El singular caso de los estanqueros de papel sellado de Montalbán y La Rambla condenados a muerte a mediados del siglo XVII.

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Navegando por el océano de Internet he llegado hasta un documento que me ha llamado poderosamente la atención y el cual he transcrito del castellano de aquella época. Se trata de dos informes redactados en Montilla y Granada en el 1659 (el 28 de mayo y el 24 de junio respectivamente), por D. Julián de Cañas Ramírez y Silva, Juez Oidor de la Chancillería de Granada, a petición de D. Juan de Góngora, Gobernador del Consejo de Hacienda, y que tratan sobre la ejecución en Montilla de Gregorio del Pozo y Martín Garrido, estanqueros del papel sellado de La Rambla y Montalbán, a los que se acusaba de falsificación de papel sellado (delito de moneda falsa). Estos dos estanqueros fueron salvados en el mismo patíbulo y en el último momento por varios curas y frailes sin el consentimiento de la Justicia. Desconozco si posteriormente se llevó a cabo la sentencia de muerte, aunque del texto se puede entender que hubo una apelación. En el documento, que no tiene desperdicio, se puede ver también las grandes dificultades que pasó el Juez Oidor D. Julián y otros subordinados suyos para intentar investigar este caso y hacer justicia (con actos de venganza y difamación hacia ellos incluidos), entendiéndose perfectamente al leerlo que la situación corrupta venía de largo tiempo atrás y muy posiblemente tendría el conocimiento y complacencia de parte del pueblo y autoridades locales. Dicho Gobernador del Consejo de Hacienda le pregunta los motivos para haber llevado a cabo la ejecución sin haberle consultado previamente, a lo que el Juez-Oidor le responde con los dos mencionados informes, siendo su contenido, ya transcrito, el siguiente: 

Copia de consulta hecha a su Majestad en su Consejo de Hacienda.

SEÑOR:

Por carta de Don Juan de Góngora, Gobernador de vuestro Consejo de Hacienda se me ordena informe los motivos que tuve para ejecutar sin consulta las sentencias de muerte contra Gregorio del Pozo y Martín Garrido, estanqueros del papel sellado de las villas de La Rambla y Montalbán, a quienes quitaron del suplicio algunos clérigos y frailes de esta ciudad con la ocasión de haberse quebrado el ahogadero y desatadose la fianza y soga de esparto, por malicia o impericia del Oficial de la Justicia, a que RESPONDO:

