Pedrito Valenzuela y la “furgoneta de los Phoskitos”

 

A simple vista Pedrito Valenzuela no era más que otro niño cualquiera de aquellos que se criaban en Montalbán en los años 80 del pasado siglo y que habían nacido a mediados de los 70. Esos niños que le pedían a su madre un bocadillo de Nocilla y que en cambio recibían un “joyo” con aceite y Cola-Cao (que listas han sido siempre nuestras madres… y abuelas), esos niños que todavía iban al olivarillo o a la “Alamea” a poner “costillas”, a hacer presas en el arroyo o a buscar nidos de Abejarucos en las Terremonteras, cosas éstas que suenan a chino mandarín a los muchachos de hoy del pueblo, los cuales a esa edad ven poco más allá de la Play Station. Bien es cierto que Pedrito era un niño más revoltoso que la mayoría y también algo pendenciero, además de muy travieso en su casa, donde a cada merecido guantazo en el culo que alguna vez le daba su madre él respondía con una patada a una maceta del patio o encerrándola en el corral de la casa cada vez que se descuidaba la buena mujer. Pero Pedrito sí era diferente, dentro de esa cabecita de pelo trigueño y lacio se escondía un niño atrevido y soñador. En esa época el sueño de cualquier niño de apenas diez años era tener a su disposición chucherías hasta hartarse, y sobre todo dulces como los Huesitos, los Megatones o los deseados Phoskitos… y Pedrito, aunque fruto de la casualidad, hizo realidad ese sueño. Y así ocurrió: cierto día, su abuela lo perseguía muy enfadada para castigarlo por alguna trastada que había hecho y él huía de ella corriendo todo lo que podía la calle abajo, cuando de pronto vio una escapatoria; estacionada junto a una tienda de comestibles de la calle Nueva estaba… “la furgoneta de los Phoskitos”. Como una flecha se subió a la furgoneta por la puerta trasera y echó el cierre desde dentro, despistando así a su abuela. Nada más cerrar la puerta Pedrito miró a su alrededor comprobando extasiado y con los ojos muy abiertos que estaba rodeado de Phoskitos, sin perder tiempo e instintivamente comenzó a devorar uno tras otro y a los pocos minutos llegó el chofer que quedó asombrado al ver aquel desvergonzado personaje dentro de la furgoneta dando buena cuenta de parte de su carga. La reacción de este hombre al principio fue la de cualquiera; iracundo, lo amenazó una y otra vez con la que le esperaba si no abría la puerta inmediatamente, pero Pedrito no le hacía el menor caso y seguía a lo suyo. Había comido tantos Phoskitos que (según cuenta él mismo) ya sólo los abría y se echaba al bolsillo una estampita que traían. Pedrito, que como todos los niños traviesos era muy inteligente, sabía que era cuestión de tiempo que el hombre le pidiera por favor que se bajara, no sólo porque no paraba de abrir Phoskitos, sino porque además estaba perdiendo un valioso tiempo de reparto, además de que poco a poco empezó a arremolinarse gente alrededor del vehículo. Así fue, el sufrido repartidor empezó ofreciéndole diez duros si abría la puerta, Pedrito (sin parar de abrir Phoskitos) hacía señas con la mano pidiendo más dinero por bajarse de la furgoneta, así estuvieron unos minutos hasta que el hombre elevó la suma hasta quinientas pesetas, en ese momento Pedrito asintió con la cabeza y hablando a voces y a señas desde dentro le indicó al repartidor que dejara el dinero junto a la furgoneta y que se alejara de ella, así lo hizo este hombre y Pedrito huyó a todo correr del lugar de los hechos con la panza llena de Phoskitos y con un billete de cien duros apretado en la mano. Estoy convencido de que aquel repartidor, que ese día debió coger un enfado considerable, pasado el tiempo ha contado y sigue contando una y otra vez esta anécdota como algo especial que le ocurrió durante su vida laboral. Y así son las paradojas de la vida; hoy día, y desde hace ya bastantes años, Pedrito Valenzuela reparte fruta, también con una furgoneta, en un próspero negocio familiar.

 

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4 respuestas a Pedrito Valenzuela y la “furgoneta de los Phoskitos”

  1. antonio dijo:

    Este no fue el único repartidor de chucherias que sufrió las consecuencias de aparcar en la calle nueva sin cerrar la puerta de atras de su furgoneta, jeje.

  2. El blog de TALBANÉS... dijo:

    Hola Antonio, travesuras de esas tenemos todos hechas jejeje, sin embargo el caso de Pedrito creo que es único, no fue el típico "ataque" furtivo y salir corriendo, se metió dentro de la furgoneta, se encerró, se hartó a comer phoskitos y encima le tuvieron que dar dinero para que se bajara… jeje. Un saludo amigo.

  3. Sobrino de pedrito dijo:

    Vaya pieza guena estaba hecho mi tío jajajjaja vaya tela…

  4. Talbanés dijo:

    No lo sabes tú bien pare… jejeje, un saludo y ven por aquí siempre que te apetezca.

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