pasear tomando el fresco, y en el invierno en las tardes soleadas, así siempre estará acompañado y a su lado habrá algún padre o abuelo explicando a sus hijos o nietos los hechos por los que se le ha levantado el monumento a Moro. Qué mejor clase de historia y cultura local se está produciendo, la que nunca se olvida, que es la cultura viva, transmitida en el boca a boca de padres a hijos; el animal que durante más de doce o catorce años acompañó a más de seiscientos vecinos de nuestro pueblo en ese largo y último paseo hasta el Campo Santo; y, como todos sabemos, iba guiado por el Ser Supremo, algo sobrenatural, quizás las almas de los animales también tengan su paraíso y desde allí, al contemplar este acto de reconocimiento por parte de nuestro pueblo hacia su actuación de buen samaritano, vuelque su halo bienhechor sobre nosotros, porque no olvidemos que los animales estuvieron allí cuando sucedió el milagro… cuando el amor de Dios se hizo carne y su luz eterna se derramó sobre la tierra.

    Sí, mis amigos los animales, un día llegará en que vosotros estaréis allí, a la entrada del cielo, para juzgarnos y para compadeceros de nosotros los humanos.

    Los pueblos suben a sus héroes a los pedestales de mármol, ya vestidos de bronce, los sitúan en plazas u jardines públicos para que las generaciones se sucedan en su recuerdo y en su respeto.

    Con frecuencia son hombres de armas a caballo, solitarios literatos, bienhechores o santos, pero siempre son hombres. Fernán Núñez, tiene en el Parque de las Fuentes un monumento singular para un animal singularísimo, El Perro de los Entierros.

    La cultura de los pueblos tiene hechos, formas y modos entremezclados en un amasijo armónico que constituye la base de nuestras costumbres y conocimientos, que siempre tratamos de explicar con el crisol del momento. Siempre quedan afortunadamente cuestiones para acicate de algunos y para que el materialismo no nos pulverice todo el horizonte, parece que siempre queda algo por explicar, y creo que es bueno. No se puede explicar la actitud de Moro, el perro de la estatua.

    Con esto de quererlo explicar todo, el eterno ¿por qué?, que es absurdo pero humano al fin, pensamos que nuestro perro percibía la inmediata muerte o más bien la propia muerte, por el olfato. Tratamos de simplificar, sin poder entrar claramente en el intrincado laberinto misterioso de la mente de este perro. Cada hombre tiene su identidad en su olor, que el perro bien distingue, y pensamos que la muerte, que nos iguala a todos, también tendrá su olor, una señal en definitiva, que identificará la llegada de la parca, sustancias que dejarán rastro que sólo Moro sabía identificar, y como animal doméstico compañero del hombre, se unía después como doliente al cortejo fúnebre hasta el cementerio.

    Consideramos que es la singularidad de una estatua que hace singular a un pueblo. Las pequeñas o grandes diferencias definen y resaltan al conjunto. Fernán Núñez gracias a los que han conseguido perpetuar la memoria de Moro, el Perro de los Entierros, ha logrado que sea un pueblo con matices singulares para la historia.

    Esta es la historia que sabe Fernán Núñez y que no ha quedado sólo en el recuerdo ni en la pena sincera de todo el pueblo por la muerte del can famoso y compasivo, y ahí tenemos el Monumento a un perro que no tenía nombre, pero hoy sí lo tiene: Moro, el Perro de los Entierros y que también tiene historia; a un perro que sin pretenderlo, nos ha dejado toda una lección admirable. Lo del perro no es una curiosidad, es toda una enseñanza.

    También creo, como Juan Ramón Jiménez creyó que había un Paraíso para Platero, que hay un cielo para los canes y en ese Cielo estará Moro y estará muy cerca de Dios. Tal vez el Cielo de los perros sea ese recuerdo al que tiene derecho y que nosotros debemos mantenerlo.

    Andrés Romero Pérez
    Secretario de la Asociación Cordobesa Protectora
    de Animales y Plantas “San Martín de Porres”, de Córdoba
    Presidente de la Asociación Cultural “Los Caños Dorados de Fernán Núñez”
    Fernán Núñez, 2008
    Del libro inédito “Animales singulares. “Moro, El Perro de los Entierros”, de Andrés Romero Pérez.

    Escultor Francisco Bonilla, 4-14520 Fernán Núñez (Córdoba)
    Apartado de Correos n.º 8 – E-mail. cdorados@terra.eshttp://www.cdorados.net.

  12. Talbanés dijo:

    Gracias por tu comentario Andrés. No se si mi vecino Vicente tendrá razón al intentar explicar los motivos por los que Moro tenía ese comportamiento tan singular, sinceramente pienso que nunca sabremos dar con el por qué de aquella conducta. Un saludo y ven por aquí siempre que te apetezca.

  13. Vaya hijos de puta los que apalearon al pobre perro, hijos de puta yo les hacia lo mismo , malditos criminales basuras

  14. Talbanés dijo:

    Hola Sandra, ante todo bienvenida al blog. Efectivamente se portaron como unos desalmados los que mataron al perro Moro. Gracias por comentar, un saludo desde Córdoba.

  15. Losiento , pero esque estas cosas me ponen enferma

  16. Talbanés dijo:

    No te preocupes, es comprensible. Un saludo.

  17. Julio Nuñez dijo:

    http://tavaireko.blogspot.com/2013/10/historia-mi-burrito-pitogue-corrian-los.html

    Recomiendo la lectura de esta historia parecida al perro Moro, pero en este caso es un burro.

    Saludos,
    Julio Nuñez

    • Talbanés dijo:

      Gracias por la aportacion Julio. Un saludo.

      • trueque dijo:

        soy natural de fernan nuñez nacido en la calle hechagarai el 11del 9 de 1974 vi a moro muchas veces en mi niñez y puedo asegurar que se plantaba en la puerta mucho antes de que hubiera banderin ese animal olia la muerte y la verdad vi apedrearlo muchas veces sin comprender por que, que lastima que terminara de esa forma tan mala.

      • Talbanés dijo:

        Hola trueque, gracias por comentar. Realmente lo que hacía este animal era algo sorprendente. El motivo por el que lo hiciera creo que nunca llegaremos a saberlo a ciencia cierta. Hay opiniones distintas como vemos. Gracias por comentar.

  18. Pingback: CUANDO EL PERRO AULLA. Cum Canis Avisiam. | Antiqua Factis Alienis.

  19. In memoriam dijo:

    El perro se hizo famoso en Alemania, el pueblo se enteró y, por eso, 12 años después se le puso un monumento, buscando turismo.

    Ésta es la cruda realidad de un pueblo que, en su mayoría, maltrató a este pueblo.

  20. Francisco dijo:

    Descanse en Paz el Moro !!!!

  21. Descanse en Paz el Moro …

  22. Victoria dijo:

    La pena que a mi me da, es que habiendo tanta gente en el pueblo….ninguno de los que le daban de comer y le acariciaban , fueran capaces de recogerlo……LA INCULTURA DE LOS PUEBLOS y la gentuza que anda por el mundo haciendo daño a todo ser indefenso…MALDITOS SEAN LOS QUE LE APALEARON, pero malditos todos aquellos que no se compadecieron y permitieron que le mataran , cuando solo con haberle recogido lo hubieran evitado.

    • Talbanés dijo:

      Hola Victoria, poco se puede añadir a tus palabras. También hay que intentar entender que en aquella época no existía la concienciación contra el maltrato animal que hay en la actualidad, aún así no tiene excusa ninguna lo que hicieron con el pobre Moro. Gracias por comentar. Un saludo.

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