La vida sigue igual…

Amanece en Córdoba, los primeros rayos de sol se reflejan en el gran río del Sur y dan a la sierra un tono verdoso más intenso, grandes bandadas de pájaros cantan bulliciosas en las cercanas arboledas, la ciudad se va despertando y poco a poco va llenándose del ajetreo humano que la caracteriza. Antonio, como cada mañana, se acerca hasta el enorme puente de piedra que da acceso a la ciudad, es ya un anciano, duerme poco y le gusta levantarse temprano y llegarse hasta aquel lugar para contemplar el amanecer, donde espera a Julio, también mayor como él y amigos ambos desde la infancia, para juntos echar su paseo de cada mañana junto al río. Tras el afectuoso saludo de rigor comienzan a andar lentamente y a comentar la bondad del tiempo en esta templada mañana de finales de la primavera, cuando el clima es más benigno en estas latitudes y el campo está más hermoso. Poco después de empezar a andar los comerciantes empiezan a abrir sus negocios y algunos jóvenes rezagados y ruidosos van a acostarse después de una noche de jarana…, ambos los miran y conversan sobre ellos, Julio opina que lo tienen todo y sin embargo no son felices, sólo piensan en emborracharse, ir a toda velocidad por la ciudad sin respetar a nadie e ir al estadio cada semana a chillar como salvajes, ni siquiera han conocido la guerra, no como ellos, comenta Antonio, que les pilló la guerra civil con apenas diecisiete o dieciocho años y encima luchando cada uno en un bando diferente, aún dan gracias por poder contarlo, porque aquello fue una auténtica carnicería de la que apenas ninguna familia de la ciudad salió ilesa. Julio recuerda como ellos siendo muy jóvenes ya trabajaban en el campo, cazaban y pescaban también, sin embargo la juventud de la ciudad parece dar la espalda a la agricultura y a la naturaleza en general, ellos que tanto han disfrutado por las sierras y campiñas que rodean la ciudad cazando, de pesca o buscando espárragos y un sinfín más de frutos que da el campo…, que equivocada está esta juventud…, qué les deparará el futuro a nuestros hijos y nietos, que también los tenemos. Bueno, tampoco hay que ponerse tan dramáticos, refiere Antonio, pues si las cosas se tuercen y se ponen malas pues tendrán que espabilar, a ver, no les queda otra…, pero francamente a veces el mundo parece avanzar más rápido de lo que uno puede entender y asimilar, nos hemos quedado viejos Julio, ya no estamos para tanta modernura como hay hoy en día… ¿a dónde iremos a parar madre mía?. Con esta amena charla junto al río avanzaba la mañana en Córdoba, el sol ya iluminaba las altas murallas de la ciudad, desde sus almenas los soldados podían ver el río y al fondo la campiña con sus campos de labor y sus enormes encinares, los estibadores del puerto se afanaban en cargar las barcazas con las ánforas repletas de aceite de oliva, el río las conduciría hasta Sevilla y de allí en barcos más grandes llegarían hasta su destino final… en Roma, capital del Imperio. Corría el año 19 D.C. y Córdoba (CORDVBA) era ya una gran ciudad, capital de la Bética.

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Acerca de Talbanés

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9 respuestas a La vida sigue igual…

  1. Miguel López Romero "Genealogia Montalbeña" dijo:

    Eres un fenómeno, ¡como cuentas la Historia!. Un abrazo.

  2. Magnífico texto, Talbanés. Enlazas de forma magistral el presente con el pasado, de manera interesante y amena, sin párrafos ni “cortes”. Una estupenda reflexión.

  3. Talbanés dijo:

    Miguel, muchas gracias por tus palabras, celebro que te haya gustado la entrada amigo, un abrazo.

    Querida Toñi, me alegro que te haya gustado. En el escrito intento que el lector piense que se está desarrollando en el presente, pero en realidad el paseo y la conversación de Julio y Antonio está ocurriendo hace casi dos mil años, cuando hablan de ir a toda velocidad por la ciudad es por supuesto en cuádriga, cuando mencionan el ir al estadio es al magnífico circo romano que tuvo Corduba, muy cerquita del actual templo romano de la calle Claudio Marcelo, incluso la guerra civil de la que hablan es la acaecida en estas tierras entre César y Pompeyo a mediados del siglo I A.C. y que tanta desgracia trajo para Corduba…, es sólo al final de la entrada cuando se descubre la verdad. Lo interesante creo yo es que esta conversación ficticia con toda seguridad se produjo en nuestra ciudad hace dos milenios…, y lo actual que sigue siendo, porque como dice el título de la entrada, “la vida sigue igual”.

  4. juan de la cruz dijo:

    Me ha gustado mucho Andrés.

  5. Vértice dijo:

    Cuanta razón tienes compañero, la vida se repite y como le dijo Antonio a Julio “pues si las cosas se tuercen y se ponen malas pues tendrán que espabilar, a ver, no les queda otra” y la verdad es que están un poco torcidas y no muy buenas.
    Un saludo.

    • Talbanés dijo:

      Hola amigo Vértice, me da alegría ver un comentario tuyo en el bog. Celebro que te haya gustado la entrada…, sí, las cosas están algo torcidas, pero bueno, supongo que irán mejorando, ir a peor ya va a ser difícil. Un saludo y gracias por comentar.

  6. Muy bueno el relato, sacando al final la conclusión de que en el fondo no hemos cambiado tanto. Muchas veces pensamos que aquellas personas lejanas en el tiempo eran muy distintas a nosotros, pero la verdad es que tenían los mismos pensamientos, los mismos miedos, las mismas necesidades y las mismas ganas de vivir. Yo me identifico un poco con Julio porque a mi hijo le suelo reprochar que no disfrute de la sierra y del campo, y ahora más que nunca, le recuerdo que tendrá que espabilar si quiere seguir adelante. En fin, que ya me hago viejo… Un saludo.

    • Talbanés dijo:

      Hola José Manuel, ése es el mensaje que da el mini relato, que en el fondo poco hemos cambiado en los últimos dos mil años, aparte de tener una tecnología mucho más avanzada. Sigue animando a tu hijo a que salga al campo, a la sierra tan preciosa que tenemos. Un saludo y gracias por comentar.

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