Fauna humana cordobesa (IV): “Perolistas”

En Montalbán se ha dicho de toda la vida: “Con un papelón de sardinas y una bota de vino te llevas a un cordobés a donde tú quieras”. Y es que, aunque esta frase está en relación con el gusto por salir al campo a comer y beber, también tiene que ver con la  fama de regalón y de gustarle a morir cualquier cosa que sea “de balde” que tiene el cordobés capitalino (tampoco se debe generalizar sobre este hecho, aunque el tópico hay que reconocer que ha calado en la provincia). Como claro ejemplo de esto que digo quedó para la posteridad la imagen de los casi veinte mil cordobeses que se juntaron hace unos años en el Vial Norte porque una asociación provincial de confitería regalaba pastel cordobés para celebrar el día de los patronos de la ciudad, ver a la gente apretujada y dándose empujones por un trozo de dulce era todo un espectáculo para los asombrados turistas, los cuales no paraban de hacer fotos. Pero, consideraciones a parte, centrémonos en ese típico espécimen cordobés que es el “perolista”; según la Cordobapedia un perol es “una manifestación costumbrista de la ciudad de Córdoba. Esta tradición costumbrista cordobesa ha sido la de salir al campo, que rodeaba la ciudad amurallada, así como a las laderas de Sierra Morena, y celebrar un día con amigos, familiares, etc. celebrando un perol. Para que se produzca un perol es absolutamente necesario que se realice el acto de cocinar y de comer a continuación lo guisado allí mismo”. Se puede decir que el “perolista” es uno de los más claros y abundantes prototipos de “fauna” cordobesa. Desde tiempo inmemorial los habitantes de esta ciudad han tenido como seña de identidad su cercana y frondosa sierra, y le han sabido sacar partido, sobre todo en los calurosos veranos con que nos castigan estas latitudes. Al perolista cordobés no hay cosa que le guste más que irse de perol a la sierra con su familia o amigos,  ¿qué se le ha perdido a él en El Arcángel o en el Coso de los Califas donde sólo se pillan berrinches y mucha calor?. Para el perolista, en su sabiduría senequista-popular del que ni conoce a Séneca ni le interesa conocerlo, eso no tiene discusión, es tan sencillo como que a él lo que le gusta es estar en el campo, a la fresca sombra de una gran encina, jartarse de arroz y de vino de Montilla en buena compañía y luego sestear en la hamaca mientras espanta los gorriones con sonoros cuescos, y si quiere fútbol… pues pone la radio y se entera de que han hecho el Real Madrid o el Barça.

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2 respuestas a Fauna humana cordobesa (IV): “Perolistas”

  1. ¡Buena pinta tiene ese arroz, me apunto!

    Muy propio de nuestra tierra las expresiones llanas que usas, como “regalón” o “de balde”, donde alguno emplearía los términos “hedonista” o “gratis”. Me gusta la entrada.

    Saludos.

  2. Talbanés dijo:

    jeje, vaya que la tiene, seguro que tú sabes hacer un arroz de chuparse los dedos. Claro, me gusta utilizar palabras nuestras, de la tierra Toñi, que se note de donde somos. Espero que ningún cordobés o cordobesa se me enfade por esta entrada, está hecha en tono cariñoso y por alguien que está profundamente enamorado de esta ciudad y su entorno. Me alegro de que te haya gustado, gracias por el comentario, besos Flamil.

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