Que habiendo resultado de las diligencias de la Pesquisa de Córdoba sobre a introducción del papel falso, haberse también fabricado en esta ciudad mucha parte de él, me mandó V.M. por de comisión de 18 de junio del año pasado de 1658, tomase las noticias necesarias deleitado de aquella causa del ¿? Don Juan Antonio de Heredia , vuestro Alcalde del Crimen de la Chancillería de Granada, y procediere en la averiguación y castigo por estas palabras: “y hecha la dicha averiguación procederéis al castigo de los que de ella resultaren culpados condenándolos en las penas en que cada uno hubiere incurrido según la calidad de su delito, las cuales ejecutaréis en sus personas y bienes”. Que solas ellas dan satisfacción al reparo hecho por el Consejo, pues no sólo me manda V.M. proceder a la averiguación, sino a la ejecución del castigo en personas y bienes de los reos. Y esto mismo contienen diferente cartas (cuya copia va con esta consulta) que vuestro Gobernador me escribió en respuesta de las noticias que fui dando de lo obrado en esta pesquisa, una de 12 de noviembre que dice: “en las resultas de los autos se espera se conseguirá con brevedad el castigo y escarmiento de semejante delito, para lo de adelante, habiéndose averiguado el origen del daño y presos los principales autores de él, y allí V.M. vaya continuando todo lo que fuere necesario”. Y por otra de 19 de noviembre: “Por lo mucho que importa adelantar las demostraciones que pide negocio tan grave”. Y otra de 3 de diciembre: “Y que no se dilate más la demostración que conviniere hacer para el ejemplo y castigo de semejantes delitos”. Y también por otra de Don Domingo Centurión de vuestro Consejo de Hacienda, que en su nombre me escribe en 29 de octubre: “Y V.M. se sirva proceder adelante conforme a justicia y entretanto doy a V.M. de parte del Consejo muchas gracias de lo que ha hobrado”. Por cuyas órdenes no sólo me manda V.M. se consulte la ejecución de sentencias, limitándome la comisión, sino que antes me concede toda la jurisdicción bastante para proceder con ella al castigo, y con poder especial, para sentenciar y ejecutar, manifestándome la gravedad de este delito, encargando y mandándome abreviar la demostración del castigo, para que fuese escarmiento de otros. Y siendo la comisión de esta calidad, (y aún con palabras más imitadas) sólo tolera V.M. la consulta y la admite cuando duda el inferior en la probanza del delito o en la pena que se le debe imponer, por ser arbitraria y no legal ni determinada, o por otra justa causa o consideración de que resultase la inocencia del reo. En el primer caso (demás de no ser permitido) hallé a los de esta causa confesos y convictos, en el cual ni se consulta, ni se admite la apelación. Y en el segundo con pena legal y determinada por ley y premática promulgada en tiempo de V.M. que está en observancia. Y cuando estuvieran con ¿…? de las calidades, o confesos o convictos por haber delinquido en sus oficios, se debían ejecutar las sentencias sin diferir el castigo y también por ser especial en el delito de moneda falsa, cuya pena corresponde a los cómplices, falseadores y vendedores de papel sellado falso. El que debo consultar a V.M. no puedo ignorarlo, mas en los casos permitidos por derecho y de la misma suerte que sería culpable de no hacerlo cuando hay alguna de las razones dichas, y sería también cuando simuladamente fingiese la duda contra mi dictamen y conocimiento del proceso, y sería mayor el castigo de esta sospecha y menos fuerte la satisfacción más escrupulosa, pues faltando a la forma legal, ni cursa más de ocupar el tiempo al Consejo en delito no libre de castigo consultándole ociosamente, a que no debo exponerme cuando ejecute las sentencias de estos reos guardando términos de derecho y conforme a justicia como se me ordena. Y estas mismas reglas guardó ese otro licenciado D. Juan Antonio en la sentencia de azotes que ejecutó en Rodrigo de Acorta, escribano de número de a ciudad de Córdoba, sin consultarla por hallarse confeso y convicto, ni admitirle la apelación, cuya ¿? misión me ordena V.M. prosiga en Montilla, teniendo considerable inconveniente en una pesquisa tan dilatada y costosa, diferir el castigo de dos reos tan culpados esperando la resolución de la consulta en perjuicio de otros sumando nuevas costas y salarios que sobre los que se deben será muy sensible, no habiendo motivo para hacerlo. La continuación en este delito de tantos años, pues no sólo se ha cometido en los de 1657 y 1658, sino en los antecedentes. La obstinación en no conocer el falso papel sabiéndolo todos, y que la variedad de los delitos es tal y tan manifiesta que a nadie se le puede ocultar. La desenvoltura y desahogo con que corrió que parecese Sacra gala y donaire con el papel, pues tienen más falso que verdadero los escribanos, y las diligencias para estorbar su averiguación y mi pedirla ha sido con tanto exceso que parece no se ha tenido por delito, y el ver que sólo los que son contra V.M. se callan, se encubren, se disimulan y seducen a clemencia era motivo bastante para no disimular su castigo, y que el terror de la pena que les corresponde abriere los ojos de tanta ignorancia o malicia. Y cuando tantas circunstancias faltaran, la multiplicidad de delitos y enfermedad que padece esta república daba voces por su curación drene, y eficaz para reprimirlos y atajarlos como V.M. me lo manda, y si el del papel sellado no tuviera la pena del último suplicio se debía imponer, para que el ejemplo fuese escarmiento a los seglares, y esta amenaza los detuviese y ajustase a la razón para no ser cómplices con los de otro estado que les hacen sombra para tales insultos, y metidos en ellos no los excusan del castigo menos que con los inconvenientes que se han experimentado arriesgando todo en un punto y lo que más es la autoridad de la jurisdicción de V.M., como se vio el día del suplicio de estos reos y el siguiente que derribaron la horca. La desenvoltura con que se reselló en esta ciudad la primera vez y lo que a mis ojos ha parado en este, sin que se hallase un real que no fuese falso ni sin cuidado el autor habiendo tantos los doblones falsos que han corrido, y la fábrica nueva que se trataba de hacer, el poner fuego a la casa de un abogado que defendía la jurisdicción de V.M. a vista de un ministro suyo y los libelos que se fijaron en tiempo de otro, las resistencias hechas a mis ministros y los sucesos y accidentes de esta causa que ¿con…? de los autos, sólo pudo remediarlos la entereza de un ministro que vino aquí en nombre de V.M. con el castigo. Estos son, señor, los motivos que en el celo grande que tengo al servicio de Dios y de V.M. me obligaron a hacer tan particular servicio a ambas majestades, los autos de esta pesquisa manifiestan mucho más de lo que puedo significar y mis procedimientos, quien ha dado cuenta a V.M. de lo que ha sucedido en ella sin omitir cosa importante, no había de olvidar lo principal, si hallara algún fundamento para hacerlo, mis deseos han sido siempre no faltar a mi obligación, ni a la atención de ministro de V.M., que mandará lo que sea más de su servicio, cuya call…¿? persona guarde Dios como deseo y he menester.

Montilla y mayo, 28, de 1659.

Copia de carta escrita de Gobernador D. Juan de Góngora.

Joseph Antonio de Egui, cabal escribano de la pesquisa del papel sellado de Montilla me dice lo que pasó con V.S. y le ordeno me dijese el día que le beso la mano sobre que doy a V.S. las gracias y porque a lo más tengo satisfecho en mis consultas y cartas que he escrito a V.S. En esta sólo responderé a la queja que entendido se ha manifestado por parte del Marqués de Priego, diciendo le llame el día del suceso de los ajusticiados y examine testigos sobre ello.

En lo primero habrá visto V.S. la templanza de mi recado que se encaminó a darle cuenta del estado en que estaba la materia y que sólo su presencia la podía componer, lo cual no fue novedad mía ni falta de atención, sino ¿…? la que debía y prevenir no se me culpase en los lances que se podían seguir no haberlo hecho. Y en tiempos más calamitosos y turbulentos cuenta fray Prudencio de Sandoval en la historia del gran Emperador Carlos V en el libro ¿…? (que vos habrá visto tantas veces) el suceso del Alcalde de Corte Legui-Zamo que habiendo sentenciado en la ciudad de Murcia a cien azotes a un zapatero y quitadole el pueblo, dice también y como el Alcalde vio esto, fuese a toda prisa a casa del Marqués de los Vélez que estaba en la ciudad y cuando el marqués supo que el Alcalde iba a su casa no le quiso esperar, antes cabalgó a prisa y saliose de la ciudad y se fue a Mula. El Alcalde salió en seguimiento del marqués y de parte del Rey se puso pena de muerte y de prendimiento de bienes, se volvió luego con él a la ciudad a darle favor y ayuda para que pudiese hacer justicia.

En lo segundo, sobre el examen de testigos, no fue sobre el resultado ni la cabeza del proceso que dio principio a la sumaria de aquellos días contiene tal, ni se encaminó a más de referir el suceso conforme al testimonio que había dado el escribano, y lo que por mi se obró en defensa de la jurisdicción en que se escribió lo que dijeron los testigos de bajo de juramento ajustándose al hecho de la verdad para dar cuenta a su majestad.

Últimamente señor, lo que he obrado en este negocio ha sido ajustándome a las leyes y premáticas de estos reinos y doctrinas más seguras, con celo de Justicia y midiéndola al tiempo, lugar y estado en que me hallaba y a la atrocidad del delito, como consta del proceso. El salir sin cobrar los salarios también se verá de los autos como pasó y lo que en esto se obró, bien se conoce mi poca suerte, pues cuando me pareció menor inconveniente ceder a la materia de maravedís (tan de poco aprecio en los hombres de mis obligaciones) que dejar de manifestar mi obediencia a las órdenes del Consejo, también en ésto hay quien me culpa, espero que V.S. mandará se despache recetar que los cobre o comisión para que yo lo haga desde aquí, y lo que suplico a V.S. es tenga entendido desee tener con el Marqués de Priego toda buena correspondencia en lo que allí se ofreció a este suceso referido, y en él, como lo habrá conocido de los autos y de las dependencias de otros negocios lo podrá decir Joseph Antonio. Yo he sido desgraciado, mas espero en Dios que mis procedimientos volverán por mi razón y reputación, pues sólo su servicio y del Rey me han ocasionado estos lances, mayormente cuando V.S. es Juez de ellos y yo su hechura , a quien guarde Dios como he menester.

Granada y junio, 24 de 1659.

Julián de Cañas Ramírez y Silva = Juan de Góngora.

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Aquí os dejo también el enlace para el que quiera leer el informe original (páginas 36, 37 y 38).

Montilla (siglo XVIII)

Montilla (siglo XVIII)

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2 respuestas a El singular caso de los estanqueros de papel sellado de Montalbán y La Rambla condenados a muerte a mediados del siglo XVII.

  1. fmc dijo:

    Que interesante y que trabajazo te has dado, pero lo importante es darlo a conocer. Enhorabuena ha merecido la pena. Un abrazo

    • Talbanés dijo:

      Hola Paco, me alegra que te haya gustado. Es un caso singular sin duda. Sí que me ha costado un poco transcribir el texto, pero para mí ha sido un placer hacerlo e ir descubriendo las cosas tan interesantes que en él se recogieron en su día hace 350 años aproximadamente. Un abrazo amigo.

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